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Tal vez no se había hablado nunca tanto de derechos humanos. Tampoco había habido nunca un antropocentrismo tan explícito como ahora. Y, sin embargo, nunca como ahora la vida humana había importado tan poco. ¿Cómo se puede entender semejante contradicción?

El humanismo

La Academia de Atenas. Fresco pintado por Rafael SanzioAunque no existe consenso por lo que respecta a la definición de humanismo, sí parece haber unanimidad a la hora de hacer coincidir el humanismo con el fin de la Edad Media. Como veremos después, esto tiene extraordinaria importancia.

Es interesante la distinción que algún autor hace entre humanismo y Renacimiento. El humanismo tendría un interés sobre todo histórico en la búsqueda de los orígenes clásicos (Grecia). El Renacimiento, sin renunciar a los principios básicos del humanismo, se centraría más abiertamente en el hombre desde una perspectiva más científica.

El hombre de VitrubioEl humanismo se suele relacionar con los valores. Valores humanos que algunos contraponen a un supuesto salvajismo que en ningún momento viene identificado. Por eso no es de extrañar que algún autor considere tautológico que muchos colegios se publiciten como centros de formación "humanista”.

Cabe preguntarse: ¿es el humanismo la única manera de enseñar valores? ¿Acaso no existían valores antes o fuera de la Europa que surgió a partir del siglo XV?

Antes de sacar conclusiones erróneas conviene conocer los orígenes del humanismo para entender el significado del término. Salvo que alguno pretenda darle un sentido diferente, en cuyo caso deberá advertirlo antes de comenzar.

Porque de lo que no cabe duda es de que el humanismo surge como reivindicación del hombre “natural” como contrapuesto a lo divino y sobrenatural que estaba en el centro del pensamiento medieval.

Antropocentrismo

Antropocentrismo. Fragmento de la escultura del David de Miguen ÁngelEl antropocentrismo es la doctrina central del Renacimiento, frente al teocentrismo medieval. El antropocentrismo  es  una corriente de pensamiento que afirma la posición central del ser humano en el cosmos. Se caracteriza por su confianza en el hombre y en sus obras -artes, ciencia, razón- y por su preocupación por la existencia terrena y los placeres que ofrece.

Pero, ¿es posible un verdadero antropocentrismo? La pregunta no es retórica. Un verdadero antropocentrismo sería aquél que hiciera del ser humano (de todos los seres humanos) el centro. Mi opinión es que el antropocentrismo -si en algún momento existió- muta inmediatamente en etnocentrismo. De ahí, tras pasar por sucesivas mutaciones, desemboca en individualismo. Mejor dicho, en egoísmo puro y duro.

Esto sucede en primer lugar porque el ser humano como tal no existe. Existen los seres humanos. Y, cuando el individuo habla de ser humano… en realidad está hablando de su raza, de su pueblo, de su familia o, directamente, de sí mismo.

Esta estrechez de miras suele venir envuelta bajo un ropaje pretendidamente filosófico que puede confundir a algunos. Lo cierto es que la búsqueda de la verdad requiere perspectiva.

Los árboles que no dejan ver el bosque

Fotografía en la que aparece una densa arboledaCuando caminamos por el bosque, si es muy frondoso, lo normal es que nos perdamos. Salvo que haya algún camino bien señalizado o vayamos acompañados de una brújula, un GPS o un guía experto. Esto mismo es lo que sucede cuando el hombre fija su mirada únicamente en el hombre.

Se da la curiosa paradoja de que, para conocer la realidad, a menudo hay que salir de ella. Por eso los equipos de rescate necesitan muchas veces la ayuda de un helicóptero. ¿Y qué se ve desde el aire? Desde el aire se ven, por ejemplo, los límites del bosque. Y se ve también el acceso más fácil para rescatar al infortunado montañero.

La filosofía debería ser entonces como un espejo situado por encima de las copas de los árboles. Algo así como los espejos que ponen los ayuntamientos en algunas esquinas o a la salida de algunos aparcamientos. De la misma manera que el hombre puede físicamente sobrevolar el mundo en el que vive, su perspectiva vital puede también sobrevolar el estrecho ámbito de lo antropológico.

