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Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar. Silueta de persona oranteLos discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar

Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar (cf. Lc 11,1). No es de extrañar. No sólo porque Juan hubiera enseñado a sus discípulos, sino porque Jesús se retiraba con mucha frecuencia a orar y lo hacía durante horas. Esto tuvo que marcar profundamente a todos aquellos que tenían trato íntimo con él.

Lo que Jesús hizo

En un artículo anterior vimos a Jesús orando, casi siempre a solas. También pudimos escuchar las pocas veces que lo hizo en medio de la multitud. Nos quedamos con ganas de escucharle alguna de esas noches que él pasó al raso entregado a la oración. Pero nos ha quedado el testimonio de la última y más decisiva de todas ellas: la oración del huerto. Esta oración fue parcialmente escuchada por los suyos, se supone que antes de que el sueño les venciera.

Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar. Jerusalén. Iglesia del padrenuestro. Azulejos representando el padrenuestro en españolLo que Jesús dijo

Jesús enseña a sus discípulos la oración del Padrenuestro (cf. Mt 6,9-13; Lc 11,1-4). También les hace numerosas indicaciones acerca de cómo debe ser su oración. ¿Qué relación existe entre ambas cosas? ¿Están explicando estas indicaciones la forma en la que debe ser rezado el Padrenuestro o es el Padrenuestro el que sintetiza todo lo que puede decirse de la oración cristiana? ¿Se trata únicamente de una oración para que sus discípulos reciten en determinados momentos o se trata más bien de una forma de orar, algo así como el eje vertebrador de la oración cristiana? Esto último sería además coherente con el sentido que para los judíos tiene el Shemá Israel.

Antes de responder a estas preguntas vamos a escuchar qué es lo que nos dice Jesús acerca de la oración. Lo vamos a hacer encuadrando sus enseñanzas en el contexto del Padrenuestro.

Padre nuestro

Intimidad con Dios

La oración del cristiano es intimidad con el Padre: «Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará» (Mt 6,6).

Dibujo que representa un hombre orante ante la cruzPor eso, lo importante no son las palabras, sino el estar, ponerse uno a tiro del Señor: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras (…) pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis» (Mt 6,7-8).

La oración del cristiano es relación personal y amorosa: «Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios» (Jn 16,26-27).

Perseverar en la oración

Por eso es necesario orar siempre: «Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer» (Lc 18,1). Quien ora únicamente cuando se encuentra en una situación apurada, dejará de orar cuando las cosas le van bien… o cuando la persistencia de los problemas le hagan pensar que su oración no está siendo escuchada.

Configuración con Cristo

Cuadro que representa las manos de un sacerdote alzando la hostia después de la consagraciónEl fruto más importante de la oración es la transformación del orante. Más allá de lo que pidamos, la oración nos va configurando con Cristo: «Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros» (Jn 14,20).

La mejor garantía de que nuestra oración ha sido escuchada es experimentar el gozo de la amistad con Cristo. Si, además, recibe lo que ha pedido, entonces la alegría es completa: «Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa» (Jn 16,24).

La oración lo puede todo

Cuadro de François Boucher. San Pedro intentando andar sobre las aguasLa fe lo puede todo: «Jesús replicó: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”» (Mc 9,23).

La oración del cristiano se basa en la confianza absoluta en que el Padre nos ama: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre (…) Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!» (Mt 7,7-8.11; cf. Lc 11,5-13).

La oración del cristiano es confianza absoluta en que Dios lo puede todo: «Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis» (Mc 11, 24; cf. Mt 21,22).

Hay una cosa más. La oración no es un monólogo, sino que es sobre todo escucha. Esta escucha transforma nuestros deseos. Entonces no somos nosotros los que pedimos, sino que es Cristo quien pide en nosotros: «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará» (Jn 14,7).

Santificado sea tu nombre

Foto de Siete picos tomada desde la Carretera de la República. Texto con la oración de san Ignacio de Loyola: "Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me disteis, A Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed todo a vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que con ésta me basta."Santificar el nombre del Padre es reconocerlo como Dios, no sólo ni principalmente con los labios, sino sobre todo con el corazón y con los hechos: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”» (Mc 7,6-7; cf. Is 29,13).

Por eso no hay verdadera oración cuando sale de nosotros, porque entonces son palabras humanas. La verdadera oración la hace el Espíritu en nosotros y es él quien santifica en nosotros el nombre del Padre: «El Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros» (Jn 14,17).

Gatito bebiendo leche de un biberónY ésta es la garantía de que seremos escuchados: «pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26).

En realidad, lo único que tenemos que hacer es dejarnos, y ese dejarnos es también un don. El Espíritu pone en nuestro corazón las palabras y el Hijo glorifica al Padre escuchando nuestra oración. «Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré» (Jn 14,13-14). Es como estar en medio de ese abrazo trinitario, dejándonos querer. Santificar el nombre de Dios es entonces reconocer nuestra nada ante Dios, esperarlo todo de él y rebosar de gratitud por ello.

Venga tu reino

Veíamos hace un momento cómo Jesús promete a sus seguidores que su oración será escuchada. Lo promete en numerosas ocasiones y pone como única condición el pedirlo con fe.

El silencio de Dios

cruz de madera, sin imagen, en una zona de montañaA estas alturas algunos estarán seguramente echando de menos unas palabras acerca del silencio de Dios. Cuando pedimos –supuestamente con fe- y no obtenemos lo que pedimos. Ante esta cuestión, que no podemos eludir, lo primero que hay que responder es que los evangelios no se plantean siquiera esa posibilidad. Por mucho que rebusquemos en ellos no encontraremos un solo lugar en el que Jesús ni tan siquiera sugiera que Dios alguna vez pueda hacer oídos sordos a nuestras peticiones.

La respuesta más sencilla es en estos casos suponer que el orante no lo hizo con suficiente fe. Y ésta es, justamente, la respuesta que da Jesús a sus discípulos cuando le preguntan: «Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: “¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?”. Les contestó: “por vuestra poca fe. En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: ʻTrasládate desde ahí hasta aquíʼ, y se trasladaría. Nada os sería imposible”» (Mt 17,19-20).

¿Qué es tener fe?

Dibujo representando la silueta de un hombre orandoAhora bien, ¿qué es tener fe? Porque, cuando hablamos de la fe referida a la oración, solemos pensar que rezar con fe es rezar con el convencimiento de que Dios nos va a escuchar. Pero nos olvidamos del contexto. No el contexto de la necesidad que motiva nuestra petición, sino el contexto de nuestra propia vida de fe.

Porque la fe no es algo puntual. Ayuda mucho a la oración que lo que pidamos sea vital para nosotros. Jesús fue salvando personas, no satisfaciendo caprichos. Pero la fe es algo que abarca a la persona entera y a cada instante de su vida. La fe no dura cinco minutos, ni media hora (el tiempo que dure la oración). Y, sobre todo, la fe no se refiere a mis necesidades –por muy acuciantes que sean y muy lícito que sea pedir por ellas- sino a Jesús y al reino de Dios.

Es muy importante tener además presente que la fe va mucho más allá de un mero asentimiento intelectual. Quien no está dispuesto a perder sus seguridades, es que no cree (no lo suficiente). Y ¿quién puede decir que cree de esta manera? Cuando Jesús afirma –y lo hace con contundencia- que todo cuanto pidamos nos será concedido, está hablando a sus discípulos. Jesús se dirige a aquéllos que lo han dejado todo para seguirle. Y aún a estos acabamos de ver cómo –en ese momento, es decir, antes de la resurrección de Jesús- no tenían fe suficiente (cf. Mt 17,16).

Búsqueda del Reino de Dios

León tumbado y junto a él un cordero. Pacíficamente juntos representando el texto en el que Isaías profetiza cómo será el Reino de Dios: "El león pacerá con el cordero"Es en esa búsqueda del reino de Dios en la que se encuadran los milagros de Jesús. La primera petición es que venga a nosotros el reino de Dios. Pero el reino de Dios es algo que –aunque a nosotros nos parezca mentira- Dios no puede hacer sin nosotros. Por eso, pedir que venga a nosotros el reino de Dios no es pedir que el reino de Dios nos llueva del cielo, sino que es pedir a Dios que guíe nuestros pasos, que nos allane el camino, que lo haga posible. Y entonces empiezan a suceder cosas.

Dibujo que representa trabajadores del campoEl deseo por el reino es ponerse en marcha y pedir para que muchos otros lo hagan también: «Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (Mt 9,37-38; cf. Lc 10,2). Conviene aclarar que pedir que Dios mande trabajadores a su mies no es pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Trabajar en la mies del Señor es tarea de todos los cristianos, cada cual como sepa y pueda y como el Señor le vaya guiando.

Por cierto, que eso no es nunca sin consecuencias. Por eso, a quienes son perseguidos por causa de la justicia (cf. Lc 6,22-23), Jesús les dice: «(…) pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar» (Lc 18,7-8).

Hágase tu voluntad

Llegamos aquí al test de calidad de nuestra oración. Nuestra oración, incluso fervorosa, se convierte en vana palabrería si no se concreta en la realidad de nuestra vida: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt 7,21).

Imagen de Jesús orando de rodillas con los brazos apoyados sobre una piedraY éste es el momento de volver de una forma especial nuestras miradas hacia Jesús. En la oración del huerto (cf. Mt 26,36-46; Mc 14,32-42; Lc 22,40-46) encontramos una súplica, pero sobre todo la entrega total de la voluntad en las manos del Padre. Un “hágase tu voluntad” que a Jesús le sale de las entrañas y le cuesta la vida. No es el “hágase” (“que se haga”, que “alguien” haga) que tantas veces pronunciamos distraídamente y que suena más bien a algo que esperamos que suceda sin que a nosotros nos afecte para nada.

Decíamos antes que el testimonio de los evangelistas es unánime e insistente en afirmar sin fisuras que la oración del que cree es siempre escuchada. Una fe que consiste justamente en ponerse totalmente en las manos de Dios para hacer su voluntad. Y es precisamente ese sometimiento a la voluntad de Dios el que hace que Jesús renuncie voluntariamente a salvarse El Cristo de san Juan de la Cruz. Cuadro de Dalía sí mismo: «Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres» (Mc 14,16).

Ésta es la única vez que –según nuestros criterios humanos- Jesús parece experimentar el silencio de Dios. La realidad es, sin embargo, que la respuesta del Padre se manifiesta justamente en la fidelidad de Jesús hasta el final. Aquí está el germen de la resurrección y éste es el sentido que tiene decir que, por el bautismo, hemos resucitado con Cristo (cuando estamos aún en esta tierra).

Danos hoy nuestro pan de cada día

Fotografía que representa un trozo de pan

Cuando alguien dice que Dios no escucha sus oraciones, suele referirse a necesidades materiales de un tipo u otro. Todavía no he oído a nadie quejarse porque, a pesar de sus oraciones, cada vez hay más guerras. Ni porque lleva años rezando para que los hombres encuentren a Cristo y cada vez andan más perdidos. Es “el pan de cada día” lo que centra las oraciones de nuestros cristianos. El pan en un sentido amplio… pero no mucho, porque no suele ir mucho más allá de la familia y, si acaso, algunos amigos. Incluso hay quien tiene una lista para no olvidarse de ninguno.

Aprender a orar

Fotografía que representa un gorrión macho en una rama

Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar, y Jesús les enseña a no agobiarse: «No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia» (Mt 6,31-34).

¿Qué significa rezar con fe?

Y aquí volvemos al tema de la fe. Rezar con fe no es estar seguro de que ese puesto de trabajo al que aspiras va a ser para ti. Esta seguridad es muy conveniente de cara a causar buena imagen en las entrevistas de trabajo. No es esta la seguridad a la que Jesús se refiere. Tener fe es centrar tu vida en la búsqueda del reino de Dios, de manera que todo lo demás pase a un segundo plano. A quien pone de este modo sus necesidades en las manos de Dios –no por holgazanería, sino por un interés superior- no ha de faltarle la ayuda necesaria. Bien entendido que no estamos diciendo que la búsqueda del reino de Dios nos exima de ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente (cf. 2 Tes 3,10).

Y, en la pequeñísima medida en que actuamos así, comprobamos hasta qué punto es esto cierto y, quienes lo han vivido, rebosan de gozo al contarlo. «Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (Mt 6,21). Quien anhela sobre todo a Cristo, eso es lo que pide de modo incesante. Y el Padre que nos entregó a su Hijo, «¿cómo no nos dará todo con él?» (Rom 8,32).

Perdona nuestras ofensas

Fotografía de un confesionario en una iglesiaLa oración es relación con Dios. Los hombres suelen valorar más a aquél que se da importancia, pero esta estrategia está ante Dios condenada al fracaso. Porque él nos conoce por dentro. Por eso, pedir perdón no es un elemento ritual y tampoco nace de un sentimiento de culpabilidad. Se trata de reconocer nuestra realidad ante Dios, para que él penetre hasta el último rincón de nuestro ser.

