LOS POBRES EN LA IGLESIA DEL PRIMER MUNDO

Hablamos de los pobres en la Iglesia del primer mundo porque la situación eclesial de los pobres varía de un lugar a otro. Pero hablamos de la Iglesia en singular porque la Iglesia es una sola. La Iglesia universal acaba de celebrar la IV Jornada mundial de los pobres. De todos los pobres sin distinción.

Desde el punto de vista de los pobres, existe un abismo dependiendo del lugar en el que se encuentren. Es cierto que allí donde está instaurado el Estado del bienestar, el pobre obtiene ayudas. Pero hay algo que es aún peor que la pobreza, y es la marginación. Y hay algo peor que la marginación social, y es la marginación eclesial. Porque la marginación social supone un pasar de largo. La marginación eclesial, supone un estigma añadido. Es pasar de largo diciendo: «¿quién pecó, este o sus padres?» (cf. Jn 9,2).

Los pobres en la Iglesia del primer mundo. Fotografía de la Iglesia de San Sebastián en Cercedilla (Madrid)
Iglesia parroquial de San Sebastián en Cercedilla (Madrid)

Los pobres en la Iglesia española

La razón de hablar de la Iglesia española es doble. Hay una razón personal, y es que esta es mi Iglesia. Pero hay una razón más importante. Porque el compartir lengua con los países sudamericanos hace de España un caso especial. Cabría esperar savia nueva en nuestras parroquias.

Entre nosotros viven muchos sudamericanos. Gentes en cuyos países de origen la Iglesia católica es mayoritaria. Personas que no llenan nuestras iglesias como sería de esperar. Muchas veces te encuentras con alguien que lo está pasando muy mal y se aferra a su fe. Pero, cuando preguntas, descubres que la mayoría son cristianos, pero no católicos. A esto quiero añadir el hecho de que los gitanos españoles tienen sus propias iglesias. Sus cultos protestantes.

Esto es algo que nos debería llevar a una profunda reflexión como católicos. Tampoco estaría de más un estudio sociológico que pudiera servirnos de examen de conciencia. Dejo aquí la cosa por si aquellos que tienen los medios se animan. Mi reflexión será mucho más modesta. Desde el conocimiento personal de casos concretos. Desde la observación y la experiencia. Sin ninguna pretensión científica, pero bajo la luz de la fe. «Lo que hicisteis a estos, a mi me lo hicisteis» (cf. Mt 25,40).

Los pobres no son menores de edad

IV Jornada mundial de los pobres
IV Jornada mundial de los pobres 2020
Foto de Marcelo Moreira en Pexels

Tal vez pienses que exagero, que tú te tomas a los pobres muy en serio. No lo dudo, pero cada vez que les dices lo que tienen que hacer, no los estás tomando en serio. Y este es el momento en el que el lector estará pensando que soy una insensata. Porque no le puedes resolver la vida a alguien, sin su colaboración. Pero es aquí donde falla el razonamiento. Porque, cuando intentas resolver la vida a alguien, le estás tratando como a un menor de edad. No le estás dejando desarrollar su propio proyecto. Esta es la diferencia entre tender la mano a quien te pide y «adoptarlo».

No juzgues al pobre

Entregar un paquete de comida no te da derecho a interrogar a quien te pide. Pagarle un recibo de la luz no te da derecho a decirle lo que tiene que hacer con su vida. Solo en el caso de que le ofrezcas un trabajo. Pero entonces para asegurarte de que da el perfil adecuado para el puesto.

Esto no significa que vayas a dar a ciegas o a dilapidar bienes escasos. Ciertas preguntas son necesarias. Preguntar es incluso una forma de mostrar interés y cercanía. Pero una cosa es hacer preguntas y otra juzgar. No tienes derecho a estigmatizar al pobre. Puede que a ti no te gusten sus prioridades. Muchas cosas de las que hace tal vez te parezcan ilógicas. Pero no se te ocurra pensar que tiene bien merecido lo que le sucede. Porque seguramente tú no tienes ni idea del camino que el pobre ha recorrido hasta llegar ahí.

Es natural que, si surge un trabajo, se lo des a quien piensas que va a responder mejor. Y es lógico que, si tienes un dinero, se lo des a quien lo necesita para comer. Pero que, si alguien te pide para irse de vacaciones, no se lo des. No se trata de ser ingenuos. Pero el pobre tiene derecho a elegir su modo de vida. Y tú también tienes derecho a priorizar necesidades. Pero no a juzgar.

Del árbol caído todo el mundo hace leña

Para quien está arriba todo son parabienes. Pero, ¡ay de ti como te vaya mal en la vida! Toda la culpa es tuya. Esto, que es general, ocurre también con los pobres. Por eso, cuando alguien viene a pedir, los consejos se los damos gratis.

