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Tal vez no se había hablado nunca tanto de derechos humanos. Tampoco había habido nunca un antropocentrismo tan explícito como ahora. Y, sin embargo, nunca como ahora la vida humana había importado tan poco. ¿Cómo se puede entender semejante contradicción?

El humanismo

La Academia de Atenas. Fresco pintado por Rafael SanzioAunque no existe consenso por lo que respecta a la definición de humanismo, sí parece haber unanimidad a la hora de hacer coincidir el humanismo con el fin de la Edad Media. Como veremos después, esto tiene extraordinaria importancia.

Es interesante la distinción que algún autor hace entre humanismo y Renacimiento. El humanismo tendría un interés sobre todo histórico en la búsqueda de los orígenes clásicos (Grecia). El Renacimiento, sin renunciar a los principios básicos del humanismo, se centraría más abiertamente en el hombre desde una perspectiva más científica.

El hombre de VitrubioEl humanismo se suele relacionar con los valores. Valores humanos que algunos contraponen a un supuesto salvajismo que en ningún momento viene identificado. Por eso no es de extrañar que algún autor considere tautológico que muchos colegios se publiciten como centros de formación "humanista”.

Cabe preguntarse: ¿es el humanismo la única manera de enseñar valores? ¿Acaso no existían valores antes o fuera de la Europa que surgió a partir del siglo XV?

Antes de sacar conclusiones erróneas conviene conocer los orígenes del humanismo para entender el significado del término. Salvo que alguno pretenda darle un sentido diferente, en cuyo caso deberá advertirlo antes de comenzar.

Porque de lo que no cabe duda es de que el humanismo surge como reivindicación del hombre “natural” como contrapuesto a lo divino y sobrenatural que estaba en el centro del pensamiento medieval.

Antropocentrismo

Antropocentrismo. Fragmento de la escultura del David de Miguen ÁngelEl antropocentrismo es la doctrina central del Renacimiento, frente al teocentrismo medieval. El antropocentrismo  es  una corriente de pensamiento que afirma la posición central del ser humano en el cosmos. Se caracteriza por su confianza en el hombre y en sus obras -artes, ciencia, razón- y por su preocupación por la existencia terrena y los placeres que ofrece.

Pero, ¿es posible un verdadero antropocentrismo? La pregunta no es retórica. Un verdadero antropocentrismo sería aquél que hiciera del ser humano (de todos los seres humanos) el centro. Mi opinión es que el antropocentrismo -si en algún momento existió- muta inmediatamente en etnocentrismo. De ahí, tras pasar por sucesivas mutaciones, desemboca en individualismo. Mejor dicho, en egoísmo puro y duro.

Esto sucede en primer lugar porque el ser humano como tal no existe. Existen los seres humanos. Y, cuando el individuo habla de ser humano… en realidad está hablando de su raza, de su pueblo, de su familia o, directamente, de sí mismo.

Esta estrechez de miras suele venir envuelta bajo un ropaje pretendidamente filosófico que puede confundir a algunos. Lo cierto es que la búsqueda de la verdad requiere perspectiva.

Los árboles que no dejan ver el bosque

Fotografía en la que aparece una densa arboledaCuando caminamos por el bosque, si es muy frondoso, lo normal es que nos perdamos. Salvo que haya algún camino bien señalizado o vayamos acompañados de una brújula, un GPS o un guía experto. Esto mismo es lo que sucede cuando el hombre fija su mirada únicamente en el hombre.

Se da la curiosa paradoja de que, para conocer la realidad, a menudo hay que salir de ella. Por eso los equipos de rescate necesitan muchas veces la ayuda de un helicóptero. ¿Y qué se ve desde el aire? Desde el aire se ven, por ejemplo, los límites del bosque. Y se ve también el acceso más fácil para rescatar al infortunado montañero.

La filosofía debería ser entonces como un espejo situado por encima de las copas de los árboles. Algo así como los espejos que ponen los ayuntamientos en algunas esquinas o a la salida de algunos aparcamientos. De la misma manera que el hombre puede físicamente sobrevolar el mundo en el que vive, su perspectiva vital puede también sobrevolar el estrecho ámbito de lo antropológico.

El contexto

Que los seres humanos -plural- se preocupen de forma prioritaria de todo lo humano, es razonable. Reflexionar sobre el ser humano como si no existiera nada más es enorme torpeza.

avaricia. Fotografía en la que aparecen varios billetes de dólar. No se puede saber cuántos (no muchos). Alguien ha tenido el ingenio de dividirlos en dos grupos para formar con ellos la imagen de un corazón. Y es curioso que sea precisamente el Renacimiento, y su reivindicación de lo "natural" en el hombre, el comienzo de un engrandecimiento de las obras humanas de manera tal que la "naturaleza" es cada vez más vista únicamente en función de su utilidad para el hombre. Nuestra experiencia nos dice que la "naturaleza" termina así transformada nada más que en dinero.

Más curioso es todavía que la Iglesia haya asumido como suyas gran parte de las consecuencias de esta forma de ver la vida.

Digo que es curioso, porque la Iglesia ha abrazado de una forma muy generalizada lo que se llama "humanismo cristiano". El humanismo cristiano recoge -aunque algo edulcoradas- las características de un movimiento que surge básicamente como reacción contra el teocentrismo medieval, no para transformarlo, sino para liberarse de él. Mayoría de edad le llaman. No es de extrañar, pues, que aunque algunos defiendan un humanismo teísta, el humanismo termine siendo-en el mejor de los casos- deísta.

