ADVIENTO COMO GRACIA Y OPORTUNIDAD

Adviento es espera anhelante y gozosa del Reino de Dios en medio de nosotros. En nuestros corazones, pero también en el mundo y en la historia.

Adviento. Corona de Adviento. Fotografía tomada en la iglesia del Carmen en Cercedilla
Corona de Adviento. Iglesia de Nuestra Señora del Carmen en Cercedilla

Los orígenes del Adviento

Los orígenes del Adviento son poco conocidos. Aunque tenemos algunos datos sobre el Adviento ya en el siglo IV, sin embargo, León Magno, en pleno siglo V, no lo menciona.

Podríamos hablar de una prehistoria del Adviento en Hispania y en Galia. Ya en el concilio de Zaragoza (380-381), se invita a los fieles a acudir a la iglesia desde el 17 de diciembre hasta Epifanía. Se trataba de contrarrestar las fiestas paganas con la oración y una mayor asiduidad a la iglesia. También con prácticas de ascesis, aunque evitando los excesos de algunas sectas.

A lo largo del siglo V, se concretan de forma más precisa estas prácticas. Esto es lo que realiza en particular Perpetuo de Tours (+ 490). En esta época se establece un ayuno de tres días semanales durante seis semanas. Se trata de la llamada cuaresma de san Martín, pues comienza el 11 de noviembre, festividad de san Martín de Tours.

Pero será la iglesia romana la que, en el siglo VI, formalizará de forma definitiva este tiempo litúrgico. Esto se debe a la importancia creciente de la Navidad. Símbolo de este tiempo era el trono vacío del Pantocrátor, frecuentemente representado en los mosaicos de Roma y Rávena.

Doble sentido del Adviento

El Adviento se presenta como el tiempo de la espera gozosa de la fiesta de la Natividad. Pero el Adviento se orienta sobre todo hacia la parusía. De este modo, el Adviento tiene un doble sentido. Es preparación para la Navidad, pero es también espera escatológica de la segunda venida de Cristo. Este doble sentido se mantiene en la liturgia actual.

Por lo que respecta a las liturgias orientales, no encontramos en ninguna de ellas este sentido escatológico. Sabemos que, en Oriente, el Adviento es únicamente una preparación para la fiesta de la Natividad.

Estructura del Adviento

Esta estructura la encontramos en las Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario del año 1969. Concretamente en los números 39 a 42, se distinguen claramente dos periodos. Un primer periodo que va desde las primeras vísperas del domingo que sea más próximo al 30 de noviembre, hasta el día 16 de diciembre inclusive. Por su parte, el segundo periodo del Adviento abarca los días 17 a 24 de diciembre. Este segundo periodo sería el más propiamente dedicado a la preparación de la Natividad.

En la tercera edición del misal romano encontramos 4 prefacios de Adviento. Los prefacios I y III son para las misas desde el primer domingo de Adviento hasta el día 16 de diciembre. En ellos se resume la espera escatológica que se celebra en este primer periodo. Por su parte, los prefacios II y IV son para las misas que van del 17 al 24 de diciembre. En ellos se nos habla de la espera próxima de la Navidad.

El Adviento consta de cuatro domingos, cuya temática es común para los tres ciclos litúrgicos. El primer domingo de Adviento es el de la espera. El segundo domingo de Adviento es el de la conversión. El tercer domingo de Adviento es de la acogida y el cuarto domingo de Adviento es el del anuncio.

Lecturas en el Adviento

En el leccionario ferial y durante la primera parte del Adviento, la primera lectura es casi exclusivamente del profeta Isaías. Por lo que respecta al Evangelio, a partir del jueves de la segunda semana comienzan a leerse aquellos textos en los que aparece san Juan Bautista.

A partir del 17 de diciembre, en la primera lectura se leen oráculos mesiánicos del Antiguo Testamento. En este periodo, el Evangelio está tomado de los textos de la infancia de Jesús. Es importante subrayar que en este periodo se hace una lectura continuada del primer capítulo del evangelio según san Lucas.

Por lo que respecta a las lecturas de los domingos:

  • Primer domingo de Adviento, es el domingo de la espera, y las lecturas de los tres ciclos son respectivamente: ciclo Aciclo Bciclo C
  • Segundo domingo de Adviento, es el domingo de la conversión, y las lecturas de los tres ciclos son respectivamente: ciclo Aciclo Bciclo C
  • Tercer domingo de Adviento, llamado «Gaudete», es el domingo de la acogida, y las lecturas son respectivamente: ciclo Aciclo Bciclo C.
  • Cuarto domingo de Adviento, es el domingo del anuncio, y las lecturas son respectivamente: ciclo Aciclo Bciclo C

Personajes de Adviento

Tres son los protagonistas del Adviento: el profeta Isaías, san Juan Bautista, y la Virgen María

Desde tiempos antiguos, se han proclamado siempre las páginas más significativas del profeta Isaías,  pues él mejor que ningún otro profeta supo expresar la esperanza del pueblo de Israel, esperanza que no ha perdido vigencia.

Por su parte, san Juan Bautista es el precursor del Mesías, cuya misión es preparar los caminos del Señor.

Como culmen de este proceso encontramos a María cuyo papel es primordial en la obra de la Salvación. La solemnidad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre no es una interrupción de la unidad del Adviento, sino parte fundamental del mismo.