Porque pensamos que nos ha ido bien gracias a nuestros aciertos. No se nos ocurre pensar que, a lo mejor, es porque hemos nacido de pie. O porque mucha gente nos ayudó. Y la cosa nos parece tan natural, que ni siquiera sabemos agradecerlo. Por eso vamos de sobrados. A veces puede que incluso nos sintamos buenos cuando hacemos algo por los demás. Sin darnos cuenta de que no hacemos sino lo debido.

El pobre de casa

Los más pobres entre nosotros son por lo general musulmanes. Y puede que mucha de la violencia que les atribuimos tenga algo que ver con esto. Pero no es de ellos de quienes pretendo hablar aquí. Son los pobres de casa quienes me preocupan. Los católicos pobres. Aunque también nos podríamos preguntar: ¿por qué no se dan conversiones? No sugiero hacer proselitismo. Pero ¿por qué no descubren a Cristo a través de nuestra caridad?

IV Jornada mundial de los pobres 2020

El 15 de noviembre celebrábamos la IV Jornada mundial de los pobres 2020. Hace poco más de un mes el Papa escribía su encíclica Fratelli tutti. En ella los pobres son los grandes protagonistas. ¿Pero son protagonistas en la Iglesia? La encíclica habla de todos los pobres. Y habla para todos los hombres. El Papa quiere que la economía mundial gire en torno a los pobres. Porque en ello les va la vida. Y reclama que se respeten sus culturas. Porque de ello depende su supervivencia. Y también la nuestra como humanidad.

En la misa celebrada con ocasión de la IV Jornada mundial de los pobres 2020 el Papa explicó la parábola de los talentos. La homilía no tiene desperdicio. Llama, sin embargo, la atención que, en la IV Jornada mundial de los pobres, no se hable a los pobres. El Papa ni siquiera habló de los pobres. La primera vez que los menciona los llama «necesitados». El Papa nos dice que la medida de nuestra fe la da nuestra caridad.

IV Jornada mundial de los pobres. Fotografía de un mendigo con un perro. Foto de Nick Fewings en Unsplash
IV Jornada mundial de los pobres
Foto de Nick Fewings en Unsplash

¿Qué lugar ocupan los pobres en nuestras parroquias?

El objeto de nuestra caridad son los pobres. Pero, ¿son los pobres sujeto en algún sentido? ¿Dónde queda aquello de que los pobres nos evangelizan? Podría entenderse que los pobres son un aldabonazo en nuestras conciencias. Pero la frase significa mucho más que eso. Los Evangelios están escritos para los pobres. Por eso son ellos quienes mejor lo entienden. Doy fe del gozo con el que se vive el Evangelio en una Iglesia de pobres.

Decía el Apóstol: «No hay entre vosotros muchos poderosos» (1 Cor 1,26). Y añadía: «Ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir a lo fuerte» (1 Cor 1,27). ¿Qué diría hoy san Pablo? Porque ignorantes sí que hay muchos, pero los pobres se quedan a la puerta.

Porque en nuestra Iglesia los pobres son más ocasión de probar nuestro amor que nuestra humildad. Vienen a pedir a nuestras iglesias. Pero se quedan en el atrio. Los mismos edificios les intimidan. ¿Qué pasa con el pobre que comparte el Cuerpo de Cristo con nosotros? ¿Le vemos como pobre al que socorrer o como hermano del que aprender? ¿Le criticamos porque pone a prueba nuestra caridad o agradecemos a Dios por mostrarnos su rostro?

Para terminar

Recién celebrada la IV Jornada mundial de los pobres, pensemos por qué hay tan pocos pobres entre nosotros. Y no caigamos en la respuesta fácil de culpar a los pobres. Hagamos examen de conciencia. Pero hagámoslo con el texto de 1 Cor 13,3. ¿Cómo reacciono ante el pobre? ¿Cuál es mi actitud? ¿Veo a Cristo en el pobre o veo un problema a eludir? ¿Veo un pobre o veo un rostro humano? ¿Reconozco a alguien igual que yo o pienso que soy yo quien da y el otro quien recibe?

Imagina que, por circunstancias de la vida, te arruinas. Y que conste que esto le puede pasar a cualquiera. Piensa por un momento. ¿Cómo te sentirías en tu parroquia? ¿Lo ocultarías por temor al rechazo? ¿Pedirías ayuda como lo harías con tu familia? ¿Abandonarías la práctica religiosa para no encontrarte con nadie? ¿Qué te gustaría que hicieran por ti?

Pues ahora ve y haz tú lo mismo.

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2 comentarios en “LOS POBRES EN LA IGLESIA DEL PRIMER MUNDO”

  1. Aqui ainda há algumas paróquias que atendem bem os pobres, nas periferias.
    A paróquia que frequento é redentorista e faz muita caridade, por meio de uma associação que beneficia mais de 16 instituições que acolhem dependentes químicos, menores carentes e outras. Mas isso é exceção. As paróquias ricas ignoram os pobres, servem mais para organizar viagens aos lugares santos…
    Misericórdia, Senhor.

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