Pedir perdón a Dios no es preparación, sino consecuencia de la oración

Es notable que la petición de perdón sea prácticamente el colofón del Padrenuestro. Si comenzásemos pidiendo perdón, se podría considerar un acto de purificación necesario para ponernos en la presencia de Dios. Situado al final, sin embargo, es conclusión agradecida. Empezamos, sin preámbulos, llamando Padre a Dios. Terminamos pidiendo perdón o, lo que viene a ser lo mismo, realizando un acto de profundo agradecimiento. Porque no pedimos perdón mirando hacia nosotros, sino mirando hacia Dios y todos los dones que de él hemos recibido.

El encuentro con Dios te pone en tu sitio, no al modo humano, sino con un gozo muy superior a cualquier otro:

«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Lc 18,10-14).

El que se pone a sí mismo como ejemplo, está manteniendo un monólogo. No se ha encontrado con Dios.

Quien se sabe perdonado no puede guardar rencor

Dibujo en el que aparecen abrazados un palestino y un judío. Debajo de ellos una bandera formada por las dos banderas respectivasPero, claro está, sería una tremenda contradicción pedir perdón a Dios a quien debemos todo, mientras mantenemos nuestro corazón cerrado a la reconciliación con los demás (cf. Mt 18,21-35: parábola sobre el perdón y la misericordia). La contrición es un acto de amor agradecido, y de ese acto de amor no podemos excluir a nadie: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6,14-15).

En ese mismo sentido, pero en un contexto litúrgico: «Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda» (Mt 5,23-24).

Pero Jesús nos pide más. No ya perdonar. Quien perdona, olvida. Y el olvido expulsa todo rencor del corazón, pero muchas veces también todo aprecio. El olvido se refiere al pasado. Quien te ha hecho daño en el pasado puede pasar a formar parte de un recuerdo borroso e indiferente, en un pasar página liberador. Pero Jesús va mucho más allá: «Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen» (Mt 5,44). Nos está pidiendo que amemos a quienes, no ya en el pasado sino incluso ahora mismo, buscan nuestro mal. Y que recemos por ellos. Y no nos lo manda al modo que suelen hacerlo los hombres –que mandan una cosa y hacen otra-. Jesús nos manda hacer aquello mismo que él hizo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

A modo de conclusión

Comenzaba este artículo formulando las preguntas que yo me había planteado a mí misma antes de comenzar a escribir. Llegados a este punto, la respuesta parece evidente. En el Padrenuestro encontramos las líneas maestras de la oración cristiana, una especie de criba por la que pasar nuestra vida haciendo nuestras, no tanto las palabras cuando el espíritu que ellas contienen.

Dicho de otro modo, que cuando Jesús dice: «Vosotros orad así» (Mt 6,9) y, en otro lugar: «Es necesario orar siempre» (Lc 18,1), no está diciendo que nos pasemos todo el día rezando padrenuestros. Lo que Jesús quiere es que vivamos continuamente en el reconocimiento agradecido de que Dios es nuestro Padre. Santificar a Dios con nuestra vida. Pedir sin descanso que venga a nosotros el reino de Dios. Que reine en el mundo el temor de Dios. Conscientes de que somos pecadores, pedirle continuamente que ilumine nuestros ojos y ablande nuestro corazón para hacer siempre su voluntad. Que en nuestro corazón no habite nunca el rencor. Y que continúe cuidando de nosotros, no para beneficio nuestro, sino para poder servirle en todo mientras nos quede un hálito de vida.

¿Cómo ser cristiano en la época de la posverdad? Ante el reinado del Dinero y de la Mentira, al cristiano se le debería poder distinguir por su honestidad.

  • La sociedad occidental es mucho menos plural y libre de lo que nos quieren hacer creer.
  • Características fundamentales de dicha sociedad son la importancia dada a lo económico y la tolerancia hacia la mentira. Ambas cosas están en la fuente misma del Mal tal y como lo describen los Evangelios.
  • Sin embargo, los cristianos de los países del llamado Primer Mundo hemos hecho nuestra esta cultura y compartimos su escala de valores.
  • Por ello, para ser cristiano hoy, se requieren unas condiciones previas que antes seguramente no eran tan necesarias.

La falsa libertad de nuestras sociedades occidentales

Dibujo de un hombre con terno y corbata (parece que también con un pequeño bigote). Le escucha una masa de gente. El hombre dice: "¡Os ofrezco soluciones para mis problemas!"Existe hoy en día un consenso generalizado que caracteriza a nuestras sociedades occidentales como dotadas de un gran pluralismo. Este supuesto pluralismo sustenta a su vez el dogma de una tolerancia mucho más teórica que real. Nos imponen una lista de cuestiones ante las cuales hay que ser tolerante. Mientras tanto se reprime cualquier convicción que pretenda tener consecuencias más allá de lo estrictamente privado.

Lo primero que habría que preguntarse es de dónde nace esta autopercepción de pluralismo. Por ejemplo, el hecho de que hoy las personas no acepten los argumentos de autoridad no es una prueba de pluralismo. Esto es más bien algo que compartimos y que, por consiguiente, nos hace semejantes. A su vez, la intolerancia a los principios de autoridad no significa que no exista autoridad. Sucede que la autoridad no es claramente identificable. La comunicación no se realiza por medio de mandatos o argumentos, sino mediante la creación de estados de opinión. En realidad tampoco conocemos el sujeto que se comunica. Generalmente se desconoce de dónde surgen estas opiniones que nos son impuestas. A veces encontramos una vaga referencia a supuestas "investigaciones científicas" de las que no conocemos detalles ni autoría.

Signos de identidad de la sociedad actual

En esta sociedad que se considera a sí misma plural, pero que en realidad está totalmente teledirigida, podríamos describir numerosos signos de identidad. No obstante, con ello estaríamos describiendo rasgos superficiales, más o menos significativos o anecdóticos, poco más que meros síntomas. La intención de este artículo, sin embargo, es ir a las causas. Encontrar los verdaderos signos de identidad de la sociedad posmoderna.

Una sociedad donde priman los criterios económicos

Dibujo de un hombre cuyo cuerpo está rodeado por una esfera cuya superficie está cubierta de monedas de euro. La cabeza es una esfera igual, pero más pequeña. A su alrededor vuelan billetes de 100, 200 y 500 euros, que también alfombran el sueloPrimer signo de identidad es la exclusividad y generalización de los criterios económicos a todos los ámbitos de la realidad. Para que se entienda lo que quiero decir pondré un par de ejemplos.

  1. En el ámbito de lo laboral, antes primaba la estabilidad por encima de lo puramente económico. Esto tanto por parte de los empresarios como por parte de los trabajadores. Es lógico que el empresario busque obtener las mayores ganancias. Sin embargo, tener trabajadores con experiencia y comprometidos con la empresa puede ser una inteligente estrategia empresarial. Ahora, en cambio, parece que de forma generalizada han cambiado las políticas empresariales. La competencia feroz entre las empresas no se libra en el campo de la calidad. Son los bajos precios los que marcan la diferencia. De este modo, no interesa la profesionalidad, sino los bajos salarios y la flexibilidad en la contratación.
  2. Chiste de Forges alusivo al trabajo precarioEso, a su vez, hace que los jóvenes sientan que no vale la pena invertir tiempo ni esfuerzo en formación. Olvidan así que la finalidad de la formación no es exclusiva ni fundamentalmente económica. Por otra parte, ese economicismo hace que, en ocasiones, actuar con criterios éticos resulte poco menos que un excentricismo.

Acomodación a la mentira

El segundo signo de identidad de nuestra sociedad actual es la acomodación a la mentira. No estoy sugiriendo que mentir sea una novedad de nuestros tiempos. La mentira es de algún modo connatural al ser humano. Lo novedoso es la naturalidad con la que hoy aceptamos que insulten nuestra inteligencia mintiéndonos en la cara. Placa que representa tachada la palabra Truth (verdad en inglés)Y esto en todos los ámbitos en la vida.

Por ejemplo, es normal que un alumno que no ha hecho los deberes invente alguna excusa inverosímil para justificarse. Lo nuevo es que te nieguen en la cara lo que acabas de ver con tus propios ojos. Visto desde otra perspectiva, es por ejemplo normal que los adolescentes no crean en las advertencias de los adultos. Los jóvenes siempre han juzgado como exageración o pusilanimidad las advertencias de sus mayores. Lo nuevo es encontrar tantos niños resabiados. Piensan, además, que les mientes de forma interesada. Parece evidente que es a esto a lo que están acostumbrados.

Y algo todavía más sorprendente: hoy en día se acepta con mayor facilidad la mentira que la verdad. Esto, que no es totalmente nuevo, puede tener una explicación psicológica sencilla. Quien te miente, normalmente te dice lo que sabe que tú quieres oír. La verdad, en cambio, resulta en ocasiones muy molesta. ¿Cuál es entonces la novedad? La clave está en el discernimiento, fruto de la razón, que ayuda a distinguir entre deseo y realidad. Hoy en día, fruto de determinadas corrientes filosóficas que vienen desde Kant y que culminan en el llamado “pensamiento débil”, se ha esfumado la realidad, dejando a las personas inermes frente a la manipulación.

La posverdad en la política

Chiste. Aparece un pollo asándose en un horno. Enfrente se ve a media docena de pollos vivos que dicen: "y... ¿tú votaste esto?... ¿estás seguro que es por nuestro bien?"Y esto, que lleva tiempo siendo un hecho en las relaciones tanto personales como empresariales, ya está teniendo sus consecuencias políticas. Nuevamente digamos que el hecho de que los políticos mientan no es ninguna novedad. Lo novedoso es que ya no necesiten dar a sus mentiras una cierta verosimilitud. Parece que, cuanto peor mienten, más apoyos concitan. La palabra acuñada para expresar esta nueva situación es post-truth, traducida al español por posverdad, y declarada palabra del año  por el diccionario Oxford que la define como lo «relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal».

Ser cristiano en la época de la posverdad

Frente a esta situación, ¿qué tendríamos que hacer los cristianos? Porque la impresión es que ni están ni se les espera. No porque seamos minoría, ni porque seamos menos influyentes que otros grupos. En cierto sentido es más bien al contrario. Lo que nos hace invisibles es nuestro mimetismo. Hay destacados y muy conocidos miembros de la sociedad española que se dicen, y así pueden ser considerados, católicos practicantes. Y son precisamente estos dirigentes españoles quienes practican fervorosamente el más abierto neoliberalismo, al tiempo que llevan décadas lucrándose de la posverdad.

Fotografía en la que aparece un rebaño de ovejas caminando por el campoPero, ¿qué pasa con los cristianos desconocidos, con la gente en general que puebla nuestras parroquias? Pues, evidentemente, hay de todo como en botica. Pero, en general, llama la atención la falta de formación religiosa en todas las generaciones. Y no será por falta de clases de religión –eso sí, de todas las religiones en general en un totum revolutum-. Falta de formación, de la cual no es lo peor la falta de conocimientos, sino sobre todo la falta de vivencias, la ausencia de contexto. Religión que se nutre de un vago sentimiento de pertenencia carente de contenidos y de práctica verdaderamente religiosa. Reuniones que sirven para poco más que para conocer gente. Esto genera un cierto perfil que tiene unas características más políticas que propiamente religiosas. Podría decirse que se trata de un perfil de votante.

Dinero y mentira. Signos de identidad del Maligno

Tentaciones de Jesús. Cuadro de Carl Heinrich Bloch.

¿Cómo debería ser entonces un cristiano en la época de la posverdad? Decíamos que las dos características principales de nuestra época son el valorar todo en función del dinero y la tolerancia con la mentira. Pues bien, esto que resulta tan actual viene ya reflejado con claridad meridiana en un par de textos evangélicos. El primero dice así: “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13; cf. Mt 6,24). Servir al dinero es hacer del Dinero el eje de la vida, de manera que ocupe el lugar reservado a Dios.

El segundo es aquél en el que se llama al diablo “padre de la mentira”, aquél que miente porque le sale de dentro, porque todo en él es mentira (Jn 8,44). Podríamos decir que, para los Evangelios, la Mentira y el Dinero son dos formas de representar el fundamento de todo mal.

Las catequesis

Esto significa que hablar de Cristo dejando las cosas como están o hacer críticas a determinados aspectos de la sociedad o de los hombres y mujeres de hoy sin ir al fondo de la cuestión es traicionar a Cristo y a su Evangelio.

Así sucede, por ejemplo, cuando se reúne a los fieles para una supuesta formación que no pasa de ser, como mucho, terapia de grupo o, directamente, mero proselitismo carente de contenidos. Y así sucede también cuando la moral cristiana viene reducida a todo lo que tiene relación con la sexualidad, mientras otras conductas escandalosamente inmorales cuentan con todas las bendiciones o, al menos, con un silencio más que cómplice.

La honestidad como signo de identidad

Frente a esto y de modo semejante a cómo los paganos distinguían a los primeros cristianos por el amor que se profesaban entre ellos (cf. Hech 4,32-35), los hombres de hoy deberían distinguir a los cristianos básicamente por su honestidad en todos los ámbitos de la vida.

Alguien podrá argumentar que la honestidad no es una virtud teologal y, por consiguiente, no tendría por qué ser una virtud característica del cristiano. Cierto. Más aún, una fe no bien asimilada hace realmente difícil la honestidad, porque la honestidad lleva consigo la fidelidad a los propios principios y difícilmente puede ser fiel a sus principios quien los desconoce.