El contexto

Que los seres humanos -plural- se preocupen de forma prioritaria de todo lo humano, es razonable. Reflexionar sobre el ser humano como si no existiera nada más es enorme torpeza.

avaricia. Fotografía en la que aparecen varios billetes de dólar. No se puede saber cuántos (no muchos). Alguien ha tenido el ingenio de dividirlos en dos grupos para formar con ellos la imagen de un corazón. Y es curioso que sea precisamente el Renacimiento, y su reivindicación de lo "natural" en el hombre, el comienzo de un engrandecimiento de las obras humanas de manera tal que la "naturaleza" es cada vez más vista únicamente en función de su utilidad para el hombre. Nuestra experiencia nos dice que la "naturaleza" termina así transformada nada más que en dinero.

Más curioso es todavía que la Iglesia haya asumido como suyas gran parte de las consecuencias de esta forma de ver la vida.

Digo que es curioso, porque la Iglesia ha abrazado de una forma muy generalizada lo que se llama "humanismo cristiano". El humanismo cristiano recoge -aunque algo edulcoradas- las características de un movimiento que surge básicamente como reacción contra el teocentrismo medieval, no para transformarlo, sino para liberarse de él. Mayoría de edad le llaman. No es de extrañar, pues, que aunque algunos defiendan un humanismo teísta, el humanismo termine siendo-en el mejor de los casos- deísta.

La realidad es tozuda. Cuando el hombre individual (porque el Hombre no existe) se torna el centro del universo, expulsa de dicho centro a todo lo que no sea él y su entorno más cercano. Esto desde luego incluye a la mayor parte de sus congéneres.

La salida

La única forma de que nos tomemos en serio la humanidad -no como género, sino en la realidad irrepetible de cada ser humano- curiosamente no es otra sino desinflar nuestro ego.

Esa pretendida liberación, que podría ser real individualmente considerada, no puede ser sino falsa al referirnos a una colectividad enorme. Porque el hombre es un ser social y en toda sociedad hay líderes. Yo personalmente prefiero que mis gobernantes no se consideren por encima del bien y del mal. Ya estamos viendo que esto es más frecuente de lo que a menudo se piensa.

Esto se puede conseguir de dos formas. Bien considerando al ser humano como un ser viviente entre otros, lo cual nos lleva a un respeto general hacia la naturaleza (y al hombre formando parte de ella). Bien reconociendo la existencia de un Ser Supremo que lo ha creado todo (de forma que nosotros no somos dueños ni siquiera de nuestra propia vida, cuanto menos de la de los demás).

Como vemos, la salida no es única, pero sí seguramente convergente.

Reconocimiento de nuestra pequeñez

Rayos de sol en un crepúsculo entre montañasEl respeto a la naturaleza tiene mucho de religioso, aunque no vaya acompañado de la fe en un ser supremo. Por su parte, alguien que cree en la existencia de un Dios que sostiene el universo y cuanto contiene en un acto eterno de creación, alguien que cree en esto -que se lo cree de verdad- no puede sino respetar religiosamente la creación.

Es importante hacer notar que, en ambos casos, el hombre toma conciencia de su pequeñez. Y esta toma de conciencia, más allá de los sentimientos que pueda provocar en el hombre, es un verdadero encuentro con su propia realidad más allá de cualquier demagógico delirio de grandeza (sólo desde el reconocimiento de la verdad puede haber ejercicio de la libertad).

Pues bien, sólo desde este respeto universal a la vida (por sabernos parte y no todo, o por saber que todo está en Dios), resulta creíble el respeto por la vida humana de forma verdaderamente universal.

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Si la sal se vuelve sosa...

No voy a hablar de porcentajes de asistencia dominical a los cultos de las diferentes confesiones cristianas. Ya hay otros que se ocupan de esto, aunque sea para anunciar el fin del mundo.

Tampoco voy a entrar en las intenciones ni en las convicciones de los fundadores de la Unión Europea. Eso ya lo han hecho otros también.

La reflexión que yo querría hacer en este momento se refiere a dos cuestiones:

  1. A la Europa que efectivamente hemos construido.
  2. A que, más allá de que esta Europa se declare cristiana o laica -aunque no habremos de esperar mucho para que de facto termine siendo musulmana- los católicos guardan en ella un silencio que es necesario calificar de cómplice.

