CRUZ POR CRISTO O CRUZ CON CRISTO

La cruz por Cristo es para el cristiano el sufrimiento que le viene directa o indirectamente de su seguimiento de Cristo. Esto no tiene nada que ver con otros sufrimientos que puedan venirnos porque somos mortales, porque somos frágiles o incluso porque somos pecadores.

La cruz de Cristo. Fotografía de la IX estación del viacrucis de la iglesia de San Sebastián en Cercedilla (Madrid)

¿Es peligroso acercarse a Cristo crucificado?

Hace muy pocos días leí un artículo muy sugerente, pero con un estilo que recuerda bastante al impresionismo. No es mi intención polemizar con el autor. Simplemente quiero aprovechar la oportunidad para hacer algunas distinciones. La pasión de Pedro, la de Judas, la de Cristo. Así se titula esta pequeña homilía.

¿Qué es la cruz de Cristo en la vida del cristiano? ¿Qué es llevar la cruz de Cristo? ¿Es lo mismo morir por Cristo, que morir casualmente apuñalado en la calle? ¿Es lo mismo sufrir por causa de la justicia que sufrir a causa de una dolorosa enfermedad?

El autor atribuye al Maligno la relación que muchos cristianos establecen entre acercarse uno a Cristo y sufrir. Lo hace para concluir que eso es mentira. Y argumenta diciendo algo que es totalmente cierto. El sufrimiento es inherente a nuestra condición de criaturas, por lo cual nadie puede librarse de él. Así pues, si hemos de sufrir de todos modos, mejor hacerlo con Cristo que hacerlo solos. Aprovechemos entonces para transformar el sufrimiento en amor por medio de Cristo.

Son tantos los palos que toca el autor, que considero necesario parar un momento y empezar a distinguir entre unas cosas y otras.

Por qué huimos de la cruz de Cristo

Comencemos por decir que una cosa es tener miedo a meditar la pasión y otra tener miedo a lo que Dios me pueda pedir. No es lo mismo.

El rechazo que muchas veces sentimos ante la meditación de la pasión, puede tener muchas causas. En principio, no existe relación entre este rechazo y el miedo a unas supuestas consecuencias. Más bien es una cuestión de sensibilidad. Quien se acerca a la cruz de Cristo y no siente rechazo, es porque no es consciente de lo que allí sucedió. Podemos sublimar la pasión de Cristo y sentir devoción, compasión, gratitud… o una mezcla de todo esto. Pero también podemos ponernos en el lugar de quienes amaban a Jesús y se encontraban allí presentes. Entonces es fácil que sintamos horror y ganas de salir corriendo. ¡Claro que sufrirás si te acercas a Cristo crucificado! Si le ves morir de esa forma y no sufres, es que no tienes entrañas.

Ahora bien, si viendo a Jesús morir por ti, de lo que te preocupas es de lo que Dios te pueda pedir, eso sí que es tentación. Ahora bien, esta tentación puede tomar dos formas. Si tienes miedo de que Dios te mande cualquier tipo de desgracia, entonces es que no te has enterado de nada. Pero, si de lo que tienes miedo es de dejarlo todo y seguirle, eso ya es otro asunto.

Desgracias tales como la enfermedad y la muerte son consecuencia de nuestra naturaleza de criaturas. En primer lugar consecuencia del pecado original. Pero también de nuestros propios pecados o de los pecados de otros. Acercarnos a Cristo crucificado será por ello mucho más que un consuelo.

El sufrimiento humano iluminado por la cruz de Cristo

Es normal que personas piadosas ofrezcan por Cristo todos sus sufrimientos. Eso da un sentido a su dolor. Pero esa no es la cruz de Cristo. Lo primero que hay que decir es que Dios permite las cosas, pero no las manda. Si alguien enferma, no es porque Dios le esté poniendo a prueba, ni mucho menos castigando.

Ahora bien, esa enfermedad o esa pérdida, cobran su sentido a la luz de Cristo. Dios no manda los males, sino que transforma el mal en bien. Cristo ha venido justamente para salvarnos del pecado y de la muerte. No solo del pecado. Igual que en el libro de los Números, los mordidos de serpiente eran curados cuando miraban la serpiente de bronce (cf. Num 21,9), así también sucede con Cristo.

Él es nuestro consuelo y nuestra esperanza. Él es el sentido de nuestra vida. Por amor a él asumiremos nuestro sufrimiento como voluntad de Dios. No que sea voluntad de Dios que suframos. Lo que es voluntad de Dios es que le amemos en toda circunstancia. Que tengamos los ojos pendientes de él y que sepamos que no estamos solos.

Algunos piensan que Dios no les escucha, porque no se pliega a sus deseos. Desconocen el poder de la oración. La oración mueve montañas, pero sobre todo transforma los corazones. Y entonces las cosas se ven de forma totalmente distinta.

La cruz de Cristo es sufrir por seguir a Jesús

En cualquier caso, fue el propio Jesús quien prometió la cruz a sus seguidores. Más aún, los evangelios están jalonados de esta promesa que toma incluso la forma de bienaventuranza.

«Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre».

Lucas 6,22

Cuando los discípulos andan disputando quién se sentaría a la derecha o a la izquierda en el Reino de Dios, Jesús les echa un jarro de agua fría. Les dice que los honores no es él quien los concede, pero que la cruz la tienen asegurada (cf. Mt 20,23).

Y a todos nos dice:

«Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ese la salvará»

Lucas 9,24

Para los primitivos cristianos, estas palabras estaban cargadas de sentido. A nosotros hoy nos resultan más difíciles de entender. Ser cristiano en los primeros tiempos era casi una sentencia de muerte. Hoy nos sentimos perseguidos a las primeras de cambio.

Por eso, para entender las palabras de Jesús, lo más sencillo es leer la vida de los santos. En especial cualquier santa fundadora. En el siglo XIX hay mucho donde elegir. Siempre es lo mismo. En cuanto alguien quiere seguir a Cristo en serio, surgen enemigos por doquier. Y siempre es lo mismo, el enemigo siempre ataca desde dentro. Quien pide la muerte de Jesús es el Sanedrín. También hoy en día. Por eso,

«¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.»

Lucas 6,26

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