RESIGNACIÓN Y RESILIENCIA EN LA VIDA DEL CRISTIANO

Escribo este artículo para aquellos que no ven salida en su vida. Para que sientan que Dios sostiene sus vidas, aunque les parezca que guarda silencio.

Rara vez serán situaciones límite, pero sí pueden ser muy limitadoras. Pueden estar impidiendo incluso el crecimiento de la vida de fe. Porque muchas personas piensan que, en determinadas circunstancias, la única salida cristiana es aguantar.

En algunos casos, la tentación continua será la de salir huyendo. Como esto no siempre es posible, está también la tentación de tirar la toalla. A todos estos quiero decirles que la resignación cristiana es algo muy diferente de aguantar porque no nos queda otra. Por otra parte, la resiliencia no es un invento de los psicólogos. En realidad, no hay nadie más resiliente que quien cree en la promesa de la resurrección.

Resignación

Resignación. Foto con el rostro de una anciana mendicante

Qué se entiende por resignación

En el ideario popular, la palabra resignación tiene una connotación más bien negativa. Ante una situación indeseada, resignación sería aceptar lo inevitable. Desde luego que resignarse es siempre mucho mejor que caer en la desesperación. Pero la resignación así entendida se halla envuelta por un halo de tristeza. Es una renuncia a una lucha considerada inútil. Se trataría entonces de un mecanismo de defensa para no añadir más sufrimiento al dolor sobrevenido. Este es más o menos el sentido que encontramos en la definición dada por la RAE: «Conformidad, tolerancia y paciencia en las adversidades».

Otra forma de entender la resignación

En la RAE, sin embargo, encontramos otras dos definiciones. La primera de ellas dice así: «Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona».

El diccionario no indica quién deba ser esta otra persona, ni hace alusión alguna al cristianismo. Sin embargo, en esto consiste justamente la resignación cristiana. «Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de Dios«. Esto es la resignación cristiana.

En la aceptación de la voluntad de Dios no hay visos del derrotismo que veíamos antes. Es una actitud activa, una entrega voluntaria. Este es el ejemplo que nos dio Jesús cuando en Getsemaní rezó así:

«Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya»

Lc 22,42; cf. Mt 26,39; Mc 14,36

Difícil imaginar una situación más dramática que la de Jesús a punto de caer en manos de sus enemigos. La resignación de Jesús no tiene nada que ver con lo que nosotros solemos entender por tal. Jesús suplica al Padre para que le libre de la muerte (cf. Hebr 5,7). No desea morir, pero somete su voluntad a la voluntad del Padre. A Jesús no le arrebatan la vida, sino que él la entrega voluntariamente (cf. Jn 10,17-18). No es casual que Jesús permitiera a sus discípulos escuchar su oración aquella noche. Que sepamos, la única ocasión en que esto ocurre. Esta noche, sin embargo, tres discípulos pudieron oír sus palabras. El testimonio de estos discípulos es crucial. Y es que, en la oración de Getsemaní se nos revela el ser más profundo de Cristo. Jesús entrega su vida y con ella también su intimidad con el Padre.

Qué es y qué no es resignación cristiana

Cuando el Papa Francisco dice que la resignación no es cristiana, se refiere a la primera acepción del término resignación. Y habla, además, de males que afectan a la humanidad. No es actitud cristiana tolerar la injusticia cometida contra otros. Eso es comodidad y cobardía. «Un cristiano no puede mirar al mundo con resignación» dice el Papa. Francisco está hablando de la actitud pasiva de muchos cristianos ante los males del mundo. Pero el Papa añade que el cristiano «debe estar dispuesto a arriesgarse para cambiar las cosas». Es decir, no cabe la resignación cuando la situación es reversible. Máxime cuando afecta a otros.

No es de esta «resignación» de la que hablamos aquí. Aquí hablamos de resignación ante situaciones que me afectan a mí personalmente. Este sufrimiento puede ser sobrevenido sin culpa de nuestra parte. Pero puede ser también por causa de nuestros propios errores. En cualquier caso, no cabe la resignación si primero no luchamos contra el mal que nos aflige.

Si el mal es inevitable o estamos seguros de que Dios nos pide esa renuncia, ahí tiene su lugar la resignación. Esto es, la aceptación confiada y amorosa de la voluntad de Dios. Así nos unimos al sacrificio de Cristo, dando gracias a Dios.

De este modo el sufrimiento no desaparece, pero permanece en la superficie. Los problemas no se olvidan, pero nunca habremos fracasado cuando ponemos nuestra vida en las manos de Dios.