La realidad es tozuda. Cuando el hombre individual (porque el Hombre no existe) se torna el centro del universo, expulsa de dicho centro a todo lo que no sea él y su entorno más cercano. Esto desde luego incluye a la mayor parte de sus congéneres.

La salida

La única forma de que nos tomemos en serio la humanidad -no como género, sino en la realidad irrepetible de cada ser humano- curiosamente no es otra sino desinflar nuestro ego.

Esa pretendida liberación, que podría ser real individualmente considerada, no puede ser sino falsa al referirnos a una colectividad enorme. Porque el hombre es un ser social y en toda sociedad hay líderes. Yo personalmente prefiero que mis gobernantes no se consideren por encima del bien y del mal. Ya estamos viendo que esto es más frecuente de lo que a menudo se piensa.

Esto se puede conseguir de dos formas. Bien considerando al ser humano como un ser viviente entre otros, lo cual nos lleva a un respeto general hacia la naturaleza (y al hombre formando parte de ella). Bien reconociendo la existencia de un Ser Supremo que lo ha creado todo (de forma que nosotros no somos dueños ni siquiera de nuestra propia vida, cuanto menos de la de los demás).

Como vemos, la salida no es única, pero sí seguramente convergente.

Reconocimiento de nuestra pequeñez

Rayos de sol en un crepúsculo entre montañasEl respeto a la naturaleza tiene mucho de religioso, aunque no vaya acompañado de la fe en un ser supremo. Por su parte, alguien que cree en la existencia de un Dios que sostiene el universo y cuanto contiene en un acto eterno de creación, alguien que cree en esto -que se lo cree de verdad- no puede sino respetar religiosamente la creación.

Es importante hacer notar que, en ambos casos, el hombre toma conciencia de su pequeñez. Y esta toma de conciencia, más allá de los sentimientos que pueda provocar en el hombre, es un verdadero encuentro con su propia realidad más allá de cualquier demagógico delirio de grandeza (sólo desde el reconocimiento de la verdad puede haber ejercicio de la libertad).

Pues bien, sólo desde este respeto universal a la vida (por sabernos parte y no todo, o por saber que todo está en Dios), resulta creíble el respeto por la vida humana de forma verdaderamente universal.

Espiritualidad cristiana y ecología

Espiritualidad cristiana y ecología. ¿Qué relación existe entre ambas? La respuesta es doble. Por un lado, es evidente que la fe en un Dios creador nos lleva a amar la naturaleza. Como obra suya que es, no podemos sino dar a Dios gracias porEspiritualidad cristiana y ecología. Dibujo que representa el mundo flotando sobre el agua... pero con todo el sur sumergido ella. Por otro lado, la Iglesia nunca ha visto con buenos ojos por ejemplo el amor a los animales. La teología católica ha encumbrado al hombre en oposición a la naturaleza. Como si la redención fuera un acto excluyente. Cometiendo el error de plantearse la relación del hombre con la naturaleza como si se tratase de dos realidades independientes. Por eso, es tan importante el giro que ha dado el Papa Francisco con su encíclica "Laudato si".

En ella, el Papa nos dice que, en la naturaleza, todo está interrelacionado. Los seres humanos –a pesar de nuestra especificidad- no estamos fuera de la naturaleza, sino que formamos parte de ella. El cuidado de la naturaleza, la justicia hacia los pobres y la paz interior son realidades inseparables. Utilizar la naturaleza como objeto de uso y dominio lleva consigo la exclusión de los pobres y nuestro propio empobrecimiento humano y espiritual. Por otra parte, los cristianos tenemos una ineludible obligación hacia la creación y sabemos, además, que Cristo, por su resurrección, envuelve misteriosamente todas las cosas y las orienta a un futuro de plenitud.
Estas tres realidades forman un círculo que se opone a la "cultura del descarte" (números 16, 22, 43 y 123). ¿Qué es la cultura del descarte y por qué dicha cultura está socavando los pilares de la sociedad humana?

La cultura del descarte

La cultura del descarte parte de la base de que la naturaleza es ilimitada y el hombre su dueño absoluto. Aquí tenemos ya tres falsedades y no dos como pudiera parecer. En primer lugar, cada vez se hace más evidente que la naturaleza no es ilimitada. Los recursos son finitos y hay que economizarlos. En segundo lugar, tampoco es cierto que el hombre sea el dueño absoluto de la naturaleza. El mandato del Génesis (Gen 1,28) significa el uso y disfrute de todo lo necesario para la vida humana, no su malversación por parte de algunos. Y aquí está la tercFotografía de un pobre tumbado sobre el sueloera falsedad. Los derechos que teóricamente se proclaman para "todos los seres humanos", son negados sistemáticamente en la práctica. Así, por ejemplo, cuando los telediarios han hablado de "víctimas" por un lado y de "daños colaterales" por otro.

La cultura del descarte es lo opuesto al reciclaje, pero va mucho más allá, convirtiendo TODO en objeto de usar y tirar. Consecuencia de esto son los mares invadidos por las omnipresentes bolsas de plástico. Bolsas que antes se regalaban y ahora te las cobran, pero que se siguen usando igual. O los vidrios que tiras al contenedor correspondiente, pero que a nadie se le ocurre reutilizar. ¿Por qué romperlas en lugar de devolver el casco como se hacía antes? En todo caso continuamos hablando de "cosas". Pero ¿qué pasa con los desaprensivos que abandonan a sus animales? Esto es también cultura del descarte. El perro perdió el olfato o, simplemente, perdió la gracia. Y se le "descarta". De ahí a descartar a la abuela hay sólo un paso. Aunque algo bueno ha tenido la crisis: por la fuerza de la necesidad, muchos están "reciclando" a sus mayores.