Insisto, no obstante o precisamente por ello, en que es la honestidad la virtud que debería caracterizar a los cristianos y, de hecho, aquello en lo que hoy en día se reconoce al verdadero cristiano.

Lo que hace de la honestidad una virtud especialmente valiosa en estos momentos es fundamentalmente su ausencia, de ahí que sea tan llamativa. El ser, además, una virtud que no requiere el don de la fe, hace que cualquier hombre pueda reconocerla. Y, sobre todo, es la honestidad la virtud más claramente opuesta a la avaricia y a la mentira. A ambas de manera conjunta. Es lo opuesto al todo vale que impera en nuestra sociedad occidental.

Honestidad como sencillez y transparencia

Al buscar un paradigma de hombre honesto podría pensarse en el verdadero filósofo. Curiosamente y dicho sea de paso, para la mujer, tradicionalmente la honestidad se ha usado como sinónimo de castidad (cf. 1 Tim 3,11). Pero, si tratamos de pensar en una sociedad donde la honestidad sea algo frecuente, entonces podemos imaginar una sociedad tradicional donde todo el mundo sabe quién es quién y donde traicionar la palabra dada sería la peor de las insensateces.

Ser cristiano en la época de la posverdad. Fotografía de una mujer joven que se quita la máscara¿Cuál es el perfil de ese cristiano del que estamos hablando? Los filósofos no abundan y los supervivientes de esa sociedad tradicional que acabamos de mencionar carecen de futuro. Esas personas honestas a las que yo me refiero son gente sencilla, que no se las dan de lo que no son, personas serviciales y agradecidas. Cercanas y sinceras. No son gente importante, con frecuencia no son tampoco gente ilustrada, sin embargo brillan con luz propia y se les reconoce enseguida. Hay muy pocos, cada vez menos, pero no me cabe la menor duda de que en sus manos está el futuro de la Iglesia.

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Charla pronunciada el día 16 de julio de 2016 en el Monasterio de la Sagrada Familia. Carmelitas descalzas de La Granja de san Ildefonso (Segovia)

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Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso pdf

A modo de introducción diré que me resulta muy difícil hablar de la misericordia y ello es por dos motivos.

El primero, porque la misericordia forma parte de la experiencia profunda del cristiano y de las experiencias espirituales no es fácil hablar cuando son verdaderas.

El segundo motivo por el que no me ha resultado nada fácil preparar esta charla es precisamente porque estamos en el Jubileo de la misericordia. ¡Como si ahora tocase celebrar la misericordia de Dios y en otra oportunidad tocase otra cosa! ¡Como si la misericordia de Dios no fuera el centro de la vida del cristiano todos los días de todos los años!

Al hablar de la misericordia corremos el riesgo de quedarnos superficialmente en dos aspectos. De una parte el perdón de los pecados y, por consiguiente, en el Sacramento de la Reconciliación y, de otra parte, las obras de misericordia.

Pero esto no expresa suficientemente lo que realmente significa la misericordia de Dios. Por eso me voy a limitar casi exclusivamente a dejar hablar a los textos bíblicos. Dejar que Dios nos diga quién es y qué quiere de nosotros.

Comenzaré por el Antiguo Testamento porque, contra lo que algunos piensan, Dios se muestra ya en él como padre lleno de ternura.

I. LA MISERICORDIA DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

 Para describir la misericordia de Dios, el Antiguo Testamento utiliza sobre todo dos términos.

1. Las entrañas de Dios

El primero de dichos términos es “rohamim” (רחמים), hace referencia a las entrañas y expresa el apego instintivo de un ser a otro.

El juicio de Salomón. Cuadro de Raffaello SanzioTodos ustedes recordarán la astucia del rey Salomón al dirimir la cuestión entre dos mujeres que acababan de dar a luz y ambas afirmaban ser la madre del niño vivo. El rey dijo: «Partid en dos al niño vivo y dad una mitad a una y otra a la otra». Salomón descubrió a la auténtica madre en la mujer que, para salvar a su hijo, prefirió que fuera entregado a la otra mujer y el texto dice expresamente: “porque sus entrañas se conmovieron por su hijo” (1 Re 3,26).

Éste término que se utiliza para referirse a las entrañas de una madre es el mismo que encontramos referido a Dios, por ejemplo en Jer 31,20 cuando dice:

“¿Es un hijo tan caro para mí Efraím, o niño tan mimado, que tras haberme dado tanto que hablar, tenga que recordarlo todavía? Pues, en efecto, se han conmovido mis entrañas por él; ternura hacia él no ha de faltarme - oráculo de Yahveh -.”

En el Antiguo Testamento es frecuente que se atribuyan “sentimientos” a Dios. Dios se conmueve, siente ternura, siente también ira y tiene “entrañas de misericordia”. Dios ama a su pueblo de una forma apasionada. Dios vive con intensidad su relación con el pueblo de Israel.

2. La fidelidad de Dios

El segundo término para expresar la misericordia de Dios es el término hebreo “hesed” (חסד) que las versiones castellanas traducen indistintamente por misericordia o por amor. Así, por ejemplo, el primer versículo del salmo 107 unas versiones de la Biblia lo traducen así:

“Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor”.

Y otras de esta otra forma:

“Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

Y es que, aunque los términos amor y misericordia no son sinónimos, lo cierto es que no hay amor sin misericordia, ni misericordia sin amor. Salvo en el caso de nuestro amor a Dios, porque Dios no carece de nada. No así el amor de Dios hacia nosotros.

El término hesed lleva consigo la idea de fidelidad. No se trata ya de un afecto instintivo, sino que tiene unas connotaciones de voluntariedad moral. La misericordia de Dios hacia su pueblo no es un sentimiento momentáneo, sino un compromiso en fidelidad.

En el A.T., la misericordia de Dios es la respuesta del Amor de Dios ante las miserias de su pueblo. Así, por ejemplo, en el libro de los Jueces leemos:

“(…) porque Yahweh era movido a misericordia por sus gemidos [los gemidos de su pueblo] a causa de los que los oprimían y afligían” (Jue 2,18)

Ésta es la razón por la cual los hombres piadosos tienen la convicción inquebrantable de que no serán abandonados por Dios en sus desgracias. De este modo la misericordia y la fe en la providencia divina no son sino las dos caras de una misma moneda.

No es de extrañar la importancia que en la memoria colectiva de Israel tiene el Éxodo. El pueblo de Israel experimenta la misericordia de Dios en su historia y por eso puede estar seguro de que su vida está en las manos de Dios. Recíprocamente, es solamente desde la fe desde donde el pueblo de Israel puede leer adecuadamente los acontecimientos de la historia para descubrir en ellos la misericordia de Dios.

Moisés con las tablas de la ley. Cuadro de RembrandtMás adelante esta misericordia vendrá explicada por la fidelidad de Dios a la Alianza con “su” pueblo. Se establece de esta manera una relación de sangre. Israel pasa así a ser “linaje” de Dios.

Esta ternura de Dios se manifestará de forma especial cuando Israel peque contra Dios rompiendo de este modo unilateralmente la Alianza.

Y es importante señalar que en el mismo texto en el que se habla de la misericordia de Dios se habla también de castigo.

Después del relato en el que el pueblo de Israel traiciona a Yahweh y su Alianza (tablas de la Ley) construyéndose un becerro de oro, Moisés vuelve al Sinaí con unas nuevas tablas y dirigiéndose a Dios con estas palabras:

 «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes; que castiga la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.» (Exodo 34,6-7)

Es importante subrayar que en el mismo texto se habla de misericordia, de amor y de perdón, pero no de impunidad: “perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes”. El texto no menciona la justicia. No se trata de una contraposición entre justicia y misericordia. En el A.T. el castigo al pecado es visto como la pedagogía de Dios con su pueblo. Y la pedagogía es fruto del amor.

Ver el castigo divino como una especie de venganza sería tener una imagen muy pobre de Dios. Éste no es, desde luego, el espíritu de la Biblia. A Dios le duele el pecado de su pueblo y le duele también el castigo. El castigo no está ni mucho menos reñido con el amor. Frecuentemente sucede lo contrario. Quienes tenéis hijos sabéis que educar no es decir a todo que sí y que lo fácil es hacer la vista gorda.

Vemos así que, al menos en el Antiguo Testamento, la misericordia nada tiene que ver con la manga ancha o la indiferencia.

Por otro lado, vemos que a Dios le duele castigar a su pueblo y que se llena de conmiseración en cuanto el pueblo clama a Él desde el fondo de su miseria.

Así, por ejemplo, el libro de Oseas nos muestra a Dios estremecido por el castigo que no le queda otro remedio que infligir a su pueblo:

«¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel? ¿Voy a dejarte como a Admá, y hacerte semejante a Seboyim? Mi corazón está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira.» (Oseas 11,8-9)

Contra lo que algunos piensan, el A.T. no nos muestra –ni mucho menos- un Dios lejano. Todo lo contrario. En el A.T. se nos presenta a Dios con características radicalmente humanas. “Mi corazón está en mí trastornado”. Dios sufre con el sufrimiento de su pueblo, diríase que el castigo le duele a Dios más que al pueblo.

Dios «no guarda rencor eterno» (Jer 3,12s.), pero quiere que el pecador reconozca su malicia; lo que Dios quiere es la conversión del pecador:

«Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahveh, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar. » (Isaías 55,7)

Todos sabemos lo difícil que es reconocer que estamos obrando mal cuando las cosas nos van bien. Todos sabemos que son generalmente los fracasos los que nos hacen madurar. Por eso sería necedad pensar que la misericordia de Dios nos exime de asumir las consecuencias de nuestros actos.

La misericordia de Dios no conoce más límite que el endurecimiento del pecador:

«No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Massá en el desierto, donde me pusieron a prueba vuestros padres, me tentaron aunque habían visto mis obras.

«Cuarenta años me asqueó aquella generación, y dije: Pueblo son de corazón torcido, que mis caminos no conocen. Y por eso en mi cólera juré: ¡No han de entrar en mi reposo!» (Sal 95,8-11)

En todo caso, la misericordia de Dios está siempre abierta al pecador:

«El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles. Porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.» (Sal 103,8-9.13-14).

Todo el Antiguo Testamento y, de forma especial, los salmos y los escritos proféticos nos muestran a Dios como padre entrañable y misericordioso. Aunque en ocasiones pueda parecernos severo, no olvidemos que una cosa es “amar” y otra muy diferente “consentir”.

II. LA MISERICORDIA DE DIOS EN EL NUEVO TESTAMENTO

Después de ver cómo el Antiguo Testamento nos muestra un Dios amoroso y paternal, debemos preguntarnos en qué consiste la novedad radical del Nuevo Testamento.

Antes de nada hay que decir que la Revelación es progresiva y que no es posible una recta interpretación del Nuevo Testamento haciendo tabla rasa del Antiguo Testamento[1]. Cristo no ha venido para abolir la Ley y los Profetas, sino a dar cumplimiento (cf. Mateo 5,17). Cristo es culmen y plenitud de la Revelación, novedad radical, pero no a nuestro modo, sino al modo de Dios. Dios no necesita destruir para hacer nuevas todas las cosas.

1. La novedad del Nuevo Testamento

a) La misericordia alcanza a todos los hombres

Un mundo pequeñito en las manos de una personaLo primero que hay que decir es que lo nuevo no es la misericordia, sino el ofrecimiento de esta misericordia a todos los hombres. El pueblo de Israel tuvo el privilegio de descubrir a Dios como padre amoroso cuyas entrañas se conmueven ante el sufrimiento de su pueblo. Pero tendría que llegar el Nuevo Testamento para revelar que Dios no es propiedad de un pueblo, que el linaje de Dios no viene por el nacimiento o la herencia, sino por la Gracia de Dios y es invitación universal.

Es san Pablo quien expresa con mayor claridad de qué forma se muestra en Cristo la plenitud de la misericordia divina.

Porque los judíos creían que podían alcanzar la justicia por medio de la Ley, es decir, por medio del cumplimiento de la Ley. Ocurre, sin embargo, que la Ley había llegado a ser tan compleja que era prácticamente imposible no ya practicarla, sino incluso conocerla en todos sus detalles.

Dice así san Pablo:

«En efecto, así como vosotros fuisteis en otro tiempo rebeldes contra Dios, mas al presente habéis conseguido misericordia a causa de su rebeldía, así también, ellos al presente se han rebelado con ocasión de la misericordia otorgada a vosotros, a fin de que también ellos consigan ahora misericordia. Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia.» (Rom 11,30-32).

Es decir que, habiendo el pueblo judío rechazado a Jesús, el Evangelio es predicado a los gentiles –es decir, nosotros- y así recibieron la salvación aquellos que no tenían mérito alguno y, al revelarse los judíos contra la misericordia de Dios, del mismo modo que hizo el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, han dejado de ser justos y, por consiguiente, ahora todos necesitan de la misericordia.

