EL SACRIFICIO EUCARÍSTICO

El sacrificio eucarístico. Dibujo de sacerdote preparándose para repartir la comunión

El sacrificio eucarístico es memorial del único y eterno sacrificio, que es la Pascua del Señor muerto y resucitado por nosotros.

Cuando decimos que la Eucaristía es un sacrificio, necesitamos hacer unas cuantas precisiones. En primer lugar tenemos que explicar qué se entiende por sacrificio. En segundo lugar debemos dejar muy clara la relación entre el sacrificio eucarístico y el sacrificio de la cruz. Finamente habremos de establecer el estrecho vínculo entre presencia real y sacrificio eucarístico. Todo esto sin olvidar que nada de esto sería posible si Cristo no hubiera resucitado. 

En este artículo explicamos de la forma más sencilla posible el tema del sacrificio eucarístico. Nuestro principal objetivo es ayudar a una comprensión más profunda de lo que es la Eucaristía. Aunque sin entrar en disquisiciones que puedan distraer de lo verdaderamente importante. 

Quien desee un estudio más general de la Eucaristía, puede consultar este Breve tratado sobre la Eucaristía.

La muerte de Jesús y el sacrificio eucarístico en el contexto del Antiguo Testamento

Ya desde el Nuevo Testamento, la Iglesia interpreta la muerte de Jesús de forma sacrificial. Por eso es importante situar este hecho en un contexto veterotestamentario.

Así, en el pasaje en el que Felipe bautiza al eunuco (cf. Hech 8,26-40), Lucas cita un fragmento del Cuarto Canto del Siervo de Yahweh (Is 53,7-8). El texto que el eunuco va leyendo, Felipe lo aplica a Jesús, comparándolo con un cordero llevado al matadero.

El sacrificio eucarístico. Vidriera en la que aparece un cordero
El sacrificio eucarístico. Cordero de Dios que quita el pecado del mundo

En el Antiguo Testamento había básicamente dos tipos de sacrificios. El sacrificio de animales y las ofrendas vegetales. Especial importancia tiene el sacrificio de expiación. El Levítico (Lv 4,1-5,13) regula minuciosamente los pecados susceptibles de perdón. Así como el tipo de animal en función del pecado y de las circunstancias del pecador. Da instrucciones acerca de lo que deberá hacerse con cada parte del animal, dependiendo del tipo de sacrificio. La parte que corresponde a Dios (que era quemada) y a los sacerdotes. Quién puede comer y quién no, etc.

Al hablar del sacrificio eucarístico, sin embargo, recordemos lo críticos que fueron los profetas con los sacrificios. Parecida actitud encontramos en los salmos. Dios «ama la justicia y el derecho» (Sal 33,5) y no le agrada el sacrificio, en cambio, «un corazón contrito y humillado» no lo desprecia (cf. Sal 51,18-19). Por eso no es de extrañar que Hebreos diga: «¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad! (Hebr 10,7; cf. Sal 40,7-9).

El sacrificio eucarístico y su relación con la muerte de Jesús

Antes de hablar del sacrificio eucarístico, necesitamos hablar de la muerte de Jesús. No de los detalles de su muerte, sino de la interpretación que Jesús y el Nuevo Testamento hacen de ella. ¿Cuál es la actitud de Jesús ante su muerte inminente? Tres son los momentos que vamos a señalar.

Jesús anuncia su muerte y resurrección

El primer momento es el anuncio de su muerte que nos presentan los evangelios sinópticos. (Mc 8,31-33; Mt 16,21-23; Lc 9,22; y también Mc 9,9-10, 31-32; 10,32-34).

Jesús anuncia a los discípulos que habría de sufrir mucho. Sería reprobado por las autoridades religiosas de Israel que le condenarían a muerte. Pero que al tercer día resucitaría (cf. Mc 8,31). No es casual que, en este contexto, sitúe Marcos la narración de la Transfiguración.

El sacrificio eucarístico. Imagen de un crucifijo
El sacrificio eucarístico memorial del misterio pascual

Hasta aquí el anuncio. La interpretación la encontramos poco después (Mc 8,34-37). «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá (…)». Así pues, la muerte de Jesús forma parte esencial del mensaje del Evangelio.

Quien piensa que Dios nos podría haber salvado de otro modo, imagina la muerte de Jesús como algo accidental. Las palabras de Jesús, sin embargo, muestran que este es el único camino, no sólo para Jesús, sino también para nosotros.

Institución de la Eucaristía

El segundo momento es la institución de la Eucaristía de la que después hablaremos. Allí Jesús dice a sus discípulos: «Esta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos» (Mc 14,24 y par.). Esto ya es mucho más que un anuncio. Aquí Jesús está adelantando la Pascua. No solo la Pascua judía, que celebraron antes que el resto del pueblo de Israel (cf. Jn 19,31), sino también su propia Pascua.

La última cena se constituye así en el sacrificio eucarístico, prefiguración de la Pascua que tendría lugar algunas horas después. Al entregar su cuerpo y su sangre, estaba entregando su vida. No su cadáver, sino su vida que engendra vida.

Oración del huerto

El sacrificio eucarístico. La oración del huerto. Foto

Finalmente, el momento crucial de la oración del huerto. Situación límite en que Jesús dice al Padre: «no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú» (Mc 14,36).

Acabamos de ver que la afirmación según la cual Dios hubiera podido salvarnos de otra forma no tiene ningún sustento en la Escritura. La muerte de Jesús era necesaria, no ya porque Jesús fuera molesto a las autoridades del momento. Era necesaria porque existen el pecado, el sufrimiento y la muerte. A nosotros nos gustaría vencerlas sin despeinarnos, pero sólo queda redimido aquello que Dios asume. Tampoco hay otro modo de seguir a Jesús.