África, continente descartado

Espiritualidad cristiana y ecología. Dibujo de África con un corazón dentroEsta forma de vivir que afecta a las personas de forma individual muestra su lado más cruel en las relaciones internacionales. De hecho, África se ha vuelto el continente descartado. Muy poco sabemos de las guerras que ha habido y continúa habiendo en el África subsahariana. Para los mass-media África sencillamente no existe. La sensibilidad que el mercado bursátil muestra desde Tokio hasta Wall Street cuando en el mundo se da la más mínima contingencia contrasta vivamente con su nula reacción ante cualquier atrocidad que pueda suceder en África: las bolsas ni se inmutan.

Sabemos únicamente de los náufragos que cada día llegan a nuestras fronteras. Y, de estos, ni siquiera sabemos sus países de procedencia y mucho menos las razones de su viaje. Damos por hecho que todos lo hacen por motivos económicos. Nadie nos informa y, a decir verdad, esta ignorancia no nos quita el sueño.

Así es que descartamos las bolsas de plástico, descartamos los animales cuando nos hartamos de ellos, descartamos a la gente que no produce -recordemos en qué ha quedado en términos reales la ley de dependencia- y, ya puestos, descartamos a la mayoría de la humanidad.

La paz interior

Y, ¿cómo encaja todo esto con lo de la paz interior? Cuando la conciencia se adormece, el interior se apacigua y el personal se queda tan oreado. No hay más que ver el desparpajo de algunos a quienes se les debería caer la cara de vergüenza y, en cambio, se permiten el lujo de dar lecciones de decencia por televisión. ¿Cómo relaciona el Papa lo de la paz interior con las otras dos cuestiones? La impresión es que, en la encíclica, este tercer aspecto no está tan trabajado como lo anterior. No obstante, fundamentándome en lo que leemos en el número 225, parece evidente que la paz interior a la que el Papa se refiere va mucho más allá de la tranquilidad de conciencia que da una actuación honesta (o, en su caso, la deshonestidad crónica).

Consolación ignaciana

Aventurando una hipótesis, pienso que la paz de la que habla Francisco I tiene mucho más que ver con el significado que en la espiritualidad ignaciana [1] tiene la palabra "paz" como sinónimo de "consolación" y que está mucho más relacionado con el amor a Dios que con la ausencia de remordimientos.

Esa paz no nace de uno mismo, sino de ver a Dios en todas las cosas y a todas las cosas en Dios. Lo que se opone a esta paz es justamente el deseo irrefrenable (que S. Ignacio llama "afección desordenada") de poseer algo que de suyo puede ser bueno, pero a lo que nos aferramos de manera irracional.

La paz interior como fruto de la libertad

La "paz interior" se entendería entonces como fruto de la libertad de quien usa de las cosas sin sentirse dueño de ellas. En este sentido, ciertamente, se cierra el círculo: "respeto a la naturaleza - justicia ante los pobres - paz interior".

Letrero que dice así: "No penséis que he venido a traer la paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. (Mateo 10,34-36).Esta paz interior es el mayor bien que el ser humano puede alcanzar, aquello que le confiere la profundidad de lo verdaderamente humano. No debe ser confundida con el conformismo de quien no aspira a nada, porque no espera nada de la vida. Tampoco es la actitud del vago que sopesa cuánto le costará alcanzar sus metas y decide abandonar. La paz interior es una paz activa, una paz en lucha, una paz frecuentemente perseguida.

En la medida en que perdemos esta paz interior, nuestras relaciones con las cosas y con los demás se vuelven más y más superficiales hasta llegar a incapacitarnos cualquier experiencia verdaderamente humana. Por ejemplo, algo tan genuino -y aparentemente tan cotidiano- como la amistad se queda en mero compadreo cuando no en puro interés.

La paz interior es fruto de un corazón sincero y, en muchos casos, fruto también de la madurez humana (lo que define la verdadera sabiduría, frente a la mera información acumulada). Sin embargo, su culmen, como el culmen de todo lo verdaderamente humano, tiene su fuente en el amor que es regalo de Dios en Cristo resucitado.

 [1] Espiritualidad de san Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús, orden religiosa a la que el Papa pertenece

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Francisco I. Resumen de la enciclica Laudato si

Resumen de la encíclica Laudato si

SÍNTESIS. En la naturaleza todo está interrelacionado. Los seres humanos –a pesar de nuestra especificidad- no estamos fuera de la naturaleza, sino que formamos parte de ella. El cuidado de la naturaleza, la justicia hacia los pobres y la paz interior son realidades inseparables. Utilizar la naturaleza como objeto de uso y dominio lleva consigo la exclusión de los pobres y nuestro propio empobrecimiento humano y espiritual. Por otra parte, los cristianos tenemos una ineludible obligación hacia la creación y sabemos, además, que Cristo, por su resurrección, envuelve misteriosamente todas las cosas y las orienta a un futuro de plenitud.

Resumen de la encíclica Laudato si. En la imagen aparece una foto del Papa
Francisco I. Resumen de la encíclica Laudato si

Quien desee un resumen de la encíclica Laudato si respetando su tenor literal, puede descargarla en pdf en el enlace siguiente:

Laudato si - resumen por capítulos

Quien desee escuchar el resumen, puede descargarse el audio siguiente:

 

Resumen de la encíclica Laudato si de FRANCISCO I

El Papa comienza la encíclica afirmando sin rodeos que su intención es entrar en diálogo con creyentes y no creyentes, acerca de “nuestra casa común”.