Para quien piense que este texto es un tanto difícil de entender, digamos que san Pablo era consciente de ello y por eso el texto continúa así:

«¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos! En efecto, ¿quién conoció el pensamiento de Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le dio primero que tenga derecho a la recompensa? (Rom 11,33-34)

b) Quien me ha visto a mí ha visto al Padre

Crucifijo en el que vemos al Padre crucificado con el Hijo y el Espíritu Santo en forma de paloma posado sobre la cabeza del PadreEsta invitación universal nos ha sido ganada por el mismo Dios hecho hombre en Jesucristo. En orden al tema que nos ocupa, que no es otro que descubrir el designio amoroso de Dios para con nosotros, eso significa que Dios ya no se vale de intermediarios para comunicarse con los hombres. Jesús no es un profeta, Jesús es el mismo Dios y, por consiguiente, es en las palabras y en las obras de Jesús donde nosotros podemos conocer cómo es Dios.

Como leemos en la carta a los Hebreos:

«Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos» (Heb 1,1-2)

O, como leemos en el Evangelio según san Juan:

“quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9).

Veamos, pues, cuál es la imagen de Jesús que nos muestra el Nuevo Testamento.

2. La obra de la Redención

A alguno le parecerá quizás extraño que empecemos por lo que podría parecer el final. Sucede, sin embargo que, al hablar de Jesús, el final no es el punto donde todo termina, sino a donde todo se dirige. Y esta finalidad no es otra que la obra de la Redención. Ése es el contexto de todo lo que digamos a continuación.

Veamos, entonces, lo que nos dice la carta a los Hebreos:

«Convenía, en verdad, que Aquel por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación. » (Hebreos 2,10)Cuadro de Velazquez que representa a Cristo crucificado

A la hora de hablar de la misericordia de Dios no podemos perder de vista la cruz. Cuando se olvida lo caros que le costaron a Jesús nuestros pecados, corremos el riesgo de no tomarnos en serio nuestra fe cristiana.

Lo hemos proclamado tantas veces que corremos el peligro de que nuestras palabras sean vacías cuando decimos que Cristo murió por nuestros pecados. Si nos tomásemos en serio la Redención, lloraríamos por nuestros pecados igual que la pecadora de la que habla san Lucas (Lc 7,36-50).

Jesús quiso «hacerse en todo semejante a sus hermanos», a fin de experimentar la miseria misma de los que venía a salvar.

Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo. Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados.» (Hebreos 2,17-18)

No hay mayor prueba de la misericordia divina que el hecho de la Encarnación. Hacerse uno de nosotros es el acto supremo de la misericordia que ilumina todo el hacer de Jesús durante su vida mortal.

3. El comienzo de la predicación: el anuncio de la Buena Nueva

En el Evangelio según san Marcos, la predicación de Jesús comienza con las palabras siguientes:

«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»

En el Nuevo Testamento no se dice qué es el Reino de Dios y, debido a que los evangelios utilizan indistintamente los términos Reino de Dios y Reino de los cielos, muchos cristianos lo identifican sin más con el cielo. Sin embargo, identificar el Reino de Dios con el cielo equivale a “puentear” ilegítimamente el sufrimiento de tantos semejantes nuestros a los que nosotros estamos llamados a ayudar.

Por otra parte, hay que decir que, para los oyentes de Jesús, el término no era desconocido. Decirles a los judíos “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva” era lo mismo que decirles: “yo soy el Mesías, convertíos y creed en mí”.

Este Reino de Dios ya estaba anunciado en el Antiguo Testamento, hacía referencia al Mesías y consistía en un reino de paz:

«Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.

León reposando junto a un cordero en una pradera. Representa la paz que traerá consigo la venida del Reino de Dios, según anuncia el profeta Isaías: "El león pacerá con el cordero"Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.» (Isaías 11,1-9)

Jesé era el padre de David, por eso decir: “saldrá un vástago del tronco de Jesé” es lo mismo que decir que surgirá “un nuevo David”. La alusión a la justicia para los débiles y para los pobres no es casual. El Reino de Dios prometido al pueblo judío es un Reino en el que los poderosos no abusarán de los débiles. Nadie temerá, porque todos se respetarán. Tiene un fuerte simbolismo que se diga que tanto el león como los bueyes comerán paja. Es decir, no se comerán unos a otros. Y eso sucederá porque “la tierra estará llena de conocimiento de Yahweh.

Podemos ver cómo los evangelistas san Mateo y san Lucas, que son mucho más explícitos que san Marcos, van en esta línea cuando examinan el significado de la Buena Nueva.

Así, en el evangelio según san Lucas, la predicación de Jesús comienza en la Sinagoga cuando Jesús es invitado a leer y comentar un texto del profeta Isaías:

Torah. Fotografía con los rollos de la Ley (tal como en los antiguos judíos leían el Antiguo Testamento)Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:

“El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.

Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy(Lucas 4,17-21).

Jakarta. Vida en los suburbios. Fotografía de niños en una chabola. Jesús es el cumplimiento de las promesas. Y esas promesas son una buena noticia para todos aquellos que se encuentran en una situación de marginación o de opresión: los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos. Hoy en día podríamos traducirlo así: “yo he venido a dar trabajo a los parados, a dar casa a los desahuciados, a acoger a los refugiados…”.

Una descripción semejante volvemos a encontrarla poco después. Cuando Juan (el Bautista) manda a sus discípulos para que le pregunten a Jesús si es el Mesías, Jesús les responde:

Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» (Lucas 7,22-23).

Las palabras de Jesús tuvieron que caer como una losa sobre sus oyentes. Dichoso aquél que no halle escándalo en mí. Jesús no se dirige a la gente respetada de Israel, sino a aquéllos que buscan misericordia. Y la respuesta de Jesús es, en primer lugar, aliviar su sufrimiento aquí en la tierra.

4. La compasión de Jesús

Los evangelios sinópticos (especialmente Mateo y Lucas) están llenos de textos en los que Jesús va compadeciéndose de las situaciones dramáticas de las gentes con las que se iba encontrando.

Jesús siente compasión de la gente:

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9,35-36)

Y, en particular, por cada una de las situaciones que se encuentra a su paso. En especial por aquellas en las que alguien se encuentra en una situación de mayor precariedad, como podía ser en Israel la de una viuda sin hijos:

Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad.

Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores.»

Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» (Lucas 7,11-14)

Cuadro que representa una curaciónPara el tema que nos ocupa, no interesa el aspecto milagroso de los actos de Jesús, sino ese tener compasión del sufrimiento ajeno. Jesús ejemplariza el comportamiento del buen samaritano y eso tiene una gran importancia desde el punto de vista del seguimiento. Milagro no es la ruptura de las leyes de la naturaleza, mucho más milagroso es con frecuencia que las personas se apiaden unas de otras.

Jesús muestra su piedad para con todos y, por eso, no es de extrañar que muchos se dirijan a él clamando: ¡Señor, ten piedad!

  • Una mujer cananea:

En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.» (Mt 15,22)

  • El padre de un epiléptico:

Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillándose ante él, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle.» (Mateo 17,14-16)

  • Dos ciegos:

En esto, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al enterarse que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!» La gente les increpó para que se callaran, pero ellos gritaron más fuerte: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David(Mateo 20,30-31)

5. No he venido a llamar a justos sino a pecadores

Pero Jesús no muestra su cercanía únicamente hacia el sufrimiento físico. Jesús tiende su mano también a los pecadores.

Cuando a Jesús le recriminan los fariseos por ser amigo de publicanos y pecadores, Jesús responde: “no he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores”.

Jesús con la samaritanaLos fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores(Lucas 5,30-32)

Dios Padre ha enviado a su Hijo para salvar a los seres humanos de su miseria y no hay mayor miseria que el pecado y la muerte. Las parábolas de la oveja perdida (Lc 15,4-7) de la dracma perdida (Lc 15,8-10) o del hijo pródigo (Lc 15,11-31) muestran la alegría de Dios por la conversión de un pecador:

Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión. (Lc 15,7)

Esto nos puede dejar a nosotros tan perplejos, o incluso tan molestos, como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo. ¿Qué pasa entonces con aquellas personas que llevan muchos años intentando ser fieles a Dios? La respuesta nos la da la misma parábola:

«Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; (Lc 15,31).

En este punto conviene advertir que no es que Dios no haya venido a buscar a los justos, sino que no ha venido a salvar a aquellos que se consideran a sí mismos justos. Que no es lo mismo. Porque el reconocimiento de la propia miseria es condición imprescindible para obtener misericordia.

Como leemos en la primera carta de san Juan:

Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros. (1 Jn 1,8-10)

Todos somos pecadores y quien se considere justo se está mintiendo a sí mismo. Basta con echar una mirada en rededor. Si vemos con tanta facilidad las faltas de los demás, cabe suponer que los demás se ven continuamente obligados a sufrir las nuestras, incluso aquellas de las que no nos damos cuenta.

Dibujo de una mano apuntando. Al dibujo acompañan las palabras siguientes: "¡¡Cuando apuntas con el dedo, recuerda que tres dedos te señalan a ti!!"«¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo", no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.» (Lucas 6,41-42)

Es bastante frecuente en personas piadosas que andan preocupadas con minucias propias y ajenas, al tiempo que pueden estar pasando por alto cosas mucho peores. Eso sucede porque las personas solemos marcarnos unos ideales, de tal manera que cualquier desajuste en esas metas que nos hemos marcado hace que nos sintamos mal. Y esto es perfectamente compatible con una tremenda falta de empatía para con los demás. Podemos estar pendientes de “nuestras faltas” al tiempo que estamos siendo un auténtico “purgatorio” para aquellos que conviven con nosotros. Por eso es importante pedir perdón, no ya por aquellas faltas que nos mortifican, sino también por todo aquello que hacemos sin darnos cuenta, pidiendo a Dios que cure nuestra ceguera.

Más aún, aun suponiendo que alguien cumpla siempre escrupulosamente con todas sus obligaciones y sea extremadamente cuidadoso en el respeto a los demás, está el pecado de omisión, donde no existe límite en el bien obrar. Siempre está el egoísmo, siempre está la falta de compromiso, el hacernos los distraídos para no pringar o para ser políticamente correctos, para que no nos miren mal…

¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas. (Lucas 6,26).

Todos, pues, debemos reconocernos pecadores a fin de participar todos en la misericordia (Rom 11,32).

6. El seguimiento de Cristo

Esta misericordia que Dios ha usado con nosotros y esta misericordia que Jesús usó en los días de su vida mortal para con todos aquellos que le necesitaban, nos está mostrando el camino de la salvación.

La perfección que Jesús (Mateo 5,48) exige a sus discípulos consiste en el deber de ser misericordiosos “como vuestro Padre es misericordioso”.

«Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá (Lucas 6,36-38)

Con la medida que midamos se nos medirá o, como leemos en las Bienaventuranzas según san Mateo:

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.»  (Mateo 5,7)

Ésta es condición esencial para entrar en el Reino de los cielos. En ninguna parte del Nuevo Testamento encontramos otra condición de ser salvados, sino creer en Cristo y tener como Él entrañas de misericordia.

Patera llena de inmigrantesY quiero subrayar que no estoy hablando de cumplir con las “obras de misericordia”. Éstas, de suyo, no son garantía de ser verdaderamente misericordiosos. Porque la verdadera misericordia no nace de la obligación, sino del amor. Quien realiza actos de caridad tratando de contabilizarlos, seguramente será una persona muy religiosa, pero en realidad no ha entendido la novedad del Evangelio.

La misericordia es hacerme –a semejanza del buen Samaritano (Lc 10,30-37)-, prójimo de aquél a quien encuentro en apuros. Hacerse prójimo no es dar una limosna, sino hacerse próximo. No tener miedo de los pobres, ni de los inmigrantes, ni de los refugiados. Acercarnos a quienes seguramente son nuestros vecinos con naturalidad. No ir por la vida con anteojeras, nos permitirá ver lo que sucede en las cunetas de nuestra vida.

Ser misericordiosos es hacer esto con el convencimiento de que no estamos haciendo nada de extraordinario, sino que estamos únicamente haciendo una mínima parte de lo que Dios ha hecho por nosotros. Y lo mismo cabe decir del perdón de las ofensas:

«Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré."

Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes." Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré." Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.

Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido.

Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?"Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano (Mateo 18,23-35)

Por extraño que pueda parecernos, en el Juicio final sólo nos examinarán acerca de nuestra misericordia: “porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber…” (Mateo 25,31-46).

En definitiva, que, al final de lo único que nos examinarán será del amor:

«Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»

Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.» (Mateo 22,34-40)

O, en palabras del cuarto evangelista:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. (Jn 13,34)

En qué consiste este amor nos lo dice el mismo Juan en su primera carta:

Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? (1 Jn 3,17)

El amor a Dios se prueba en el amor al necesitado. Por sus obras los conoceréis. Por la actitud de nuestro corazón, por nuestra forma de actuar ante las personas que nos rodean, por nuestra forma de reaccionar ante el sufrimiento ajeno. Personal y comunitariamente.

III. PARA CONCLUIR

1. La misericordia de Dios para con nosotros

La misericordia de Dios para con nosotros tiene dos aspectos.

El primero se refiere a nuestras necesidades de todo tipo y ésta forma de misericordia de Dios para con nosotros es lo que solemos llamar la Providencia divina. Dios está continuamente sosteniendo la Creación con su providencia amorosa. De una forma especial, Dios escucha la oración de sus fieles y los socorre.