La Europa que hemos construido

Mapa de la Unión europeaLa idea de una Europa unida surgió poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial. La intención fue que nunca más volviera a suceder nada parecido.

En sucesivos pasos la unión económica se fue consolidando y anexionando nuevos países.

Tenemos unas instituciones supranacionales, una moneda común, un mercado común y unos derechos como ciudadanos (aquí un breve resumen).

El Estado del bienestar

Dibujo en el que aparece un rico (gordo y tomando un aperitivo) sentado encima de un pobre (muy delgado y a cuatro patas). Detrás del rico otro hombre mide la distancia entre ambos y dice: "Interesante... la distancia entre ricos y pobres es más pequeña que lo que creíamos..."Todo el mundo parece estar de acuerdo en que la característica común de esta asociación de países que es la Unión Europea, es el llamado "Estado del bienestar" cuyo modelo, por cierto, no es único.

El Estado del bienestar significa básicamente que el Estado proporciona a sus miembros una cobertura social. Sanidad, educación, pensiones, subsidio de desempleo... corren por cuenta del Estado. Esto requiere una recaudación fiscal importante. Por ello, el fraude fiscal o una fiscalidad regresiva pone en grave riesgo dicho Estado de bienestar.

Por otra parte, es evidente que, para que en un país pueda llevarse a cabo un Estado de bienestar, es necesaria una cierta prosperidad. Sin prosperidad ni se podrían recaudar los impuestos necesarios, ni se podría atender a todas las necesidades.

Coto cerrado e insaciable

Aquí es donde la cosa se complica. Porque hoy en día nadie puede honestamente negar que la prosperidad de la que gozamos en Europa -a pesar de la crisis- es imposible de exportar al mundo entero.

Gráfico que representa el crecimiento del PIBEsta prosperidad requiere de un crecimiento constante, crecimiento que depende básicamente de un consumo creciente.

Entiendo que todas estas cosas son tan sabidas que parece superfluo mencionarlas. Y tampoco es éste el lugar -ni soy yo la persona indicada- para dar a nadie lecciones de economía. Intento únicamente recordar algunas cosas que nos pongan en situación.

La Europa en la que nos hemos convertido

No sé si alguna vez habrá existido esa Europa idílica de la que algunos hablan. En el siglo pasado, los antecedentes son dos guerras europeas que -más o menos justificadamente- fueron consideradas "mundiales". Tampoco voy a entrar en un debate histórico que está fuera de lugar para nuestro propósito.

O, tal vez, la Europa que siempre fuimos...

En el siglo XIX los pueblos europeos casi sin excepción dieron buena muestra de su carácter depredador. La colonización de África por parte de gran parte de los países europeos -de manera especial Inglaterra y Francia- fue un abuso de consecuencias dramáticas cuyo horizonte a día hoy es impredecible. El África que hoy conocemos o, mejor dicho, desconocemos, es en gran medida consecuencia de aquello.

Podríamos continuar nuestra historia marcha atrás en el tiempo. Nos encontraríamos con actuaciones aún menos edificantes. Algunas de ellas lo bastante complejas como para que no se puedan despachar en un par de párrafos.

El ombligo del mundo

Baste lo que hemos dicho para afirmar que no cabe duda de que aquellos polvos trajeron estos lodos. Empezando por creernos que el mundo era nuestro. Continuando por creernos que el mundo directamente éramos nosotros. Y terminando por el holocausto cuyas consecuencias no hemos empezado todavía a pagar. No hace falta ser analista político para darse cuenta de que gran parte de lo que está sucediendo ahora es consecuencia de aquello. Y esto no ha hecho más que empezar.

Una fortaleza sin valores y sin compasión

Si la sal se vuelve sosa. Foto de concertinas
concertinas

Basta con ver el telediario -cualquier día, a cualquier hora y en cualquier canal- para ver cómo se están construyendo por doquier muros -e incluso alambradas con concertinas- para impedir el paso a miles de refugiados y de inmigrantes.

Aún así, continúan y continuarán llegando... y continúan y continuarán muriendo en el Mediterráneo. Y nosotros continuamos con la absurda pretensión de ponerle puertas al campo.