Dice también que, lo mismo que a la hora de ser proclamado Papa, su inspiración ha sido S. Francisco de Asís quien “advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

El Papa tiene puestos los ojos en los jóvenes a los que alude explícitamente para decir que están reclamando un cambio.

Frente a la negación y la indiferencia, necesitamos un cambio. “Necesitamos una solidaridad universal nueva.”

Resumen de la encíclica Laudato si. CAPÍTULO I. Lo que le está pasando a nuestra casa

Para aquellas personas que tengan una visión reducida y para otras que, por cualquier otro motivo, lo prefieran, el resumen de cada capítulo lo encontrarán también en forma audiovisual.

Resumen de la Encíclica Laudato si.

Este vídeo contiene la lectura del capítulo I

Estamos convirtiendo la tierra en un basurero

Resumen de la encíclica Laudato si. Lo que le está pasando a nuestra casa. Foto chimeneas industriales echando humo
Resumen de la encíclica Laudato si

 

La contaminación es un problema para la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras. Una solución meramente tecnológica es insuficiente y muchas veces incluso contraproducente.

Estamos convirtiendo la tierra en un basurero y las medidas, cuando se toman, llegan demasiado tarde. La raíz del problema está en la cultura del descarte. Esta cultura no afecta sólo a las cosas, sino también a muchos seres humanos que son excluidos.

Calentamiento global

Los científicos están de acuerdo en que el calentamiento global es un hecho de graves consecuencias. Estas consecuencias afectan particularmente a muchos pobres ante la indiferencia general. Obligados a migrar, la comunidad internacional no los reconoce como refugiados.

Muchos de quienes ostentan el poder económico o político observan indiferentes, limitándose a enmascarar los problemas, sin atajar sus causas.

Indicadores de la situación actual son el agotamiento de los recursos naturales y el deterioro de la calidad del agua. El agua se está convirtiendo en mercancía en manos de multinacionales.

Resumen de la encíclica Laudato si. El agua es un bien escaso

Avaricia e inmediatismo

La forma inmediatista de entender la actividad comercial y productiva es fuente de depredación de los recursos naturales.

Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia. No tenemos derecho. No sólo mamíferos y aves, sino también hongos, algas, gusanos, insectos, reptiles e innumerable variedad de microorganismos necesarios.

Cuando únicamente se busca el rédito económico rápido, no se pone ningún interés en la preservación de los ecosistemas. A largo plazo los daños son muy superiores a los beneficios.

Ejemplo de ello son las propuestas de internacionalización de la Amazonia, las formas selectivas de pesca que desperdician gran parte de las especies recogidas y el daño sufrido por muchas barreras de coral.

Todas las criaturas están interconectadas y cada una de ellas debe ser valorada con afecto y admiración. Todos los seres nos necesitamos unos a otros. El ser humano es también una criatura de este mundo. La degradación ambiental también nos afecta.

Una forma insana de vivir

El crecimiento económico no ha supuesto un verdadero progreso integral. Vivir rodeados de cemento y ajenos a la naturaleza no es bueno para el ser humano.

Existe una ruptura de los lazos de integración y comunión social. El exceso de información dificulta la verdadera sabiduría que es fruto de la reflexión y el encuentro entre personas. Además, una comunicación mediada por internet soslaya los desafíos que implican las relaciones reales con los demás.

Los pobres son excluidos

Resumen de la encíclica Laudato si. Foto de una favela. Al fondo se ven bloques de apartamentos.
Resumen de la encíclica Laudato si. Millones de personas son excluidas, invisibles para los medios de comunicación

El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos. Millones de personas resultan excluidas, invisibles para los medios de comunicación. En lugar de ponerse en el lugar de los pobres y pensar en un mundo diferente, algunos piensan que la única solución está en reducir la natalidad.

La inequidad no afecta solo a individuos, sino a países enteros. La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control. Sin embargo, durante siglos, el Norte ha estado depredando recursos naturales en el Sur y esa “deuda ecológica” no es reconocida.

El gemido de la hermana tierra se une al gemido de los abandonados del mundo. Un clamor que nos reclama otro rumbo. Hay, sin embargo, demasiados intereses particulares. El fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente se debe al sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas.

Hay más sensibilidad ecológica en las poblaciones, aunque no alcanza para modificar los hábitos dañinos de consumo.

Perspectivas de futuro

Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras. Los políticos, sin embargo, carecen de amplitud de miras. Están cediendo ante el poder financiero que no está dispuesto a perder ocasión de lucro. Hay, no obstante, ejemplos positivos en algunos países.

Al mismo tiempo, crece una ecología super­ficial o aparente que consolida un cierto adormeci­miento y una alegre irresponsabilidad.

Ante esta situación, están quienes esperan que la solución venga de los avances tecnológicos. En el otro extremo, otros piensan que el ser humano es en todo caso destructor de la naturaleza. Entre ambos extremos, la reflexión debería identificar posibles escenarios futuros con objeto de encontrar respuestas integrales.

No es misión de la Iglesia proponer soluciones concretas. Pero sí hay que decir que el actual sistema mundial es insostenible porque hemos perdido de vista la finalidad de la acción humana.

 

Resumen de la encíclica Laudato si. CAPÍTULO II. El misterio del Universo

 

Resumen de la Encíclica Laudato si.

Este vídeo contiene la lectura del capítulo II

Naturaleza y creación

Para la tradición judeocristiana, decir “creación” es más que decir “naturaleza”. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona. La creación, en cambio, es vista como un regalo de Dios. Realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.