El segundo aspecto se refiere, como no podía ser de otra forma, al perdón de los pecados y a la promesa de la Vida Eterna.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
(Sal 103,3-4)

Ahora bien, hoy en día está bastante extendida la opinión de que esta misericordia de Dios viene a ser algo así como la garantía de aprobado general para toda la humanidad. Ante esto se me ocurren, entre otras, las siguientes preguntas:

  • El perdón de Dios es gratuito, pero ¿cómo puede Dios perdonar a quien no pide perdón?
  • Si Cristo ganó en la Pascua la salvación para todos los hombres sin excepción (crean o no crean, hagan lo que hagan, pidan perdón o no lo pidan), ¿qué necesidad hay entonces de la Iglesia? Más aún, ¿en qué consiste entonces esa salvación? ¿no estaríamos entonces cayendo en una especie de nuevo docetismo como si los años que pasó Jesús entre nosotros fueran del todo irrelevantes?
  • ¿Cómo habría que entender entonces las palabras de Jesús: «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran. (Mt 7,13-14)
  • Finalmente, si los Evangelios son tan claros al decir que la condición de la misericordia es el ser misericordiosos con nuestros hermanos, ¿acaso estamos rechazando la Palabra de Dios para hacernos un Evangelio a la medida, pues según parece Dios es tan misericordioso que en realidad da lo mismo lo que hagamos nos vamos a salvar igual?

2. Nuestra misericordia para con los demás

Como nos dice san Agustín, “en la Iglesia hay dos clases de misericordia[2], y una de esas formas es gratis “y consiste en perdonar a quien te ofendió. Para dar esta limosna tienes el tesoro en tu corazón: en él resuelves el asunto en presencia de Dios”[3]

Respecto a la otra clase de misericordia, es nuevamente S. Agustín quien nos dice:

«La misericordia trae su nombre del dolor por un miserable: la palabra incluye otras dos: (…) miseria y corazón. Se habla de misericordia cuando la miseria ajena toca y sacude tu corazón. (…) Por ejemplo: das pan a un hambriento: ofrécele tu misericordia de corazón, no con desprecio; (…) Si amamos a Dios y al prójimo, no hacemos nada de esto sin dolor del corazón(Sermón 358 A, 1).

Dicho de otra forma, la misericordia es expresión del amor. Algunas veces se nos ha dicho que el amor no es un sentimiento, pero esto no es del todo cierto. Es verdad que, como nos dice san Ignacio en sus ejercicios espirituales, el amor hay que ponerlo más en los hechos que en las palabras, pero si el sufrimiento ajeno no nos conmueve, entonces no hemos conocido la misericordia, por muchas limosnas que demos o muchos voluntariados en los que estemos.

Digamos finalmente que no hay nada que una más que la misericordia compartida comunitariamente.

Y aquí no puedo por menos que mencionar siquiera a los refugiados sirios a los que este invierno hemos visto atravesar a pie media Europa y de los que todo el mundo parece haberse olvidado ya a pesar de que el Papa ha estado pidiendo que fueran acogidos por comunidadesed-misericordiosos-como-vuestro-padre-es-misericordioso. Cientos de refugiados caminando por la orilla de una carreteras cristianas.

Ahora bien, acoger comunitariamente no significa buscar –y en su caso presionar- a personas o familias cristianas para que los acojan en sus casas sin darles otra cosa que un poco de adulación. Eso no es acoger comunitariamente, eso es lavarse la mala conciencia con el sacrificio de los demás.

Acoger de forma comunitaria sería pagar a escote el alquiler de una vivienda y ofrecer a esas personas –de forma comunitaria- un apoyo en forma no sólo de comida, sino también de relación personal: no sólo visitarles, sino también invitarles a comer por las casas. Esto no sólo sería fácil para cualquier parroquia, sino que sería una forma magnífica de decir nuevamente a los hombres: “convertíos y creed en la Buena Nueva”.

[1] Algunos cristianos piensan que el Antiguo Testamento muestra un Dios lejano y vengativo, mientras que en el Nuevo Testamento se nos presentaría un Dios cercano y benevolente. Se trata de una herejía antigua.

[2] Sermón 259,4

[3] Ibidem

3

Plan Diocesano de Evangelización

Evangelización versus militancia. Foto de Monseñor Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid
Evangelización versus militancia

Evangelización versus militancia. En el seno del llamado Plan Diocesano de Evangelización, la archidiócesis de Madrid ha organizado unas reuniones periódicas. Estas reuniones tienen una curiosa estructura. Los participantes reciben por correo electrónico y con bastante antelación una especie de encuesta. Dicha encuesta versa fundamentalmente sobre la pastoral parroquial. La dinámica es, al menos en la letra, la de la Lectio divina. En este contexto, la encuesta –cuyas respuestas ya ha reflexionado cada uno en su casa- se responde de forma colectiva.

La Lectio divina

Digamos en primer lugar que la Lectio divina Dibujo que representa la Lectio Divina con sus cuatro brazos: Lectio, meditatio, oratio, contemplatio. es una antigua y muy provechosa forma de oración. Usada durante siglos en los monasterios, ha sido redescubierta hace algunos años sobre todo en América Latina.

 

Lo que no es la Lectio divina

Cuadro que representa a san Benito de pie y con una pluma en la mano como interrumpido en su tarea de escribir
San Benito

La cuestión está en que la Lectio divina es un método de oración, no una dinámica de grupos. Por consiguiente, lo que se precisa no es un buen “animador”, sino alguien que haya tenido la experiencia espiritual. Y que crea en ella.

Cuando esta oración tiene lugar con un grupo de fieles, es costumbre que se realicen algunas preguntas. Estas preguntas ayudan en especial a personas poco habituadas a esta forma de oración. Un pequeño cuestionario ayuda a centrar la imaginación para no irse por las ramas. Sin embargo, las preguntas nunca pueden tener como finalidad substituir la oración de cada uno. El momento final o contemplación debe de ser espontáneo y fruto de la oración precedente. En ningún caso la "acción" puede venir inducida de modo artificial y  mucho menos desde fuera.

Cómo la lectio divina  puede enriquecer la fe de la Iglesia

En Brasil tuve esta experiencia, que era -además- itinerante. Algunas personas dirigían la oración que se realizaba en la casa de quien nos invitaba. Cada día en un hogar diferente. El compromiso del anfitrión era el de invitar a sus vecinos. De esta forma se hacía una pastoral no ya con las personas que habitualmente iban a la iglesia, sino también con otros que nunca hubieran ido a la parroquia y que, de este modo, tenían la oportunidad de descubrir la Palabra de Dios. La lectura era elegida en función de las circunstancias, pero las respuestas no venían dadas de antemano. Algunas veces no salía nada y otras te estremecías al ver la acción del Espíritu y comprobar hasta qué punto es cierto que: “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Evangelización versus militancia

En la Diócesis de Madrid, algunas personas están confusas porque la encuesta les parece un añadido fuera de lugar en el contexto de la Lectio divina. Dado el estilo tan profesional que tiene la propuesta, no parece lógico suponer que se trate de una inadvertida incoherencia. Parece más bien una “ayuda extra” al Espíritu Santo, por si se le ocurre sugerir algo que no entre dentro de los objetivos que sin duda están en el origen de todas estas actividades.

Fotografía en la que aparece una multitud en la que no se distingue nada. Corresponde a la JMJ que tuvo lugar en Madrid en el 2011Ahora bien, cuando los objetivos de una determinada pastoral vienen marcados de antemano al modo en que por ejemplo un profesor puede marcar los de su materia o un empresario su plan de ventas, puede que los objetivos materiales (militancia) se consigan, pero la evangelización es otra cosa. Evangelización versus militancia.

Los documentos para el Plan Diocesano de Evangelización

Presento a la consideración de los lectores los primeros documentos emanados de la Diócesis para la realización de dicho PDE.

El cuaderno animador

Evangelización versus militancia. Portada de un folleto titulado: Plan Diocesano de Evangelización 2015-2018. El animador del grupo del PDEEn primer lugar tenemos el CUADERNO ANIMADOR, extenso folleto en el que se detalla el "perfil" que se espera del "animador". En dicho cuaderno se describe al perfecto moderador y se añade: “a ser posible, estar familiarizado con la metodología de la Lectio divina”. Este requisito no es imprescindible. Es decir, que un buen presentador de televisión o un buen profesor serían sujetos ideales para el puesto. De la fe, las costumbres o el compromiso cristiano no se dice ni una palabra. Evangelización versus militancia.

El Cuestionario Núcleo 1 PDE

Preguntas en las que Cristo está ausente

En segundo lugar tenemos el Cuestionario Núcleo 1 PDE. Que nadie espere en él preguntas tales como: “de 0 a 10, ¿cómo valorarías el lugar que ocupa Cristo en tu vida?”. En lugar de eso, aparece una serie de puntos en los que se pregunta por tu “grado de desánimo”. ¿Desánimo frente a la falta de fe o de práctica cristiana en nuestra sociedad? En modo alguno. El grado de desánimo es frente a las actividades pastorales de la parroquia. Grado de desánimo, es decir, que “0” significa que todo lo que se hace en tu parroquia te parece genial y “10” significa que te parece que lo que se está haciendo no sirve para nada.

La mejor defensa es un buen ataque

Evangelización versus militancia. Chiste que representa a un individuo bajo un paraguas abierto. En la calle no llueve, pero sí que lo hace debajo del paraguasNo se pregunta por la opinión que te merece la pastoral parroquial. La pregunta es por el "grado de desánimo", dejando de este modo zanjada cualquier crítica que pudiera surgir. El grado de desánimo es algo totalmente subjetivo, el desánimo nace de tu interior, no tiene nada que ver con la realidad objetiva. Así pues, si tú criticas el modo en el que se lleva a cabo la pastoral de tu parroquia, el problema lo tienes tú (y es culpa tuya). Evangelización versus militancia.

Preguntas abiertas para cuestiones irrelevantes

En los primeros apartados, las preguntas son totalmente cerradas y no se da ninguna opción a hacer la más mínima sugerencia. Es al final, y ante cuestiones totalmente irrelevantes, donde se piden sugerencias. Se trata sobre todo de las diversas cuestaciones que suelen tener lugar en las diócesis. Pero también hay otras cuestiones un tanto desconcertantes. Por ejemplo, se piden sugerencias sobre “La Fiesta de Nuestra Señora de la Almudena”. Mientras las primeras preguntas eran totalmente cerradas, aquí la pregunta es tan abierta que resulta difícil saber acerca de qué se están pidiendo sugerencias. ¿Cambiar la fecha?, ¿cambiar la hora de la misa…? Porque no quiero pensar que el Obispo de Madrid esté pidiendo sugerencias para atraer a los turistas a base de borracheras como hacen en otros lugares para “honrar” –así lo llaman- a sus respectivos patronos.

El Cuaderno de trabajo Núcleo 2

Evangelización versus militancia. Dibujo que representa una enorme tela de araña en forma de madeja junto a una araña también enorme. Dentro de la tela de araña hay un hombre y una mujer junto con un perro. Fuera un hombre corre a refugiarse en la tela de araña, mientras los de dentro le dicen: "¡Bienvenido al nido!"
Evangelización versus militancia

En fin, en el Cuaderno Trabajo Núcleo 2 se nos presenta como tema de oración, reflexión más bien, el texto de Hechos 17,16-34 donde se nos muestra a san Pablo hablando en el Areópago y aprovechando la oportunidad que se le presenta para hablar de Cristo al ver un altar dedicado “al dios desconocido”. Las preguntas son tan concretas que no dejan opción a responder sino lo que tiene previsto el autor de dicho cuaderno. El texto es tan claro que las preguntas en lugar de abrir, cierran y en lugar de ayudar, estorban. Son tan prolijas, que las respuestas difícilmente surgirán de la oración comunitaria o de la experiencia profunda de los presentes, sino más bien de lo que sea percibido por estos como la “respuesta correcta”.

¿Más Cristo o más control de la jerarquía sobre los laicos?

Fotografía del interior de una iglesia abandonada y casi en ruinasAsí pues, ante la indiferencia general de la sociedad española frente a la Iglesia, la “Evangelización” no es vista por nuestra jerarquía como una vuelta a Cristo de todos -en primer lugar de los que pretenden estar más cerca (Mc 9,35)-, sino como el promover un sentimiento de pertenencia más parecido al ingreso en un club o en un partido político que una adhesión personal a Cristo.

"Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1,15). Convertíos, vosotros. Todos. Volveos a Cristo, que eso es creer en el Evangelio. No hay evangelización sin conversión y no hay evangelizador que no necesite de esa misma conversión que predica. La evangelización es una llamada que comienza por uno mismo a vivir la vida de Cristo desde el humilde reconocimiento de nuestra realidad pecadora, pero fijos los ojos en Aquél que hace Nuevas todas las cosas. Convertirse es volverse hacia Dios y nadie tiene más necesidad de conversión que aquél que desea convertir a los demás, pues nadie da lo que no tiene. Y, como Cristo es el único que salva, el evangelizador debe ser como un nuevo Juan el Bautista, siempre dispuesto a disminuir para que Él crezca (Jn 3,30).

Imagen animada de un árbol de navidad con sus luces parpadeando
¿Qué tiene que ver el misterio de la Encarnación con los abetos? Eso es otro misterio, ciertamente.