Adviento. Inmaculada Concepción. Iglesia de Nuestra Señora del Carmen en Cercedilla

Teología del Adviento

Adviento es el tiempo de la espera anhelante del advenimiento del Reino de Dios. Pero el Reino de Dios es Jesús mismo en medio de nosotros. En ese sentido, podríamos decir que ya no necesitamos esperar el Reino de Dios, sino que es ya para siempre el precioso regalo que el Padre nos ha entregado.

Cuando, cada año, celebramos la Navidad, estamos dando gracias a Dios porque Dios está en medio de nosotros, porque es uno de nosotros. Pero es difícil esperar algo que ya se tiene.

Sucede que, aunque el Reino de Dios ya está en medio de nosotros, falta todavía nuestra acogida amorosa. De ahí el «ya, pero todavía no», y ese es justamente el sentido del Adviento.

Porque el Reino de Dios es como una semilla. Esa semilla puede caer en buena tierra, pero también puede caer entre piedras. Puede que incluso alguien la guarde en un cofre a modo de recuerdo. El Reino de Dios se realiza en el amor y puede también morir en nuestro corazón endurecido. Cada vez que alguien pasa de largo ante el sufrimiento humano, el Reino de Dios está siendo pisoteado. De ahí el sentido profundamente escatológico del Adviento.

La ternura que nos inspira la imagen de Dios encarnado en un bebé cobra su sentido más profundo en el corazón que anhela la venida del Reino de Dios. Por eso, la Navidad no es tanto la celebración de un cumpleaños cuanto una siempre nueva oportunidad de encontrarnos con el Cristo que viene, que viene de verdad, que siempre está viniendo, aunque nunca le dejemos entrar del todo.

Espiritualidad del Adviento

Adviento es el deseo de ver a Dios, más concretamente, de que el Reino de Dios sea una realidad en nuestro mundo. Conviene subrayar que este Reino de Dios es una sola cosa, pero tiene dos vertientes que, vistas desde fuera, pueden parecer diferentes y aún antagónicas. El Reino de Dios es el amor de Dios penetrando en el corazón de cada uno, y es también transformación de la historia. No es espiritualidad desencarnada, pero tampoco es justicia social. Es la justicia que brota de la conversión del corazón. Es el amor de Dios actuando a través de los hombres y de las mujeres para hacer de todos una gran familia.

Por eso, el Adviento nos invita, no a la actitud pasiva de quien aguarda algo que llegará de forma indefectible. Ser receptivos es dejarnos hacer, que no es lo mismo que dejar que las cosas lleguen por sí solas. Todo es obra de Dios, pero es la obra de Dios en nosotros.

Por eso, es algo que no acontecerá si nosotros no nos dejamos hacer. Un hacer que es transformación del corazón. Solamente por medio de esta transformación podremos convertirnos en instrumentos dóciles en las manos de Dios para la transformación de quienes nos rodean.

El Adviento es tiempo penitencial y alegre al mismo tiempo

El Adviento es un tiempo muy especial, porque es tiempo penitencial y alegre al mismo tiempo. Tiene ciertas similitudes con la Cuaresma, pero también grandes diferencias.

Es cierto que en Cuaresma nos estamos preparando para la salvación que nos viene por medio de Cristo, pero es una salvación que pasa por la cruz. Es un morir con Cristo, para resucitar con él.

El Adviento, en cambio, es espera jubilosa del nacimiento de Jesús. También su segunda venida es acontecimiento esperanzador, aunque solo para quienes buscan el Reino de Dios. De este modo, el sentido penitencial no viene dado por el miedo de que su segunda venida no nos encuentre dignos, pues, de hecho, sabemos que no lo somos. No somos dignos, pero conocemos la importancia de estar alerta y queremos que el Señor nos encuentre en vela.

Adviento y vocación misionera de la Iglesia

El Adviento tiene, además, otra característica que le hace especial, porque es el tiempo que nos recuerda de forma peculiar la vocación misionera de la Iglesia. Sabemos que la venida de Cristo no es un hecho individual e íntimo de cada cristiano. La venida de Cristo afecta a toda la creación, porque supone la instauración del Reino de Dios. De ahí la necesidad intrínseca de que el mensaje y la realidad que representa sean transmitidos de forma universal.

El Reino de Dios es obra de Dios y no nuestra, pero esto exige que nosotros seamos instrumentos dóciles en las manos de Dios, para que los demás puedan descubrir a Cristo en nuestras vidas.

Como dice el salmista: “Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje” (Sal 18,4-5).

La predicación de la Iglesia es necesaria, pero la misión se realiza sobre todo por medio del amor. Amor que es universal, pero que se concreta en el «prójimo». Jesús pasó curando toda dolencia, pero no curó a todos los enfermos que había en Israel. Jesús «pasó haciendo el bien», pero no vino a erradicar la enfermedad ni la pobreza. Esto nos tiene que enseñar a no ponernos metas inalcanzables. Como seres humanos, lo único que podemos hacer es convertirnos y amar a quienes nos rodean.

El Adviento es camino para hacernos Iglesia

Solamente desde Cristo podemos ser Reino de Dios. Adviento es el deseo de compartir con todos esa gracia que hemos recibido. De ahí nace el sentirnos Iglesia. Porque es gracia que no puede quedarse en la intimidad del corazón, sino que nos hace voceros de Dios para proclamar nuestra gratitud hacia él. Voceros con las palabras y sobre todo con el amor al hermano, en especial al hermano necesitado.

Lecturas recomendadas

Tiempos litúrgicos

Tiempo de Adviento

Tiempo de Navidad

Tiempo de Cuaresma

Semana Santa

Tiempo de Pascua

Pentecostés

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