Por otra parte, el pensamiento judeocristiano desmitificó la naturaleza. Esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso sin límites.

La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una evolución positiva. Sin embargo, puede también agre­gar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y verdaderos retrocesos.

Los seres vivos no son cosas

El ser humano implica una novedad no plenamente explicable por la evolución. Consideramos al ser humano como sujeto y nunca puede ser reducido a la categoría de objeto.

Resumen de la encíclica Laudato si. Primer plano de una vaca rubia. Al fondo más vacas
Resumen de la encíclica Laudato si. Sería erróneo pensar que los demás seres vivos deban ser considerados como meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana

Pero sería erróneo pensar que los demás seres vivos deban ser considerados como meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana. El ideal de Jesús está en las antípodas de semejante modelo.

El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. El fin de todas las criaturas es Dios. Con nosotros y a través nuestro avanzan hacia la plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo.

Ver a Dios en todas las cosas

El ser humano es imagen de Dios. Eso no debería llevarnos a olvidar que todo el universo material refleja el amor de Dios. Ese amor inspira en nosotros el deseo de adorar al Señor en todas sus criaturas y juntamente con ellas.

Todo es hechura de Dios y, por eso, todos formamos una especie de familia universal. Esto no significa olvidar la especificidad del ser humano. Como tampoco puede llevarnos a una divinización de la tierra.

Dignidad de la persona humana

Nuestra responsabilidad es cuidar de la creación, no olvidando la dignidad de la persona humana. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en peligro de extinción, mientras permanece indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada.

Cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie queda excluido de esa fraternidad. El corazón es uno solo. La misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en relación con el ser humano.

Función social de la propiedad privada

Resumen de la encíclica Laudato si. Foto de una alambrada (parece la valla de Melilla)
Resumen de la encíclica Laudato si. La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada.

Creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es una herencia común. Por consiguiente, todo planteo ecológico debe tener una vertiente social. La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó siempre su función social.

El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Nadie puede apropiárselo en beneficio exclusivamente propio.

Para que Dios sea todo en todos

Jesús estaba lejos de las filosofías dualistas que más tarde desfiguraron el Evangelio. Jesús trabajó con sus manos, santificando de este modo el trabajo.

Pero el Nuevo Testamento no solo nos habla del Jesús terreno y de su relación tan concreta y amable con todo el mundo. También lo muestra como resucitado y glorioso. Esto nos proyecta al final de los tiempos, cuando “Dios sea todo en todos” (1 Cor 15,28).

De este modo, las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, sino incorporadas a un destino de plenitud en Cristo.

 

Resumen de la encíclica Laudato si. CAPÍTULO III. Raíz humana de la crisis ecológica

Resumen de la Encíclica Laudato si.

Este vídeo contiene la lectura del capítulo III

 

Es necesario reconocer la raíz humana de la crisis ecológica. Propongo que nos detengamos en el paradigma tecnocrático dominante y en el lugar del ser humano y de su acción en el mundo.

Resumen de la encíclica Laudato si. Foto de seis aviones de guerra volando juntos
Resumen de la encíclica Laudato si. Riesgo tremendo de que la tecnociencia y el poder económico para utilizarla esté en muy pocas manos.

La tecnociencia bien orientada puede mejorar la calidad de vida del ser humano, pero estos conocimientos científicos y, sobre todo, el poder económico para utilizarlos están en manos de muy pocas personas que tienen, de este modo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Esto supone un riesgo tremendo.

La tecnociencia como ideología

El problema fundamental es, sin embargo, más profundo. El ser humano ha asumido la tecnología y su desarrollo como un paradigma homogéneo y universal. De este modo se ha considerado la naturaleza como algo informe y totalmente disponible para su manipulación. Esto ha llevado a la idea de un crecimiento ilimitado que supone la mentira de una disponibilidad infinita de los bienes del planeta.

La metodología y los objetivos de la tecnociencia se han convertido así en una cosmovisión que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad. Esto ha vuelto contracultural elegir un estilo de vida con objetivos que puedan ser, al menos en parte, independientes de la técnica y de su poder globalizador y masificador.

Por otra parte, la economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano.

Además, la especialización propia de la tecnología dificulta grandemente una visión de conjunto. Esto tiene como consecuencia una enorme dificultad para ofrecer soluciones globales. Por eso tampoco pueden reconocerse verdaderos horizontes éticos de referencia.

Necesidad de ampliar horizontes

La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Es necesaria una mirada distinta, ampliar horizontes.

Por otra parte, la gente ha dejado de confiar en un mañana mejor. No obstante, tampoco se imagina renunciando a las posibilidades que ofrece la tecnología. Vivimos, además, acelerados y resulta difícil recuperar la profundidad de la vida.

Es necesaria una valiente revolución cultural. Recoger los avances positivos y sostenibles y, a la vez, recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano.

Antropocentrismo deshumanizante

El antropocentrismo moderno ha colocado la razón técnica sobre la realidad. Una presentación inadecuada de la antropología cristiana ha contribuido a ello, como si el cuidado de la naturaleza fuera cosa de débiles. Que el hombre sea “señor” del universo no puede interpretarse como dominio despótico, sino como responsabilidad.

Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la base misma de su existencia se desmorona.

Dado que todo está relacionado, tampo­co es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto.

Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo de­más se vuelve relativo.

Si no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inme­diatas, ¿qué límites pueden tener la trata de seres humanos, la criminalidad organizada, el narcotrá­fico, el comercio de diamantes ensangrentados o de pieles de animales en vías de extinción?