Resiliencia

Resiliencia. Foto Margarita Lazcano

Origen del término resiliencia

El diccionario de la RAE define la resiliencia como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos». En este mismo enlace encontramos una segunda acepción de resiliencia aplicada a la física. El término es un anglicismo que a su vez viene del latín. Tiene su origen en el verbo latino resilire, que significa saltar hacia atrás o rebotar, y también replegarse.

Llevado a la psicología, la resiliencia es un mecanismo de defensa. A pesar de su relevancia, no existe unanimidad respecto a su significado. De forma muy general, resiliencia es «la capacidad del ser humano para afrontar experiencias traumáticas e incluso extraer un beneficio de las mismas».

Resiliencia y religiones

En la raíz de todas las religiones está la búsqueda de la felicidad. Por otra parte, esa felicidad es más anhelada cuanto más difícil resulta su consecución. De modo que, en definitiva, las religiones se convierten en generadoras de resiliencia.

Resiliencia y espiritualidad cristiana

La cruz de Cristo en el centro de la espiritualidad cristiana

El cristianismo resulta, a este respecto, muy peculiar. Ningún pueblo de la tierra tiene un Dios crucificado. En algunas épocas del cristianismo, esto ha podido ser malinterpretado. De ahí ciertas formas malsanas de entender la resignación. Seguimos a Cristo, pero no buscamos el sufrimiento. Quien busca a Cristo, lo encuentra. Pero Cristo es inseparable de su cruz. Muchas veces será la cruz de los demás, que no te será ajena. Otras veces será la tuya propia. A veces la que te hubiera sobrevenido en cualquier caso. La mayoría de las veces la cruz será consecuencia del seguimiento. Este seguimiento lleva a la negación de uno mismo. Pero no es la negación sino el amor que lo sustenta lo que nos lleva a Cristo.

Muchas veces he escuchado decir: «Dios nos podía haber salvado de otro modo». Esto es tanto como decir que fue un capricho del Padre la muerte de su Hijo. La muerte es consecuencia del pecado. Porque el pecado lleva en sí mismo un germen de muerte. El pecado es siempre muerte. Porque, ¿de dónde nace la discordia sino de la envidia, de la codicia, de la lujuria o del egoísmo…? Marginar a alguien es una forma sutil de darle muerte.

Pero la muerte es también un hecho real en toda su crudeza. Asesinatos de guante blanco cuando unos se apoderan de lo que otros necesitan para vivir. Muertes evitables. Pero también muerte violenta cuando algunos defienden con su vida las tierras de sus ancestros.

El pecado es siempre muerte. Por eso Jesús tuvo que enfrentarse a la muerte para liberarnos del pecado. Seguir a Cristo tiene consecuencias. La muerte, pero también la resurrección. Y no solo al final, sino en cada paso que damos en la vida. Cristo es la Resurrección y la Vida.

Resiliencia cristiana

Es posible que a alguien le parezca que la resiliencia está muy bien, pero no tiene nada que ver con la fe. Las personas resilientes son personas que se aceptan a sí mismas, asertivas, flexibles, receptivas, positivas, equilibradas, constantes y con sentido del humor. Pero no es mi intención mostrar características, sino ir a los motivos que el cristiano tiene para ser resiliente. Y, para ello, voy a citar a san Pablo.

«Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman»

Rom 8,28

Aquí están resumidas las tres virtudes teologales. Lo sabemos porque tenemos fe, pero también porque lo hemos experimentado en nuestra vida. Y lo esperamos porque amamos a Dios y sabemos que él nos amó primero (cf. 1 Jn 4,19).

Dijimos que resignación es hacer la voluntad de Dios. Hacer lo que Dios nos pide. Pero también aceptar el sufrimiento inevitable poniéndonos en las manos de Dios. No huir del sufrimiento que nos viene por hacer la voluntad de Dios. En todos estos casos se da un sometimiento de nuestra voluntad a la voluntad de Dios.

Lo que hemos llamado resiliencia cristiana es algo muy distinto. Pero ambas cosas se complementan. La aceptación se da por amor, pero un amor lleno de fe y de esperanza. Y esa esperanza no es solamente escatológica. Es fe en la Providencia divina. Sabemos que las cosas no suceden por azar. Para el que carece de fe puede parecer casualidad. Pero desde la fe experimentamos cómo Dios saca siempre bien del mal. Nada es inútil para Dios. Esto incluye nuestros propios errores. Dios permite incluso que pequemos, y esto nos enseña a ser humildes. Dios no quiere el mal, pero lo transforma en nuestro favor. Basta que sepamos acoger el don de Dios con amor confiado.