No voy a entrar en la cuestión de cómo se celebra hoy la Navidad. Eso es algo que todos sabemos. Hace muchos siglos, ante el dilema de suprimir o dar el cambiazo, la Iglesia decidió cristianizar unas fiestas paganas y hoy el paganismo ha recuperado lo que era suyo. Se trata únicamente de la fuerza de la gravedad: cuando las fuerzas que elevan el espíritu decaen, las cosas caen por la fuerza de su propio peso.

Y tampoco voy a entrar en el espíritu navideño que a algunos católicos les embargaba por estas fechas en forma de solidaridad transitoria, como de forma cruelmente sarcástica caricaturizó Berlanga en su película Plácido.

El misterio de la Encarnación

El misterio de la Encarnación. imagen animada en la que aparecen la Virgen y san José con el niño Jesús de quien salen unos rayos de luz parpadeantes. En contra de lo que pudiera parecer, al hablar de la Navidad lo fácil es explicar el contenido dogmático que encierra la fe en el misterio de la Encarnación. Decir que el Verbo de Dios se hizo carne, que la segunda Persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre, ése es el gran dogma de nuestra fe, la seña de identidad del cristiano.

Decirlo es fácil. Creerlo no es fácil ni difícil: se cree o no se cree. Pero vivirlo... ¡ah! vivirlo. Eso es otro asunto.

Pero, ¿qué significa el Misterio de la Encarnación? Dicho de otro modo, ¿qué significa para nosotros este misterio de nuestra fe? ¿Qué diferencia hay entre creer únicamente que existe Dios y creer que Jesús de Nazaret es Dios?

Creer en Dios y no creer en la divinidad de Jesucristo es perfectamente compatible con tener una imagen de Dios cercano y preocupado por los hombres. Aunque sería un error olvidar la imagen concreta que de Dios nos transmiten los Evangelios. No ya como Padre, sino como "abba" (papá).

Hijos en el Hijo

Fragmento de la Creación del Mundo. Fresco de Miguel Ángel que se encuentra en la Capilla Sixtina. En el fragmento aparece únicamente Dios creador. Pero hay más. Con la Encarnación, la humanidad queda de algún modo santificada. Y digo "de algún modo" porque hoy en día circula de forma implícita una creencia ciertamente herética como si el hombre pudiera llegar a ser Dios. Hoy en día no existe debate teológico de ningún tipo. Las ideas no se afirman, solamente se sugieren y así uno queda indefenso ante ciertas corrientes.

Somos "hijos en el Hijo", lo que quiere decir que nadie es hijo fuera de Cristo. Y lo de ser "otros Cristos" tampoco significa la divinización del hombre, de ningún hombre y tampoco de la humanidad como tal. No es la divinización lo que nos enseña en Nuevo Testamento, sino la kénosis:

6Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
7al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
8se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

9Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
10de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
11y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.(Filp 2,6-11)

El seguimiento de Cristo

Cristo en el huerto de Getsemaní. Cuadro de Heinrich Hofmann. 1890.
Christ in the Garden of Gethsemane
Heinrich Hofmann, 1890

Éste es el Dios en el que creemos y, para ser "otro Cristo", no hay otro camino que la cruz: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» (Mt 16,24). Es el "aprendió sufriendo a obedecer" de Heb. 5,8. Así es Dios y no como nosotros nos lo imaginamos:

Es que Dios sabe muy bien que el día en que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal (Gn 3,5)

 

Perseus. Escultura de Antonio CanovaDe modo que la el Misterio de la Encarnación no es sólo ni fundamentalmente una lección acerca de la cercanía de Dios, sino más bien una lección acerca de quién es realmente Dios, de cómo es Dios. Justo lo contrario de cómo nos lo imaginamos nosotros.

«Si uno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» (Mc 9,35)

 

Brotes. FotografíaCreer en Cristo es creer que solamente por Cristo, con Él y en Él podemos llegar a Dios. Y eso significa creer también que el Reino de Dios crece por la fuerza de Dios a partir de una semilla muchas veces invisible. La Evangelización es obra de Dios, no nuestra. Las técnicas de marketing están de más en la Iglesia. Y también están de más los métodos antiguos, tales como centrarse en la educación de las élites. Dios se manifiesta dónde y cómo quiere, generalmente donde menos pensamos.

Dios ha escogido más bien a los que el mundo tiene por necios para confundir a los sabios; y ha elegido a los débiles del mundo para confundir a los fuertes (1 Cor 1,27)

 

1

Una santa de nuestros días. Quien lo desee, se puede descargar traducción al portugués en pdf. NO MÊS DE TODOS OS SANTOS UMA SANTA DOS NOSSOS DIAS

¿ Quién era Doña Elvira?

Una santa de nuestros días. Foto de Doña Elvira en la puerta de su casa
Una santa de nuestros días. Doña Elvira en la puerta de su casa el día 7 de marzo de 1997

Una santa de nuestros días.

Doña Elvira Silveira Santana, nacida  en el estado brasileño de Bahía el día 18 de noviembre de 1939. Fallecida en Campo Grande -Mato Grosso do Sul, Brasil-  el día 17 de noviembre de 2015.

Al día siguiente hubiera cumplido 76 años. Yo la conocí  con 20 años menos y es una de las personas que más huella ha dejado en mi vida.

Estaba casada y su marido -que tiene Alzheimer- no para de llorar [1]. El matrimonio tuvo 19 hijos de los cuales 9 murieron en la infancia. En la actualidad tenía 8 tataranietos.

Una santa de nuestros días. Foto de Doña Elvira con su marido, el Sr. Antonio
Doña Elvira con su esposo. Foto cedida por su hija María

Era doña Elvira una persona que nunca se alteraba por nada. Un día le pregunté cómo es que nunca se ponía nerviosa. Ella me respondió: "es que, si me pusiera nerviosa, ya me habría muerto". Tenía un carácter extraordinario y una vitalidad calmada, pero incombustible. Nunca se rendía.

La capilla Madre Paulina

Mapa_Politico_Brazil_1981_CIA (modificado)Estaba la Parroquia Cristo Luz dos Povos dividida en varias "capelas". Las grandes celebraciones tenían lugar en la "matriz" con la cual había un contacto constante, pero las celebraciones dominicales se realizaban en cada "capela" que tenía su propia estructura pastoral. La parroquia abarcaba una zona muy amplia cuyo centro estaba en un barrio residencial habitado por familias de clase media, al tiempo que se adentraba en una de las favelas de Campo Grande. Su proximidad al río hacía especialmente dura la situación de muchas familias que veían sus chabolas inundadas cada vez que llovía un poco más de lo habitual (que, en algunos meses, era un día sí y otro también).

En el lindero de esta favela estaba la Capela Madre Paulina. Por no haber, no había ni templo [2]. Las eucaristías y otras celebraciones litúrgicas tenían lugar en el patio cubierto de la pequeña escuela que el ayuntamiento cedía a la parroquia los domingos.

No había capilla de ladrillos, pero había comunidad. Y había un presidente de la comunidad y una serie de cargos laicales... pero, sobre todo, estaba Doña Elvira.

Una santa de nuestros días

Doña Elvira en el salón de su casaA Doña Elvira, el párroco que había en ese momento la tenía completamente ninguneada. Y Doña Elvira quería ser Ministra de la Eucaristía para llevar la comunión a los enfermos. Pero Doña Elvira no tenía estudios y el párroco seguramente pensó que no tenía la preparación adecuada. El párroco puso a un presidente de la comunidad que sí que tenía estudios, pero que no asistía a las reuniones... salvo que fueran en la matriz y hubiera ocasión de lucimiento.

Y fue entonces cuando yo aprendí que el trabajo por el Reino de Dios es el trabajo que Dios hace cuando todo está en contra y, muy especialmente, cuando nadie lo ve. Y yo aprendí a trabajar por el Reino de Dios poco menos que "en la clandestinidad". No era difícil. La capela Madre Paulina era muy pequeña y muy pobre y el párroco tampoco asistía a nuestras reuniones (sí que celebraba la Eucaristía el domingo que le tocaba, y con mucho fervor, por cierto).

En la comunidad casi nadie tenía teléfono, de modo que, para dar cualquier aviso, había que ir casa por casa.... o pasar un rato en casa de Doña Elvira. Bastaba con estar un par de horas en su casa para ver a todo el mundo.

Mujer de intensa oración

Y, en cuanto había un grupito de gente en su casa, Doña Elvira sacaba el rosario y allí no se libraba nadie. Yo no he visto en ninguna parte rezar el rosario de ese modo. Se creaba un ambiente increíble de oración, era un susurro envolvente en el que Cristo y María debían estar a sus anchas. Impresionante.

Doña Elvira no tenía estudios, pero tenía una vida interior que es muy difícil encontrar en nadie. Y, lo que es más difícil todavía, nunca pedía a los demás lo que ella no estuviera dispuesta a hacer. A decir verdad, ella no pedía nunca nada. Simplemente se ponía en marcha y lo mejor que uno podía hacer era seguirla en el convencimiento de que, donde fuera doña Elvira, allí estaba Cristo.

Una experiencia dramática

Nunca olvidaré la experiencia dramática que nos tocó vivir a ambas. Hacía unos días que había desaparecido una pareja de novios adolescentes. Una semana después aparecieron muertos, prácticamente carbonizados por el intenso calor. Habían tenido un accidente con la moto en una zona muy poco frecuentada. Las familias de los desafortunados jóvenes eran personas poco creyentes y bastante conflictivos. Nadie de la parroquia se atrevió a ir a darles el pésame en el convencimiento de que dicho gesto podría ser considerado como una provocación, que seguramente echarían la culpa a Dios de su desgracia y, de paso, a cualquiera que se atreviera a mencionarlo.

Doña Elvira en su casa levantando un cuadro que representa al Sagrado Corazón de JesúsPues bien, doña Elvira dijo que nuestro deber era ir a llevar a Dios a esa familia en su desgracia y que ella pensaba ir. Y yo me fui con ella a la casa de uno de los chicos. Allí, en un patio bastante grande, habría no menos de cuarenta personas. No recuerdo cómo fue. Solamente recuerdo a toda aquella gente sentada en un gran círculo. No se oía una mosca. Solamente se oía la voz de doña Elvira. Yo no podía dar crédito a mis oídos. Doña Elvira no tenía estudios, pero las palabras que salían de su boca eran las palabras de alguien sumergido en Dios y de alguien sabio. Estoy segura de que aquél día doña Elvira había rezado más de lo acostumbrado y que fue el mismo Cristo quien habló por su boca.

Aunque nadie promueva la causa de su beatificación

Y estoy también segura de que hoy hay en el cielo una nueva santa, una santa de nuestros días. Aunque seguramente nadie promoverá la causa de su beatificación. Lo sabrá Dios, lo sabrá la Virgen -a quien ella tanto amaba- lo sabrá su gran familia y lo sabremos todos aquéllos que tuvimos la enorme suerte de ser sus amigos.

Nuestra santa, una santa de nuestros días

Doña Sebastiana y su marido el señor Júlio

Dña. Sebastiana y su marido, el Sr. Julio
Dña. Sebastiana y su marido, el Sr. Julio

Aprovecho para recordar con mucho cariño a otras dos personas que eran parte muy importante de esa Comunidad y que también han fallecido este año. El matrimonio formado por doña Sebastiana y el Sr. Julio. Siempre estarán en mi corazón y sé que un día nos reencontraremos.

Esquela del Sr. Julio RochaEsquela de Doña Sebastiana José da Silva

 

 

 

Doña Ilda

La última foto que Doña Ilda me envió por whatsapp pocos días antes de morir El Señor se llevó ayer junto a sí a doña Dozailda Lima Madeiros da Silva. Había nacido el 17 de septiembre de 1951. Falleció en Campo Grande-MS- Brasil el 4 de diciembre de 2015, a las 17:10'. Es como si Dios quisiera que aquella pequeña comunidad volviera a reunirse en el Cielo. Pero la comunidad no sería lo mismo sin la inefable sonrisa de doña Ilda. Siempre parecía contenta y era una mujer muy divertida. Y no precisamente porque su vida fuera fácil. Pero ella era la mujer fuerte que hacía fácil lo difícil.

Llevaba varios años viuda y, aunque no tenía hijos, había criado como tal a su sobrino Samuel. Y de algún modo también era un poco madre de todos sus hermanos. De una forma discreta y humilde, pero era más que evidente el respeto que toda su familia le tenía. No tengo duda de que se lo había ganado a pulso.

[1] El Sr. Antônio falleció el día 10 de diciembre de 2016.

[2] Después de mi marcha, la situación ha cambiado mucho. Canalizaron el río, urbanizaron la zona y construyeron una preciosa capilla.

1

El mundo está pendiente del Sínodo de obispos reunido en estos momentos en Roma. En él se está hablando de los problemas de la familia hoy. Los periodistas hablan de un supuesto conflicto ideológico entre los obispos reunidos. Mencionan una carta que trece de ellos habrían escrito al Papa. Parece que algunos -ignoro si estos mismos u otros- habrían amenazado con un cisma.