El trabajo es una realidad humana, no sólo económica

Cuando en el ser humano se daña la capacidad de contemplar y de respetar, se crean las condiciones para que el sentido del trabajo se desfigure.

Resumen de la encíclica Laudato si. Foto en la que aparecen dos trabajadores
Resumen de la encíclica Laudato si. El trabajo tiene valor en sí mismo. Dar dinero a los pobres debería ser algo puntual. A los pobres hay que facilitarles que puedan ganarse la vida por sí mismos.

El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de ma­duración, de desarrollo humano y de realización personal. En este sentido, ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución pro­visoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo.

Para que ello sea posible, es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial. De hecho, existe una gran variedad de sistemas alimentarios campesinos que sigue alimentando a la mayor parte de la población mundial con un gasto mucho menor de territorio y de agua. Una libertad económica solo proclamada deteriora el acceso al trabajo y deja fuera a la mayoría.

La investigación

El Catecismo enseña que las experimentaciones con animales sólo son legí­timas «si se mantienen en límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas».

No sería legítimo frenar la investigación, pero sí poner límites éticos a una actividad humana que es una forma de poder que tiene muchos riesgos.

Es difícil emitir un juicio general sobre el desarrollo de organismos genéticamente modificados (OMG). De hecho, las mutaciones genéticas también se dan en la naturaleza de forma espontánea. Pero en la naturaleza estos procesos son muy lentos.

Se debería investigar de forma libre e interdisciplinar acerca del daño que pueden causar los cereales transgénicos a los seres humanos.

Por otra parte, es preocupante que, cuando algunos movimientos ecologistas reclaman ciertos límites a la investigación científica, no apliquen estos mismos principios a la vida humana.

Se suele justificar que se traspasen todos los lími­tes cuando se experimenta con embriones huma­nos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarro­llo.

 

Resumen de la encíclica Laudato si. CAPÍTULO IV. Una ecología integral

Resumen de la Encíclica Laudato si.

Este vídeo contiene la lectura del capítulo IV

El medio ambiente

La ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan.

Cuando se habla de “medio ambiente” nos estamos refiriendo a la relación que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo ajeno a nosotros, como un mero marco de nuestra vida. No hay una crisis ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.

Las distintas criaturas se relacionan conformando unidades mayores que hoy llamamos “ecosistemas”. Dichos ecosistemas deben ser tenidos en cuenta por su valor intrínseco y no solo para determinar su uso racional.

Todo está relacionado y, por eso, la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias en el ambiente y en la calidad de vida humana. Además, lo que sucede en una región repercute sobre las demás.

Una riqueza cultural que está en peligro

Resumen de la encíclica Laudato si. Foto de una mujer y una niña con trajes típicos de Perú
Resumen de la encíclica Laudato si. Muchas culturas están en peligro de extinción y ello es preocupante.

La ecología supone también el cuidado de la riqueza de las distintas culturas, no sólo del pasado, sino muy especialmente del presente.

La actual economía globalizada tiende a homogeneizar las culturas. La inmensa variedad cultural es un tesoro del que no podemos prescindir. Ni siquiera la noción de calidad de vida puede imponerse.

La desaparición de una cultura pue­de ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la al­teración de los ecosistemas.

Es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes y sus tradiciones culturales. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de sus antepasados que descansan en ella. Un espacio sagrado con el que interactuar para mantener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, están siendo despojados de sus tierras para dedicarlas a grandes proyectos extractivos y agropecuarios que no tienen en cuenta su degradación.

Crisis social

A veces es encomiable la ecología humana que pueden desarrollar los pobres en medio de tantas limita­ciones.

Para los habitantes de barrios muy precarios, el paso cotidiano del hacinamiento al anonimato social que se vive en las grandes ciudades puede provocar una sensa­ción de desarraigo que favorece las conductas antisociales y la violencia. Sin embargo, quiero insistir en que el amor puede más.

Dada la interrelación entre el espacio y la conducta humana, hace falta cuidar el diseño de las ciudades de modo que se facilite nuestra sensación de arraigo.

No sólo los pobres, sino una gran parte de la sociedad sufre serias dificultades para acceder a una vivienda propia. La posesión de una vivienda tiene mucho que ver con la dignidad de las personas y con el desarrollo de las familias. Por eso, si en un lugar ya se han desarrollado conglomerados caóticos de casas precarias, se trata de urbanizar esos barrios, no de erradicar y expulsar.

La calidad de vida en las ciudades tiene mucho que ver con el transporte, que suele ser causa de grandes sufrimientos para los habitan­tes.

Pero, si las ciudades son muchas veces deshumanizantes, no podemos olvidarnos de quienes viven en zonas rurales. Allí donde muchas veces no llegan los servicios esenciales y hay traba­jadores reducidos a situaciones de esclavitud, sin derechos ni expectativas de una vida más digna.

El propio cuerpo

La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger el mundo entero como regalo de Dios. Una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica de dominio sobre la creación. La valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente.

El bien común

El bien común presupone el respeto a la persona humana. También reclama el bienestar social de forma especial de la familia, que es la célula básica de la sociedad. Finalmente, el bien común requiere la paz social. Esta paz no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva. Toda la sociedad –de manera especial el Estado- tiene la obligación de defender y promover el bien común.

Resumen de la encíclica Laudato si. Fotografía de un niño pobre con rostro compungido
Resumen de la encíclica Laudato si. Opción preferencial por los más pobres.

En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde cada vez más personas son descartadas, el principio del bien común se convierte en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres.

La noción de bien común incluye también a las generaciones futuras. Desarrollo sostenible equivale a solidaridad intergeneracional. Las predicciones catastrofistas ya no pueden ser miradas con desprecio. A las generaciones futuras podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad.