Decir que Jesús derrama su sangre por nosotros tiene claras connotaciones sacrificiales. Sin embargo, conviene añadir que la muerte de Jesús es la muerte de un hombre. Es decir que, sin su entrega personal, el mero derramamiento de su sangre no tendría valor sacrificial. Si lo hubieran agarrado sin su consentimiento, sería víctima, pero no sacerdote. No habría asumido su destino, su muerte habría sido en vano.

Si la institución de la Eucaristía es prefiguración, la oración en el huerto es manifestación. Porque lo que da valor a la entrega de Jesús no es lo que Jesús hizo, sino por qué lo hizo. Lo que nos redime no es la muerte atroz, sino la obediencia de Jesús al Padre. La entrega incondicional a la voluntad del Padre. No sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.

El sacrificio eucarístico como memorial de la Pascua

El sacrificio eucarístico es memorial de la Pascua, es decir, de la muerte y resurrección de Cristo. No olvidemos que muerte y resurrección de Cristo son una y la misma cosa.

El sacrificio de la cruz es único

Es importante subrayar que Jesús, «una vez muerto, ya no muere más» (Rom 6,9). Es decir que el sacrificio de la cruz es único e irrepetible. Más aún, es definitivo. Esto significa que a partir de la Pascua, ya no hay otros sacrificios. Dicho sea de paso, esto quiere decir que Cristo es el único y eterno sacerdote.

Esta es la razón principal por la cual Lutero negó el sacrificio eucarístico. Según él, si no hay más sacrificio que el de la cruz, la Eucaristía no puede ser un sacrificio. El trasfondo de esta afirmación dogmática era, sin embargo, un más que justificado rechazo a ciertas prácticas. Porque, de hecho, lo que la doctrina católica siempre ha dicho es que la Eucaristía no es un sacrificio diferente, sino el mismo y único sacrificio de la cruz.

El sacrificio eucarístico no es un sacrificio diferente, pero tampoco es una repetición. El sacrificio eucarístico es memorial de la Pascua, memorial de la muerte y resurrección de Cristo.

El término memorial

Ahora bien, ¿qué significa el término memorial? Memorial no es un simple recuerdo. Para diferenciar la memoria del memorial, pongamos un ejemplo. Memoria es lo que nosotros hacemos cuando celebramos un aniversario. El memorial, en cambio, no es recuerdo sino presencia. No es lo mismo, pero podría asemejarse a la vivencia del día a día de una pareja que se ama. Repito que no es lo mismo, pero puede ayudar a intuir de lo que hablamos. El memorial no es recuerdo de un acontecimiento, sino presencia viva y real de una entrega. La entrega de la vida de Jesús en las manos del Padre.

Si Jesús no hubiera resucitado, nosotros podríamos conmemorar su Pasión, pero nunca hacerla presente. Tampoco podríamos hacerla presente si Cristo hubiera vuelto a la misma vida que tenía antes. En ese caso, igual que Lázaro, hubiera sin duda celebrado su vuelta a la vida, pero solo como un hecho del pasado.

El sacrificio eucarístico

Decimos que el sacrificio de la cruz es único. Y decimos también que la Eucaristía es memorial de este único sacrificio. Pero, ¿qué significa esto? La Eucaristía es verdadero sacrificio, no mero recuerdo del sacrificio de la cruz. La presencia real de Cristo en la Eucaristía no es una presencia estática, sino que es una presencia en acción. Quien verdaderamente preside la Eucaristía es el propio Cristo. Cristo se hace presente y hace presente el ofrecimiento de su vida en las manos del Padre. No es un recuerdo, es una realidad viva.

Porque Cristo vive, puede ofrecer su vida y también la nuestra si nos dejamos. En el sacrificio eucarístico se realiza la transformación de los dones para nuestra propia transformación. El cuerpo de Cristo hace el Cuerpo de Cristo.

El sacrificio eucarístico y la presencia real

No puede negarse el sacrificio eucarístico sin poner en riesgo la fe en la presencia real. Porque negar el sacrificio eucarístico afecta al modo como se entiende la presencia real. Negar que la Eucaristía sea sacrificio lleva a explicar la presencia real de un modo que más parece milagro que misterio. El acento se pone entonces más en los dones que en la celebración. Como si el cuerpo de Cristo fuera un cuerpo yacente, y no nuestro Salvador vivo y vificante.

La presencia de Cristo en la Eucaristía ya se da en el momento mismo en el que la comunidad se reúne. No olvidemos que la Iglesia es Cuerpo de Cristo. Cristo está también presente en el presbítero que preside la Eucaristía en nombre de Cristo. La presencia real es más que esto, pero conviene no olvidar el contexto eclesial. Y es en medio de su Iglesia que Cristo glorioso se hace presente. Se hace presente el Resucitado, que eso significa la presencia real, diferente de la presencia de Dios. Su presencia es entrega de su cuerpo y de su vida para ser comido y bebido. Y esa presencia, a su vez, construye el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

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4 comentarios en “EL SACRIFICIO EUCARÍSTICO”

  1. Inés del Carmen de la Fuente

    Qué lindo artículo. Necesita de mi parte una lectura más profunda y varias veces. Muchas gracias por este alimento espiritual!

    1. María Ángeles Navarro Girón

      Muchas gracias Inés. Es difícil escribir cuando no sabes quién te va a leer, por eso son muy de agradecer los comentarios.

  2. Muito obrigada, Maria.
    É muito bom voltar a refletir tema tão importante, ou melhor, único e central para a Teologia, com quem a gente sabe que fala não só por conhecimento doutrinário, mas por verdadeira vivência.
    Deus seja louvado!

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