Por su parte, algunos teólogos han firmado un manifiesto con una serie de propuestas. Mientras tanto, algunos sacerdotes piadosos rezan para que Dios ilumine al Papa. El asunto que les preocupa es la comunión de los divorciados vueltos a casar.

Todo esto provoca en mí las siguientes preguntas:

  • ¿De qué se está hablando en el Sínodo? ¿De qué problemas se está hablando?
  • ¿Cuáles son los problemas reales de la familia hoy?

MapamundiEsto, a su vez, me provoca otra cuestión: ¿son los problemas que acucian a las familias actuales los mismos en todas las partes del mundo? Por poner solamente un ejemplo: ¿son las familias africanas como las familias españolas? ¿De qué están hablando los obispos?

Ciertamente existen hoy conflictos morales que requieren una respuesta. ¿Pero radican ahí los problemas de las familias actuales?

Por ejemplo. El conflicto moral de algunas personas casadas en segundas nupcias es un problema que merece atención. Pero no es un problema de las familias. Es un problema individual. Muchas veces no es ni tan siquiera un problema compartido en pareja. Es un problema personal y de conciencia. Si hubiera hoy una teología viva, una verdadera investigación teológica -como hubo en otros tiempos- ya estarían debatiendo sobre el asunto los mejores teólogos. Hoy, sin embargo, no existe debate teológico en profundidad porque la respuesta a todo se espera del Papa.

Por lo que respecta a los homosexuales, es una cuestión incómoda que deberá ser afrontada oficialmente por la Iglesia en algún momento. Hacer la vista gorda no parece una respuesta adecuada. En cualquier caso, culpar a las uniones entre homosexuales de la "crisis de la familia" es sencillamente absurdo. Cada familia es artífice de su propia felicidad o de su propia desgracia. Echar la culpa a los demás es una clara muestra de inmadurez.

¿Cuál es entonces la problemática de la familia hoy?

Mapa de España

Hablando desde España [1], los problemas reales de la familia hoy se pueden ver desde una triple perspectiva:

 

Perspectiva sociológica

La perspectiva sociológica es fundamental al tratar de la familia hoy, por más que tengamos puestos los ojos en la familia "cristiana". Entre otras cosas porque es muy difícil definir qué se entiende por familia cristiana. ¿Los casados por la Iglesia? ¿Los que piden los sacramentos para sus hijos? ¿Las familias formadas por católicos practicantes? ¿Qué pasa cuando en la pareja uno es practicante y otro no? Pues bien, desde un punto de vista sociológico, parece que los problemas que acucian a las familias son los siguientes:

  • La falta de amor entre los esposos (familias donde se respira tensión nada más entrar por la puerta, allí donde ya ni se discute porque directamente no se hablan).
  • Familias rotas donde los niños son los grandes perjudicados. YenFamilia hoy. Dibujo de una pareja gritando mientras tiran de los brazos de un niño, cada uno para un ladodo de aquí para allá en el mejor de los casos. A veces con órdenes de alejamiento. Utilizados muchas veces para hacer daño a la otra parte.
  • Infidelidades continuadas. Esto no es nuevo, pero ahora se da a dos bandas.
  • Convivencia escasa y basada en el consumismo (domingos pasados en centros comerciales, niños que ven muy poco a sus padres, pero que obtienen todo lo que piden...).

Perspectiva económica

Dibujo de una familia pobre pidiendo limosna. Tienen un sombrero en el suelo esperando que les echen dinero. En lugar de eso, un viandante echa un condón en el sombrero. La perspectiva económica tiene también su importancia. La sabiduría popular dice: "donde no hay harina, todo se vuelve tremolina". Y, más allá del nivel económico está sobre todo la inseguridad. Y esto lleva a:

  • Necesidad de que trabajen los dos fuera de casa (a menudo con grandes desplazamientos y horarios incompatibles con la crianza de los hijos). A veces por pura necesidad, otras veces por el afán de vivir mejor.
  • El trabajo de los dos también es necesario por la inseguridad en el empleo (no se puede dejar un trabajo, si no estás seguro o segura de que tu cónyuge va a conservar el suyo).
  • Y está también la inseguridad que genera la desconfianza de los esposos entre sí (si te dan la patada, que al menos no te quedes con el día y la noche).
  • El trabajo de los dos no es algo ni mucho menos nuevo, lo que es nuevo es que dicho trabajo sea por cuenta ajena y muy lejos de casa.

Perspectiva religiosa

Finalmente está la perspectiva religiosa:

  • Tarta blanca con unas figuras encima, que dejan ver claramente que se trata de una tarta preparada para la celebración de una primera comuniónFamilias que no practican, pero que solicitan sacramentos para sus hijos.
  • Padres que dejan a sus hijos en la iglesia para que asistan a misa (catecúmenos de primera y última comunión)... y pasan después a recogerlos.
  • Añadamos a esto la cantidad de matrimonios que se celebran por la Iglesia... "porque es más bonito" (literal).

Para dar respuesta a todo esto y a muchas cosas más habría que evitar que la sexualidad cope la atención para centrarnos en lo más importante, es decir, en las consecuencias que la actuación de los padres tiene en los hijos. Y la actuación de los adultos no podemos limitarla a lo sexual. El egoísmo tiene múltiples facetas.

Los hijos en las familias hoy

Esto es lo más importante en una familia. Evidentemente en aquellas familias que los tienen. Y no centrarnos en si muchos o pocos, si los pueden adoptar unos u otros, etc. A lo mejor sí convendría fijarse en por qué se buscan, si muchas veces no son deseados como un logro más en la vida.

Papel de los padres en la transmisión de la fe y los valores

Es precisamente esta centralidad de los niños la que debería llevar a la Iglesia a centrarse, no en los niños, sino en los padres. Porque no es la parroquia, ni son los colegios los que transmiten la fe y los valores. Todos los profesores de religión del mundo no pueden suplir la fe de los padres cuando es genuina. Una fe transmitida al ritmo de la propia vida en el día a día del hogar. Todo lo contrario de esas catequesis parroquiales dadas al ritmo que marcan las leyes de educación (por ejemplo, hacer coincidir la primera comunión con el 4º de primaria).

Las huellas de la infancia

No son los discursos, sino la vida la que forma a los seres humanos. Los recuerdos de la infancia permanecen impresos en el corazón del hombre y de la mujer durante toda su vida.

Un entorno amoroso

Familia hoy. Dibujo que representa a un hombre y a una mujer caminando en direcciones opuestas, mientras sujetan la mano de un niño (el mismo niño) que aparece partido en dos.
El niño que se sabe querido por unos adultos que se llevan bien, y que saben que querer a un niño no es darle todos los caprichos, ese niño tendrá el día de mañana una buena base sobre la que construir su vida.

Niños rotos por dentro

Por su parte, el niño que sabe que sus padres se llevan a matar se siente roto por dentro. al tiempo que aprovecha la situación para manipular a los dos. Es natural entonces que se cree su propio mundo de iguales y no confíe en los mayores. La educación se torna entonces imposible y muchos padres pretenden que los profesores ocupen un lugar que ellos han abandonado y en el que son insustituibles.

La huella de la pobreza

En otro orden de cosas, las necesidades materiales cuando alcanzan un punto imposible de ocultar y especialmente cuando son vividas en un mundo de lujo ostentoso, la angustia por el mañana que los padres transmiten sin querer, las trifulcas familiares, los chantajes emocionales, etc. permanecen gravados a fuego en las mentes infantiles y las consultas de los psicólogos están llenas de adultos que arrastran estos traumas y otros peores durante toda su vida.

La crisis de la familia hoy

Este tipo de cosas son las que están en el núcleo de la crisis de la fDibujo de Jesús de Nazaret con su corazón en la mano. Debajo en tamaño mucho menor, se ven varios adultos y algunos niños. amilia actual y van mucho más allá de otras cuestiones morales cuya solución debería ser buscada en primer lugar por equipos de moralistas en diversas partes del mundo, antes de esperar una solución jurídica emanada directamente del Papa. Estos estudios enriquecerían así la teología y la vida de la Iglesia. El magisterio sería entonces última palabra, colofón en lugar de primera de la cual hacer después exégesis.

Lo que está en el fondo de la crisis de la familia hoy no son los "modelos" de familia. Lo que está en el fondo de la crisis de la familia es la falta de familia, la falta de valores, la falta de fe y la falta de agallas para reconocer que, incluso aquellos que decimos creer en Cristo, vivimos como si no creyésemos.

[1] Desde la perspectiva colombiana puede leerse este interesante artículo que puede además servir de ejemplo para ver las dificultades a la hora de dar una solución universal a los problemas de las familias.

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Si la sal se vuelve sosa...

No voy a hablar de porcentajes de asistencia dominical a los cultos de las diferentes confesiones cristianas. Ya hay otros que se ocupan de esto, aunque sea para anunciar el fin del mundo.

Tampoco voy a entrar en las intenciones ni en las convicciones de los fundadores de la Unión Europea. Eso ya lo han hecho otros también.

La reflexión que yo querría hacer en este momento se refiere a dos cuestiones:

  1. A la Europa que efectivamente hemos construido.
  2. A que, más allá de que esta Europa se declare cristiana o laica -aunque no habremos de esperar mucho para que de facto termine siendo musulmana- los católicos guardan en ella un silencio que es necesario calificar de cómplice.

La Europa que hemos construido

Mapa de la Unión europeaLa idea de una Europa unida surgió poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial. La intención fue que nunca más volviera a suceder nada parecido.

En sucesivos pasos la unión económica se fue consolidando y anexionando nuevos países.

Tenemos unas instituciones supranacionales, una moneda común, un mercado común y unos derechos como ciudadanos (aquí un breve resumen).

El Estado del bienestar

Dibujo en el que aparece un rico (gordo y tomando un aperitivo) sentado encima de un pobre (muy delgado y a cuatro patas). Detrás del rico otro hombre mide la distancia entre ambos y dice: "Interesante... la distancia entre ricos y pobres es más pequeña que lo que creíamos..."Todo el mundo parece estar de acuerdo en que la característica común de esta asociación de países que es la Unión Europea, es el llamado "Estado del bienestar" cuyo modelo, por cierto, no es único.

El Estado del bienestar significa básicamente que el Estado proporciona a sus miembros una cobertura social. Sanidad, educación, pensiones, subsidio de desempleo... corren por cuenta del Estado. Esto requiere una recaudación fiscal importante. Por ello, el fraude fiscal o una fiscalidad regresiva pone en grave riesgo dicho Estado de bienestar.

Por otra parte, es evidente que, para que en un país pueda llevarse a cabo un Estado de bienestar, es necesaria una cierta prosperidad. Sin prosperidad ni se podrían recaudar los impuestos necesarios, ni se podría atender a todas las necesidades.

Coto cerrado e insaciable

Aquí es donde la cosa se complica. Porque hoy en día nadie puede honestamente negar que la prosperidad de la que gozamos en Europa -a pesar de la crisis- es imposible de exportar al mundo entero.

Gráfico que representa el crecimiento del PIBEsta prosperidad requiere de un crecimiento constante, crecimiento que depende básicamente de un consumo creciente.

Entiendo que todas estas cosas son tan sabidas que parece superfluo mencionarlas. Y tampoco es éste el lugar -ni soy yo la persona indicada- para dar a nadie lecciones de economía. Intento únicamente recordar algunas cosas que nos pongan en situación.

La Europa en la que nos hemos convertido

No sé si alguna vez habrá existido esa Europa idílica de la que algunos hablan. En el siglo pasado, los antecedentes son dos guerras europeas que -más o menos justificadamente- fueron consideradas "mundiales". Tampoco voy a entrar en un debate histórico que está fuera de lugar para nuestro propósito.

O, tal vez, la Europa que siempre fuimos...

En el siglo XIX los pueblos europeos casi sin excepción dieron buena muestra de su carácter depredador. La colonización de África por parte de gran parte de los países europeos -de manera especial Inglaterra y Francia- fue un abuso de consecuencias dramáticas cuyo horizonte a día hoy es impredecible. El África que hoy conocemos o, mejor dicho, desconocemos, es en gran medida consecuencia de aquello.

Podríamos continuar nuestra historia marcha atrás en el tiempo. Nos encontraríamos con actuaciones aún menos edificantes. Algunas de ellas lo bastante complejas como para que no se puedan despachar en un par de párrafos.

El ombligo del mundo

Baste lo que hemos dicho para afirmar que no cabe duda de que aquellos polvos trajeron estos lodos. Empezando por creernos que el mundo era nuestro. Continuando por creernos que el mundo directamente éramos nosotros. Y terminando por el holocausto cuyas consecuencias no hemos empezado todavía a pagar. No hace falta ser analista político para darse cuenta de que gran parte de lo que está sucediendo ahora es consecuencia de aquello. Y esto no ha hecho más que empezar.

Una fortaleza sin valores y sin compasión

Si la sal se vuelve sosa. Foto de concertinas
concertinas

Basta con ver el telediario -cualquier día, a cualquier hora y en cualquier canal- para ver cómo se están construyendo por doquier muros -e incluso alambradas con concertinas- para impedir el paso a miles de refugiados y de inmigrantes.

Aún así, continúan y continuarán llegando... y continúan y continuarán muriendo en el Mediterráneo. Y nosotros continuamos con la absurda pretensión de ponerle puertas al campo.