Resignación y resiliencia en nuestra vida de cristianos

Resignación y resiliencia. Fotografía de un pájaro sobre las palmas abiertas de un hombre

¿Qué hacer cuando nos parece que hemos echado a perder nuestra vida? No hablo de una situación de pecado, sino más bien de fracaso. Lo primero será discernir delante de Dios para estar seguros de que efectivamente la cosa es así. En caso afirmativo, habrá que ver si cabe una segunda oportunidad. Si no podemos o no debemos volver a empezar, ese es el momento para la resignación y la resiliencia. Las dos cosas.

Cómo practicar la resignación cristiana

Como hemos dicho, la resignación no debe tomar la forma de aceptación pasiva. En las circunstancias que hemos descrito, resignación es ofrecer a Dios los errores que hayamos podido cometer. Y agradecer a Dios por todo lo que nos ha dado. Por todo lo que somos y tenemos. En especial porque él nunca nos ha abandonado. Por el don de la fe. Y, en particular por aquello que no hubiéramos recibido de no habernos equivocado.

Esto último es muy importante. Porque no deben quedar rincones oscuros. Que no haya nada en nuestra vida que no seamos capaces de agradecer a Dios. Sé que no es fácil. Pero resignación es poner nuestra vida completamente en las manos de Dios. La resignación bien entendida es dejarnos alcanzar por el amor de Dios, precisamente cuando más difícil nos resulta.

La resignación nos sitúa en un presente en el que Dios nos sostiene y cura nuestras heridas. Esto nos permite afrontar el futuro sin amargura. Pero puede que aún quede en nosotros miedo o, lo que es peor, falta de ilusión ante el futuro. A medida que cumplimos años, cada vez es más difícil esperar algo bueno de la vida. Esta actitud recelosa es comprensible, pero hace daño y no es cristiana. El amor todo lo cree y todo lo espera (cf. 1 Cor 13,7).

Cómo practicar la resiliencia cristiana

La resiliencia cristiana es el ejercicio de la esperanza. Nace de la fe en la resurrección y se fortalece por medio de la caridad. Resiliencia cristiana es ver en todo la mano de Dios. Es saber que Dios actúa continuamente en nuestro favor. Es mirar la realidad con los ojos de Dios, para así ver resurrección donde otros solamente ven muerte y fracaso.

Porque el cristiano vive una vida nueva por la fe. La resurrección no es solamente algo que esperamos para después de la muerte. La resurrección es un modo de vida. Es fácil ver lo bueno de la vida y ser feliz cuando todo va bien. Pero se trata de vivir en plenitud en toda circunstancia. Eso es lo contrario de la mediocridad y solamente se consigue viendo a Dios en todas las cosas. No es evadirse, aunque haya momentos de evasión. Tampoco es vivir en una burbuja. Todo lo contrario.

Es creer que nada sucede por azar y que todo forma parte de los planes de Dios. Es volver a levantarte cada vez que caes y volver a empezar cada vez que descubres que el camino que tomaste está cortado. Sin prisa, porque Dios tiene sus tiempos. Sabiendo que los tiempos que a nosotros nos parecen perdidos Dios los aprovecha para moldear nuestro interior. Dios nunca permanece ocioso aunque a nosotros nos corroa la impaciencia.

La resiliencia cristiana nace de amar a Dios sobre todas las cosas. Fracasado se siente aquel que no alcanza sus expectativas. El fracaso es especialmente duro cuando estas expectativas se ponen precisamente en servir a Dios. Incluso en ese caso, y justamente con mayor motivo, el amor debe llevarte a desaparecer con tal que triunfe Cristo (cf. Jn 3,30).

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4 comentarios en “RESIGNACIÓN Y RESILIENCIA EN LA VIDA DEL CRISTIANO”

  1. Obrigada, Maria. Admiro tua capacidade de tratar de assuntos que são realmente do interesse dos cristãos. Pelo menos dos conscientes e que querem progredir na vida de fé. Parabéns, mais uma vez.

    1. María Ángeles Navarro Girón

      Muito obrigada por tuas palavras, Susana. É muito importante para mim saber que os assuntos que trato são de interesse dos cristãos. Pelo menos para alguns.

  2. Margarida Cavalheiro

    Deixo registrado aqui, a minha admiração pela clareza com que escreves um tema tão emblemático na vida dos cristãos. Parabéns.
    Sou de Campi Grande/MS , amiga da Sysana Motta.

    1. María Ángeles Navarro Girón

      Oi Margarida. Muito obrigada por teu comentário.
      E fico feliz por ter contato com mais uma pessoa de Campo Grande. Os anos que morei lá marcaram a minha vida. Se além disso você é amiga da Susana, então tens em mim mais uma amiga.

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