En el caso de los subsaharianos podría entenderse por nuestra total ignorancia de lo que sucede en África. Ignorancia culpable y bochornosa, sobre todo porque se trata de un silencio casi impenetrable. Pero ahora, en el caso de los iraquíes y más especialmente de los sirios, no es ignorancia sino rechazo.

Quienes les llaman "goteras" o "plaga" están dejando muy clara la imagen que tienen de Europa. Esto me recuerda un pasaje de la Escritura que dice así: "No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto" (Exodo 22,20). Forasteros fuimos nosotros, concretamente los españoles, en medio mundo. ¿Ya se nos ha olvidado? ¿Acaso eran "goteras" nuestros compatriotas cuando fueron por ejemplo a Argentina huyendo de la miseria o de la guerra?

Foto de un muro de ladrilloHace unos días salió publicado un artículo con el título siguiente: "Europa se ha convertido en una fortaleza sin valores y sin compasión". Más allá del contenido del artículo, me quedo con este titular.

Lo que se nos viene encima y sus causas

Hoy en día prima lo "políticamente correcto". Y lo políticamente correcto es culpar a la mano ejecutora, el último eslabón de la cadena. Mientras, los verdaderos culpables no sólo se van de rositas, sino que frecuentemente pasan por grandes benefactores.

Foto de Damasco (Siria). La foto es anterior a la guerra.
Damasco (Siria)

En este caso, lo políticamente correcto es poner en el punto de mira a los terroristas. Al mismo tiempo se habla de la guerra siria como una guerra civil al uso. Y nadie habla de los refugiados iraquíes. Tampoco se habla ya de Líbano. Solamente se menciona a los palestinos y de refilón.

La supuesta lucha contra el terrorismo

Foto de la Catedral marionita en Beirut (Líbano)
Catedral marionita - Beirut (Líbano)

Ya nadie recuerda que Líbano era un país occidentalizado, próspero y mayoritariamente cristiano. Tampoco recuerda nadie cómo los palestinos, azuzados desde el sur por Israel, buscaron refugio en el Líbano. Hasta allí fue a buscarlos el ejército de Israel. De este modo -y con el pretexto de luchar contra el terrorismo de Hezbolá- comenzó una guerra que ha destruido Líbano y que no lleva camino de terminar.

Foto de niño palestino tirando piedras a un tanque israelí
Niño palestino enfrenta a tanque israelí

Aclaro que, cuando hablo de pretexto, no estoy poniendo en duda la existencia del terrorismo. Lo que digo es que, combatir al terrorismo con un moderno ejército es la mejor manera de asegurar en las víctimas de hoy los terroristas de mañana.

Imagen de la gran cruz de Isabel la Católica
Gran cruz de Isabel la Católica

Y ¿qué decir de Irak? Los iraquíes tenían por gobernante un sátrapa cruel que, además, estaba masacrando al pueblo kurdo que habitaba el norte del país. Pero este hombre tenía unas excelentes relaciones con occidente (en España le premiaron incluso con la Gran Cruz de Isabel la Católica en 1974). La guerra contra Irak fue una invasión basada en una mentira que nadie se creyó en su momento y que los hechos confirmaron después.

Un analista político seguro que podría añadir muchas más cosas. Yo -que no lo soy- me quedo con el resumen de unas pocas cosas que son muy claras. El tandem Israel-Estados Unidos tiene un extraordinario interés en desestabilizar la zona en beneficio de Israel. Europa, por su parte, tiene intereses económicos muy importantes en Oriente Medio. Alemania tiene, además, grabado a fuego el holocausto (en la teología alemana es un leiv motiv). Así es que el silencio vergonzante, cuando no la colaboración (aunque discreta) están garantizados.

Los refugiados, víctimas por partida doble

¿Qué pasará en el futuro? Frente a los refugiados, el miedo a corto plazo está totalmente injustificado y es indecente usarlo como argumento. Decir que se pueden infiltrar terroristas -como se está diciendo en algunas localidades alemanas- es una infamia. Es cierto que los terroristas se pueden infiltrar en cualquier parte... por ejemplo entre los turistas que vienen en clase business. Más aún, cualquiera de nuestros vecinos puede ser un terrorista.