En el caso de los subsaharianos podría entenderse por nuestra total ignorancia de lo que sucede en África. Ignorancia culpable y bochornosa, sobre todo porque se trata de un silencio casi impenetrable. Pero ahora, en el caso de los iraquíes y más especialmente de los sirios, no es ignorancia sino rechazo.

Quienes les llaman "goteras" o "plaga" están dejando muy clara la imagen que tienen de Europa. Esto me recuerda un pasaje de la Escritura que dice así: "No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto" (Exodo 22,20). Forasteros fuimos nosotros, concretamente los españoles, en medio mundo. ¿Ya se nos ha olvidado? ¿Acaso eran "goteras" nuestros compatriotas cuando fueron por ejemplo a Argentina huyendo de la miseria o de la guerra?

Foto de un muro de ladrilloHace unos días salió publicado un artículo con el título siguiente: "Europa se ha convertido en una fortaleza sin valores y sin compasión". Más allá del contenido del artículo, me quedo con este titular.

Lo que se nos viene encima y sus causas

Hoy en día prima lo "políticamente correcto". Y lo políticamente correcto es culpar a la mano ejecutora, el último eslabón de la cadena. Mientras, los verdaderos culpables no sólo se van de rositas, sino que frecuentemente pasan por grandes benefactores.

Foto de Damasco (Siria). La foto es anterior a la guerra.
Damasco (Siria)

En este caso, lo políticamente correcto es poner en el punto de mira a los terroristas. Al mismo tiempo se habla de la guerra siria como una guerra civil al uso. Y nadie habla de los refugiados iraquíes. Tampoco se habla ya de Líbano. Solamente se menciona a los palestinos y de refilón.

La supuesta lucha contra el terrorismo

Foto de la Catedral marionita en Beirut (Líbano)
Catedral marionita - Beirut (Líbano)

Ya nadie recuerda que Líbano era un país occidentalizado, próspero y mayoritariamente cristiano. Tampoco recuerda nadie cómo los palestinos, azuzados desde el sur por Israel, buscaron refugio en el Líbano. Hasta allí fue a buscarlos el ejército de Israel. De este modo -y con el pretexto de luchar contra el terrorismo de Hezbolá- comenzó una guerra que ha destruido Líbano y que no lleva camino de terminar.

Foto de niño palestino tirando piedras a un tanque israelí
Niño palestino enfrenta a tanque israelí

Aclaro que, cuando hablo de pretexto, no estoy poniendo en duda la existencia del terrorismo. Lo que digo es que, combatir al terrorismo con un moderno ejército es la mejor manera de asegurar en las víctimas de hoy los terroristas de mañana.

Imagen de la gran cruz de Isabel la Católica
Gran cruz de Isabel la Católica

Y ¿qué decir de Irak? Los iraquíes tenían por gobernante un sátrapa cruel que, además, estaba masacrando al pueblo kurdo que habitaba el norte del país. Pero este hombre tenía unas excelentes relaciones con occidente (en España le premiaron incluso con la Gran Cruz de Isabel la Católica en 1974). La guerra contra Irak fue una invasión basada en una mentira que nadie se creyó en su momento y que los hechos confirmaron después.

Un analista político seguro que podría añadir muchas más cosas. Yo -que no lo soy- me quedo con el resumen de unas pocas cosas que son muy claras. El tandem Israel-Estados Unidos tiene un extraordinario interés en desestabilizar la zona en beneficio de Israel. Europa, por su parte, tiene intereses económicos muy importantes en Oriente Medio. Alemania tiene, además, grabado a fuego el holocausto (en la teología alemana es un leiv motiv). Así es que el silencio vergonzante, cuando no la colaboración (aunque discreta) están garantizados.

Los refugiados, víctimas por partida doble

¿Qué pasará en el futuro? Frente a los refugiados, el miedo a corto plazo está totalmente injustificado y es indecente usarlo como argumento. Decir que se pueden infiltrar terroristas -como se está diciendo en algunas localidades alemanas- es una infamia. Es cierto que los terroristas se pueden infiltrar en cualquier parte... por ejemplo entre los turistas que vienen en clase business. Más aún, cualquiera de nuestros vecinos puede ser un terrorista.

Los refugiados son gentes como nosotros que lo que quieren es vivir en paz. Por cierto, que muchos de ellos tienen estudios y las universidades alemanas ya están planteándose un sistema de becas para los refugiados. Una medida generosa e inteligente.

Sería, no obstante, ingenuo pensar que una llegada masiva de inmigrantes musulmanes a Europa no tendrá consecuencias a largo plazo. Baste recordar, recientemente, la guerra de los Balcanes. En el mundo occidental hablamos de "sociedad plural" para referirnos a lo que no pasan de ser diferencias de opinión o de ideología. Manejar una sociedad realmente plural puede llegar a ser la cuadratura del círculo. Pero es lo que hay y lo que nos hemos buscado.

Silencio cómplice de la Iglesia... si la sal se vuelve sosa...

En todos estos asuntos, la sociedad europea ha sido muy cobarde. Todos.

Los periodistas están en medio de la noticia. Algunos micrófono en mano esperando junto a las concertinas la llegada de los refugiados. Corriendo delante de ellos para no perderse la improvisada entrevista. Pero falta un análisis crítico de las noticias y, sobre todo, de sus causas.

Mientras, los debates políticos se centran en cuestiones locales repetidas hasta el hastío, especialmente en época de elecciones. Se nos hurta una visión global e internacional de la situaciones

Los gobiernos solamente han visto en el hecho un peligro para los planes de recuperación de sus propios países. Por su parte la oposición mide sus palabras (algunas denuncias podrían restarles votos). Por cierto, la única voz que se escucha es la de Angela Merkel, para gran disgusto de los alemanes y exponiéndose incluso a un batacazo electoral. En estos detalles está la diferencia entre un estadista y un cantamañanas.

El silencio de la Iglesia

Oír, ver y callar. Figuras hechas en la arenaY, en medio de todo esto, el silencio de la Iglesia (más allá del padre Ángel).

Puede que este silencio no llame la atención... pero ése sería el peor de los síntomas pues significaría que, ni está ni se la espera.

Una visita para canonizar a cinco beatos españoles y para bendecir a un presidente de gobierno

En marzo de 2003 comenzaba la guerra de Irak. Juan Pablo II se manifestó  - de forma muy tibia- contrario a la guerra y, en mayo de ese mismo año, visitaba España para la canonización de varios santos. Ni una mención a la guerra y, además, mostró como modelo de familia cristiana al dirigente político que había hecho de la guerra su bandera.

El papa Francisco

El primer viaje de Francisco I como Papa fue a Lampedusa en un gesto simbólico inédito. Pero, más allá del gesto simbólico, de la enérgica denuncia allí realizada, y del generoso ofrecimiento hecho en Roma un par de meses después, ¿por qué no se oye ahora su voz?

Y, ¿qué decir de los obispos españoles? Llevan en shock traumático desde marzo de 2013.

El Papa publicó recientemente una encíclica que ha causado un sordo revuelo en círculos católicos. En ella se deja muy claro el círculo vicioso que transforma el consumismo en explotación de la naturaleza y exclusión de los pobres (simultáneamente y por efecto de la misma causa). En dicha encíclica se dice claramente: "Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones" (Laudato si, n. 57).

Es muy importante una afirmación así venida de la jerarquía de la Iglesia. Pero se habla de la guerra como genérico y en futuro. A modo de advertencia. No se denuncia ninguna guerra concreta y, lo que es peor, se apunta al aire dejando que el lector poco avispado pueda fijar su atención en la dirección equivocada. Aunque las "nobles reivindicaciones" nos dejan leer entre líneas la auténtica dirección en la que van los tiros (literalmente).

Los obispos españoles

Mientras tanto, los obispos haciendo política interior, al menos en España. Saliendo a la calle cuando gobiernan "los otros". Guardando el más absoluto de los silencios cuando gobiernan aquéllos que se dicen católicos. No ejerciendo de pastores ni con los unos ni con los otros. Limitándose a negociar cuestiones económicas o endosando al Estado la tarea catequética que ellos son incapaces de llevar a cabo. Si la sal se vuelve sosa...

En el año 2003 los obispos españoles, en contra incluso de lo que había dicho el Papa -entre dientes, pero lo dijo- apoyaron al presidente que nos metió en una guerra en contra de la voluntad de los españoles y en contra de un país con el que siempre habíamos tenido buenas relaciones. El presidente era católico practicante, pero ningún obispo usó esa ventaja para interceder. Si la sal se vuelve sosa...

Los obispos hablan mucho del divorcio, del aborto, del matrimonio entre homosexuales, etc. Pero todavía no he oído a ningún obispo hablar de las causas actuales del sufrimiento humano. Paro, inmigración, violencia machista, ¡corrupción! Parece que nada de esto va con ellos. Si la sal se vuelve sosa...

Los medios de comunicación

En los medios de comunicación están apareciendo algunas voces para decir que no nos podemos quedar en la compasión hacia las víctimas del hambre o de las guerras, sino que tenemos que denunciar las causas que han provocado -y continúan provocando- esta situación.

Aunque esta lucidez se debe sobre todo al miedo por las consecuencias que esta invasión pacífica pueda tener sobre nuestro bienestar, es forzoso reconocer que es cierto. Más allá de la solidaridad con las víctimas, es necesario ir a las causas. Pero no de la forma que irónicamente sugería Maruenda esta mañana. Ciertamente no. Enviar tropas para "pacificar" una zona, es como apagar un fuego con gasolina. A lo mejor bastaría con no venderles armas. O con presionar a los pirómanos bomberos para que dejen de agitar el avispero con pretextos que no convencen a nadie.

Por cierto, que el medio de comunicación menos sensible con estos temas es... ¿A que no lo adivinan? Si la sal se vuelve sosa...

Como ovejas sin pastor

Y, ¿qué tiene que ver esto con los obispos? Pues mucho. Hoy, festividad de san Agustín, podríamos recordar muchas de sus homilías (y las homilías de muchos otros obispos de la antigüedad) donde lo doctrinal no estaba reñido -sino todo lo contrario- con los tirones de orejas bien concretos a los fieles a ellos encomendados.

Especialmente en las cuestiones que perjudican a otros. En nuestros días, sería muy de desear -por ejemplo- que algún obispo levantase la voz contra la corrupción que no es otra cosa que robarnos a todos, lo que perjudica de forma especial a los pobres. Me imagino a cualquiera de aquellos Padres de la Iglesia. No hubieran guardado silencio. Tampoco hubieran hecho un tratado sobre la corrupción. Los tratados los hacían sobre las verdades de la fe o sobre las herejías que surgían generalmente apoyadas por intereses políticos. Pero en sus homilías se despachaban a gusto. Y se les entendía de maravilla. De modo que, en un ambiente cosmopolita, pagano y con grandes luchas en el interior de la Iglesia (no imaginemos una situación cómoda), las iglesias se les llenaban a rebosar. Pero, ya se sabe, si la sal se vuelve sosa...

Talentos enterrados

La Iglesia tiene una enorme ventaja sobre los dirigentes políticos: no dependen de las urnas. Echamos de menos la denuncia profética de las situaciones de injusticia que se dan en el mundo. Ojo. Denuncias dirigidas a quienes pueden poner remedio (cada uno en el lugar que está). Sin demagogias y sin generalidades.

Y sin confundir la misión de la Iglesia que es doctrinal, pero no al margen de la realidad. Ambas cosas están unidas. De hecho hoy en día hay una notable dejación doctrinal. En contra de lo que alguno pudiera pensar, ello no lleva aparejado un mayor interés por la vida de la gente. Todo lo contrario. Hoy en día en la Iglesia no se escuchan -o se leen- más que generalidades (si la sal se vuelve sosa...). Una verborrea vacía, una cuidada ambigüedad, un buenismo totalmente falto de concreción.

Si la sal se vuelve sosa... el futuro de la Iglesia

Y, por cierto, ahora que tanto se reza para que Dios envíe vocaciones y que tantos esfuerzos se hacen para la realización de pastorales vocacionales y que tanto se habla de nuevas formas de vida consagrada... se me ocurre recordar el surgimiento de algunas congregaciones religiosas anteriores al siglo XIX (siglo en el que la decadencia ya era patente).

Visión de san Pedro Nolasco. Cuadro de Zurbarán
Visión de san Pedro Nolasco

A modo de ejemplo y por lo llamativo de su misión, se me ocurre mencionar la orden de la Merced. Es curioso ver cómo en la página oficial de la orden se "dulcifican" sus orígenes, haciéndolos tan generales que ya nada parece diferenciarlos de otras congregaciones. Si la sal se vuelve sosa...

Con este ejemplo no estoy sugiriendo una forma concreta de vida religiosa. Lo que intento explicar es que la fe no nos aleja de la vida, sino todo lo contrario. Y con esto no estoy -ni mucho menos- poniendo en cuestión la vida contemplativa.

Lo que digo es que la Iglesia no tendrá ningún futuro mientras continúe centrada en su propia supervivencia. Los grandes hombres y mujeres que hicieron grande a la Iglesia lo fueron porque estaban llenos de Dios por dentro y de generosidad hacia fuera.

"Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente" (Mt 5,13)