La dificultad para tomar en serio este desafío tiene que ver con un deterioro ético y cultural que acompaña al deterioro ecológico. Muchos problemas sociales se relacionan con el inmediatismo egoísta actual. No imaginemos solamente a los pobres del futuro, basta que recordemos a los pobres de hoy, que tienen pocos años de vida en esta tierra y no pueden seguir esperando.

 

Resumen de la encíclica Laudato si. CAPÍTULO V. Algunas líneas de orientación y acción

Resumen de la Encíclica Laudato si.

Este vídeo contiene la lectura del capítulo V

 

Para abordar los problemas de fondo es indispensable un consenso mundial.

El movimiento ecológico mundial ha hecho ya un largo recorrido gracias al esfuerzo de muchas organizaciones de la sociedad civil. Sin embargo, por falta de decisión política, las Cumbres mundiales sobre el ambiente no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces.

El cambio climático

En lo relacionado con el cambio climático, los avances son muy escasos. Algunas estrategias de baja emisión de gases contaminantes buscan la internacionalización de los costos ambientales. De este modo se agrega una nueva injusticia envuelta en el ropaje del cuidado del ambiente.

La estrategia de la compraventa de “bonos de carbono” puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes.

Los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes. También es cierto que deben desarrollar formas menos contaminantes de producción de energía, pero para ello necesitan contar con la ayuda de los países que han crecido mucho a costa de la contaminación actual del planeta.

Resumen de la encíclica Laudato si. Dibujo que representa la exportación de residuos radiactivos del norte al sur.
Resumen de la encíclica Laudato si. Intolerable que los países ricos exporten su contaminación a los países pobres.

Por otra parte, hacen falta marcos regulatorios globales que impidan acciones intolerables, como es el hecho de que países poderosos exporten sus residuos e industrias altamente contaminantes a otros países.

La protección de las áreas marinas más allá de las fronteras na­cionales continúa planteando un desafío especial.

Inmediatismo y corrupción de la política

Estamos en un escenario de debilitamiento de poder de los Estados nacionales frente a los poderes financieros internacionales. Por ello, es necesaria la maduración de instituciones internacionales con poder sancionador. Las autoridades de estos organismos deberían ser designadas equitativamente entre los gobiernos nacionales.

Respondiendo a intereses electorales, los gobiernos no están dispuestos a tomar medidas que puedan afectar al nivel de consumo o pongan en riesgo inversiones extranjeras. La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, priman los principios éticos sobre el interés y se actúa buscando el bien común a largo plazo.

Mientras el orden mundial elude sus responsabilidades, la instancia local está demostrando que es posible. Por ejemplo, en algunos lugares se están desarrollando cooperativas para la explotación de energías renovables que permiten el autoabastecimiento e incluso la venta de excedentes.

Es indispensable la continuidad, porque no se pueden modificar las políticas relaciona­das con el cambio climático y la protección del medio ambiente cada vez que cambia un gobierno. Por eso, frente a la corrupción, es necesaria la presión de la población que fuerce una decisión política.

La previsión del impacto ambiental de cualquier proyecto requiere procesos políticos transparentes y consensuados. Esta transparencia es lo contrario de la corrupción, que esconde el verdadero impacto ambiental a cambio de favores.

Además, la cultura consumista, que da prioridad al corto plazo y al interés privado, contribuye al acortamiento de los trámites o a la falta de transparencia.

El estudio del impacto ambiental de cualquier proyecto debería ser siempre previo a su desarrollo. En caso de duda, debería detenerse o modificarse.

Esto no implica oponerse a cualquier innovación tecnológica que permita mejorar la calidad de vida de una población. Pero debería quedar claro que la rentabilidad no puede ser el único criterio.

El poder financiero

Resumen de la encíclica Laudato si. Foto de una de las torres Kio de Madrid, sede de lo que era Caja Madrid. La foto dice: My beautiful picture
Resumen de la encíclica Laudato si. Salvación de los bancos a toda costa, sin reformas en profundidad, muestran el dominio absoluto de las finanzas.

Pensando en el bien común, necesitamos que política y economía actúen unidas a favor de la vida, especialmente la vida humana. La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin que estas medidas vayan acompañadas de una reforma en profundidad del sistema bancario, muestra el dominio absoluto de las finanzas. Este dominio llevará a nuevas crisis después una larga, dolorosa y solo aparente curación.

Hay que insistir en que la protección ambiental no puede asegurarse solo en base al cálculo financiero.

Redefinir el progreso

Cuando se plantean estas cuestiones, algunos reaccionan acusando a los demás de pretender detener irracionalmente el progreso y el desarrollo humano. Sin embargo, tenemos que convencernos de que otro modo de producción y desarrollo es posible.

La diversificación productiva da amplísimas posibilidades a la inteligencia humana para innovar, proteger el medio ambiente y crear más fuentes de trabajo.

De todos modos, hay que pensar también en detener un poco la marcha, en poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde. Por eso ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo de modo que se pueda crecer sanamente en otras partes.

Es necesario redefinir el progreso. Los términos medios son sólo una pequeña demora en el derrumbe. El discurso del crecimiento sostenible no es sino marketing.

El principio de maximización de la ganan­cia es una distorsión conceptual de la econo­mía.

Mientras unos sólo buscan el rédito económico y otros conservar o acrecentar el poder, el resultado son guerras o acuerdos espurios, mientras preservar el medio ambiente o cuidar de los más débiles se torna irrelevante.