Los refugiados son gentes como nosotros que lo que quieren es vivir en paz. Por cierto, que muchos de ellos tienen estudios y las universidades alemanas ya están planteándose un sistema de becas para los refugiados. Una medida generosa e inteligente.

Sería, no obstante, ingenuo pensar que una llegada masiva de inmigrantes musulmanes a Europa no tendrá consecuencias a largo plazo. Baste recordar, recientemente, la guerra de los Balcanes. En el mundo occidental hablamos de "sociedad plural" para referirnos a lo que no pasan de ser diferencias de opinión o de ideología. Manejar una sociedad realmente plural puede llegar a ser la cuadratura del círculo. Pero es lo que hay y lo que nos hemos buscado.

Silencio cómplice de la Iglesia... si la sal se vuelve sosa...

En todos estos asuntos, la sociedad europea ha sido muy cobarde. Todos.

Los periodistas están en medio de la noticia. Algunos micrófono en mano esperando junto a las concertinas la llegada de los refugiados. Corriendo delante de ellos para no perderse la improvisada entrevista. Pero falta un análisis crítico de las noticias y, sobre todo, de sus causas.

Mientras, los debates políticos se centran en cuestiones locales repetidas hasta el hastío, especialmente en época de elecciones. Se nos hurta una visión global e internacional de la situaciones

Los gobiernos solamente han visto en el hecho un peligro para los planes de recuperación de sus propios países. Por su parte la oposición mide sus palabras (algunas denuncias podrían restarles votos). Por cierto, la única voz que se escucha es la de Angela Merkel, para gran disgusto de los alemanes y exponiéndose incluso a un batacazo electoral. En estos detalles está la diferencia entre un estadista y un cantamañanas.

El silencio de la Iglesia

Oír, ver y callar. Figuras hechas en la arenaY, en medio de todo esto, el silencio de la Iglesia (más allá del padre Ángel).

Puede que este silencio no llame la atención... pero ése sería el peor de los síntomas pues significaría que, ni está ni se la espera.

Una visita para canonizar a cinco beatos españoles y para bendecir a un presidente de gobierno

En marzo de 2003 comenzaba la guerra de Irak. Juan Pablo II se manifestó  - de forma muy tibia- contrario a la guerra y, en mayo de ese mismo año, visitaba España para la canonización de varios santos. Ni una mención a la guerra y, además, mostró como modelo de familia cristiana al dirigente político que había hecho de la guerra su bandera.

El papa Francisco

El primer viaje de Francisco I como Papa fue a Lampedusa en un gesto simbólico inédito. Pero, más allá del gesto simbólico, de la enérgica denuncia allí realizada, y del generoso ofrecimiento hecho en Roma un par de meses después, ¿por qué no se oye ahora su voz?

Y, ¿qué decir de los obispos españoles? Llevan en shock traumático desde marzo de 2013.

El Papa publicó recientemente una encíclica que ha causado un sordo revuelo en círculos católicos. En ella se deja muy claro el círculo vicioso que transforma el consumismo en explotación de la naturaleza y exclusión de los pobres (simultáneamente y por efecto de la misma causa). En dicha encíclica se dice claramente: "Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones" (Laudato si, n. 57).

Es muy importante una afirmación así venida de la jerarquía de la Iglesia. Pero se habla de la guerra como genérico y en futuro. A modo de advertencia. No se denuncia ninguna guerra concreta y, lo que es peor, se apunta al aire dejando que el lector poco avispado pueda fijar su atención en la dirección equivocada. Aunque las "nobles reivindicaciones" nos dejan leer entre líneas la auténtica dirección en la que van los tiros (literalmente).

Los obispos españoles

Mientras tanto, los obispos haciendo política interior, al menos en España. Saliendo a la calle cuando gobiernan "los otros". Guardando el más absoluto de los silencios cuando gobiernan aquéllos que se dicen católicos. No ejerciendo de pastores ni con los unos ni con los otros. Limitándose a negociar cuestiones económicas o endosando al Estado la tarea catequética que ellos son incapaces de llevar a cabo. Si la sal se vuelve sosa...

En el año 2003 los obispos españoles, en contra incluso de lo que había dicho el Papa -entre dientes, pero lo dijo- apoyaron al presidente que nos metió en una guerra en contra de la voluntad de los españoles y en contra de un país con el que siempre habíamos tenido buenas relaciones. El presidente era católico practicante, pero ningún obispo usó esa ventaja para interceder. Si la sal se vuelve sosa...

Los obispos hablan mucho del divorcio, del aborto, del matrimonio entre homosexuales, etc. Pero todavía no he oído a ningún obispo hablar de las causas actuales del sufrimiento humano. Paro, inmigración, violencia machista, ¡corrupción! Parece que nada de esto va con ellos. Si la sal se vuelve sosa...

Los medios de comunicación

En los medios de comunicación están apareciendo algunas voces para decir que no nos podemos quedar en la compasión hacia las víctimas del hambre o de las guerras, sino que tenemos que denunciar las causas que han provocado -y continúan provocando- esta situación.

Aunque esta lucidez se debe sobre todo al miedo por las consecuencias que esta invasión pacífica pueda tener sobre nuestro bienestar, es forzoso reconocer que es cierto. Más allá de la solidaridad con las víctimas, es necesario ir a las causas. Pero no de la forma que irónicamente sugería Maruenda esta mañana. Ciertamente no. Enviar tropas para "pacificar" una zona, es como apagar un fuego con gasolina. A lo mejor bastaría con no venderles armas. O con presionar a los pirómanos bomberos para que dejen de agitar el avispero con pretextos que no convencen a nadie.

Por cierto, que el medio de comunicación menos sensible con estos temas es... ¿A que no lo adivinan? Si la sal se vuelve sosa...

Como ovejas sin pastor

Y, ¿qué tiene que ver esto con los obispos? Pues mucho. Hoy, festividad de san Agustín, podríamos recordar muchas de sus homilías (y las homilías de muchos otros obispos de la antigüedad) donde lo doctrinal no estaba reñido -sino todo lo contrario- con los tirones de orejas bien concretos a los fieles a ellos encomendados.

Especialmente en las cuestiones que perjudican a otros. En nuestros días, sería muy de desear -por ejemplo- que algún obispo levantase la voz contra la corrupción que no es otra cosa que robarnos a todos, lo que perjudica de forma especial a los pobres. Me imagino a cualquiera de aquellos Padres de la Iglesia. No hubieran guardado silencio. Tampoco hubieran hecho un tratado sobre la corrupción. Los tratados los hacían sobre las verdades de la fe o sobre las herejías que surgían generalmente apoyadas por intereses políticos. Pero en sus homilías se despachaban a gusto. Y se les entendía de maravilla. De modo que, en un ambiente cosmopolita, pagano y con grandes luchas en el interior de la Iglesia (no imaginemos una situación cómoda), las iglesias se les llenaban a rebosar. Pero, ya se sabe, si la sal se vuelve sosa...

Talentos enterrados

La Iglesia tiene una enorme ventaja sobre los dirigentes políticos: no dependen de las urnas. Echamos de menos la denuncia profética de las situaciones de injusticia que se dan en el mundo. Ojo. Denuncias dirigidas a quienes pueden poner remedio (cada uno en el lugar que está). Sin demagogias y sin generalidades.

Y sin confundir la misión de la Iglesia que es doctrinal, pero no al margen de la realidad. Ambas cosas están unidas. De hecho hoy en día hay una notable dejación doctrinal. En contra de lo que alguno pudiera pensar, ello no lleva aparejado un mayor interés por la vida de la gente. Todo lo contrario. Hoy en día en la Iglesia no se escuchan -o se leen- más que generalidades (si la sal se vuelve sosa...). Una verborrea vacía, una cuidada ambigüedad, un buenismo totalmente falto de concreción.

Si la sal se vuelve sosa... el futuro de la Iglesia

Y, por cierto, ahora que tanto se reza para que Dios envíe vocaciones y que tantos esfuerzos se hacen para la realización de pastorales vocacionales y que tanto se habla de nuevas formas de vida consagrada... se me ocurre recordar el surgimiento de algunas congregaciones religiosas anteriores al siglo XIX (siglo en el que la decadencia ya era patente).