Más allá de la ciencia

No se puede sostener que las ciencias empíricas explican completamente la vida, el entramado de todas las criaturas y el conjunto de la realidad. Eso sería sobrepasar indebidamente sus confines metodológicos.

Por otra parte, cualquier solución técnica que pretendan aportar las ciencias será impotente para resolver los graves problemas del mundo si la humanidad pierde su rumbo. En todo caso, habrá que interpelar a los creyentes a ser coherentes con su propia fe y a no contradecirla con sus acciones.

La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes. Por ello debería haber un diálogo interreligioso en torno al cuidado de la naturaleza y la defensa de los pobres. Es imperioso también un diálogo entre las ciencias mismas. Finalmente es necesario que los propios ecologistas dejen atrás sus diferencias ideológicas.

 

Resumen de la encíclica Laudato si. CAPÍTULO VI. Educación y espiritualidad ecológica

 

Resumen de la Encíclica Laudato si.

Este vídeo contiene la lectura del capítulo VI

El consumismo

El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Tal paradigma hace creer a todos que son libres mientras tengan una supuesta libertad para consumir. La realidad es que, quienes en realidad poseen la libertad son los que integran la minoría que detenta el poder económico y financiero.

Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir. La obsesión por un estilo de vida consumista será el origen de violencia y destrucción recíproca. Especialmente si sólo unos pocos se la pueden permitir.

Un estilo de vida alternativo

Sin embargo, no todo está perdido. Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre quienes tienen poder político, económico y social. Ello nos recuerda la responsabilidad de los consumidores.

Se puede desarrollar un estilo de vida alternativo. Estamos ante un desafío educativo. La existencia de leyes y normas no es suficiente a largo plazo. Para que la norma jurídica sea efectiva, es necesario que la mayor parte de los miembros de la sociedad la haya aceptado a partir de motivaciones adecuadas.

Una buena educación escolar en edad temprana coloca semillas que pueden producir efectos a lo largo de toda una vida. Pero hay que destacar la importancia central de la familia. La familia es el lugar de la formación integral.

A la política y a las diversas asociaciones les compete la concientización de la población. También a la Iglesia.

Una espiritualidad ecológica

Quiero proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe. Lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir.

Pero también tenemos que reconocer que algunos cristianos comprometidos y orantes, bajo excusa de realismo, suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. Otros son pasivos y se vuelven incoherentes. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios no es algo opcional, ni un aspecto secundario para el cristiano.

Sin embargo, no basta la conversión personal. La conversión ecológica que se requiere, tiene que ser también una conversión comunitaria. El creyente no contempla el mundo desde fuera, sino desde dentro.

Resumen de la encíclica Laudato si. Fotografía de un gorrión
Resumen de la encíclica Laudato si. Vivir el presente y valorar lo pequeño

La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida y alienta un estilo de vida profético y contemplativo. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño. Agradecer las posibilidades que ofrece la vida, sin apegarnos a lo que tenemos, ni entristecernos por lo que no poseemos.

La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora. No es menos vida, no es una baja intensidad, sino todo lo contrario.

No es fácil desarrollar esta sana humildad, si excluimos a Dios de nuestra vida, si nuestro yo ocupa su lugar.

La paz interior

Muchas personas expe­rimentan un profundo desequilibrio que las mue­ve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrede­dor.

Fotografía de Doña Elvira (cf. artículo "Una santa de nuestros días")
Resumen de la encíclica Laudato si. Foto de Doña Elvira. Paz interior

La paz interior es una actitud del corazón. Es vivir todo con serena atención. Es estar plenamente presente ante alguien, sin estar pensando en lo que viene después. Consiste en entregarse a cada momento como don divino que debe ser plenamente vivido.

Una expresión de esta actitud es detenerse a dar gracias a Dios antes y después de las comidas. Es la misma gratitud que nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control.

La lucha por un mundo mejor

Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que somos responsables por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos.

Cuando alguien reconoce el llamado de Dios a intervenir junto con los demás en estas dinámicas sociales, debe recordar que eso es parte de su espiritualidad, que es ejercicio de caridad y que de ese modo madura y se santifica.

No todos están llamados a trabajar directamente en la política, pero en la sociedad existen muchas asociaciones que intervienen a favor del bien común preservando el ambiente natural y urbano.

Encontrar a Dios en todas las cosas

Resumen de la encíclica Laudato si. Manos tendidas al cielo (foto)
Resumen de la encíclica Laudato si. Encontrar a Dios en todas las cosas

El ideal no es sólo pasar de lo exterior a lo inte­rior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las co­sas.

En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaris­tía, todo el cosmos da gracias a Dios. El domingo, la participación en la Eucaristía tiene una importancia especial. El domingo es el día de la Resurrección, el «primer día» de la nueva creación.

Para los cristianos, creer en un solo Dios que es comunión trinitaria lleva a pensar que toda la realidad contiene en su seno una marca propiamente trinitaria. Las Personas divinas son relaciones sub­sistentes. Esto no sólo nos invita a admirar las múltiples conexiones que existen entre las criaturas, sino que nos lleva a descubrir una clave de nuestra propia realización.

María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Junto con ella, en la familia santa de Na­zaret, se destaca la figura de san José. Él cuidó y defendió a María y a Jesús con su trabajo y su presencia generosa. Por eso fue declarado custodio de la Iglesia universal. Él también puede enseñarnos a cuidar de este mundo que Dios nos ha confiado.

La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar. Junto con todas las criatu­ras, caminamos por esta tierra buscando a Dios. Él no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos.

 

Resumen de la encíclica Laudato si