Visión de san Pedro Nolasco. Cuadro de Zurbarán
Visión de san Pedro Nolasco

A modo de ejemplo y por lo llamativo de su misión, se me ocurre mencionar la orden de la Merced. Es curioso ver cómo en la página oficial de la orden se "dulcifican" sus orígenes, haciéndolos tan generales que ya nada parece diferenciarlos de otras congregaciones. Si la sal se vuelve sosa...

Con este ejemplo no estoy sugiriendo una forma concreta de vida religiosa. Lo que intento explicar es que la fe no nos aleja de la vida, sino todo lo contrario. Y con esto no estoy -ni mucho menos- poniendo en cuestión la vida contemplativa.

Lo que digo es que la Iglesia no tendrá ningún futuro mientras continúe centrada en su propia supervivencia. Los grandes hombres y mujeres que hicieron grande a la Iglesia lo fueron porque estaban llenos de Dios por dentro y de generosidad hacia fuera.

"Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente" (Mt 5,13)

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Ver: el drama de los refugiados

El drama de los refugiados. Foto de una columna de refugiados caminando junto a una carreteraEstos días nos están llegando noticias del colapso que la llegada masiva de refugiados está produciendo en las islas de Grecia. El drama de los refugiados. Familias enteras y con hijos pequeños que se disponen a atravesar media Europa a pie. Obligado peregrinaje hacia un futuro incierto.

Va a hacer dos años que publiqué un post sobre la guerra de Siria. Les recomiendo, además, esta breve charla que, de forma muy didáctica nos explica lo que está pasando en Siria.

Juzgar: nuestra actitud

Mientras tanto, en Europa se han llevado a cabo arduas negociaciones para admitir una cifra ridícula de refugiados. Después de un regateo vergonzoso, parece que finalmente vendrán 1.300 personas a España de un total de 35.000 en que ha quedado la inicial cifra de 40.000. El ministro de exteriores español argumentaba con nuestras cifras del paro, al tiempo que el ministro del interior, nuestro ínclito Jorge Fernández Díaz comparaba la llegada de refugiados con las goteras en una casa. Hace falta tener valor para comparar, como hace este señor, el drama de los refugiados con las goteras. Si los refugiados son las goteras, puede que algunos ministros sean las cucarachas.

El drama de los refugiados. Foto de niña refugiada siria con regalos navideñosEs cierto que el paro es un grave problema en España, pero estas gentes no son inmigrantes sino refugiados que huyen de una guerra que -por acción o por omisión- no nos es ajena. Por otra parte, mucho peor están en Grecia y -a falta de otras oportunidades- la mayoría de los refugiados terminarán quedándose allí. ¿Es legítimo pensar que ése es su problema?

Respecto al símil de las goteras... pues mira que va a tener razón el señor ministro. Hay un refrán español que dice: "el que al cielo escupe, en la cara le cae". A lo mejor no son goteras, sino los esputos de nuestra propia miseria moral.

Actuar: lo que estamos obligados a hacer

El drama de los refugiados. Foto de niño sirio en brazos de su madre con más personas"Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.” (Mateo 25,42-43). Alguien que se dice católico -y el ministro es del OPUS- no puede volver el rostro ante el drama de los refugiados.

Soy consciente de que estas cosas en España (no así en otros lugares) suenan a "buenismo" (especialmente en determinados ambientes). Pero ¿no es acaso cierto que España tiene capacidad de sobra para recibir a esos cinco mil refugiados que pretendían que acogiéramos? ¿Cuántos pueblos y ciudades hay en España? ¿No tiene cualquier pueblo mediano capacidad para servir de trampolín a una familia de refugiados? ¿No hay ya muchas familias españolas acogiendo niños bielorusos o saharauis para que puedan pasar el verano en España y sean atendidos también médicamente? Pues bien, cualquier pequeño pueblo podría acoger a una de estas familias por un periodo determinado de tiempo hasta que pudieran salir adelante por sus propios medios. No debería ser una cuestión únicamente económica, sino también humana.

Que nadie me diga que esto es una utopía. Estoy segura de que habría muchísima gente que lo haría con gusto. Tal vez fuera necesario un liderazgo moral... Personas con el poder suficiente para ser escuchadas...

Por cierto que hay silencios que matan (literalmente).

El drama de los refugiados. Foto de ojos mirando mapamundi con el centro en Siria