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El tema que vamos a abordar en este artículo es el de la práctica religiosa y lo haremos desde diversas vertientes. Soy consciente de que, dado que me encuentro en España, mi visión no puede ser sino parcial. Por eso, y porque sé que recibo muchas visitas del mundo entero, especialmente de América latina, agradezco anticipadamente cualquier aportación que puedan hacer.

1. El abandono de la Iglesia y sus diversas formas

El sacrificio eucarístico. La práctica religiosa. Foto: Fieles en misaAl tratar del tema de la práctica religiosa, lo primero que nos encontramos son las estadísticas de un hecho incontrovertible: en muchos países tradicionalmente católicos, especialmente europeos, pero también latinoamericanos, la práctica religiosa está descendiendo. Y esto es especialmente preocupante porque este fenómeno se observa de manera especial entre los jóvenes. Preocupante sobre todo porque, a la vuelta de unos pocos años, habremos fallecido la mayoría de quienes todavía nos dejamos ver por las iglesias.

Los que han perdido la fe

Entre estos que han abandonado las prácticas religiosas, muchos directamente han perdido la fe o han abrazado otra. En estos casos no tiene sentido hablar de prácticas religiosas… aunque haya algunos que todavía –por las razones que sean- buscan determinados sacramentos para sí mismos o para sus hijos.

Por otra parte, en España, está aumentando el número de quienes apostatan oficialmente, la mayoría para no ser contabilizados como católicos, aunque puede haber otras razones. Sin embargo, a la mayoría no le merece la pena tomarse unas molestias de las que no van a obtener ningún beneficio.

Los "católicos no-practicantes"

Después están aquellos que se suelen llamar “católicos no-practicantes”. Hay que subrayar que son los propios sujetos quienes se autodenominan católicos y quienes afirman no practicar. No se trata de un término técnico, sino que viene de los propios interesados. Así pues, son ellos quienes tienen que llenar de contenido la expresión.

Por lo que respecta a la ausencia de práctica religiosa, podemos observar unos rasgos más o menos característicos. Cuando alguien dice ser no-practicante, normalmente quiere decir que hace mucho tiempo que no va a misa.

Por otra parte, esta incomparecencia en las misas dominicales suele ir acompañada por otras prácticas. Normalmente piden para sus hijos taEl sacrificio eucarístico. La práctica religiosa. Foto de iglesia abandonadanto el bautismo como la primera comunión. Pero también, actualmente, muchos jóvenes incluso se confirman, algo así como para despedirse de la Iglesia por la puerta grande. Por otra parte está la asistencia a aquellas celebraciones que constituyen un acto social ineludible: bautizos, primeras comuniones, bodas, funerales… Finalmente hay que mencionar las fiestas patronales que muchas veces son el delgado hilo del que la Iglesia puede tirar -al menos una vez al año- para no perder el contacto con estos católicos.

Por lo que respecta a qué entienden por ser católicos, en primer lugar –aunque no suelen explicitarlo y menos aún de esta forma- consideran católico a todo aquel que está bautizado en la Iglesia católica. Por lo demás, muchos te dicen abiertamente que por tradición familiar. Otros manifiestan una fe más o menos difusa: creen en “algo”, creen “por si acaso”. Finalmente, otros –sobre todo entre gente de una cierta edad- tienen una fe con mayor fundamento, pero no quieren saber absolutamente nada de la institución eclesial.

2. Una nueva forma de entender la práctica religiosa

Hablamos de personas que se consideran a sí mismas, no ya practicantes, sino incluso comprometidas. Se trata de personas que efectivamente tienen un compromiso eclesial visible y que, sin embargo, no valoran la Eucaristía. Más aún, ejercen una presión no pequeña contra aquellos católicos para quienes es importante.

Compromiso institucional

Existe entre los católicos actuales –y no se piense sólo ni principalmente en los más jóvenes- una corriente de opinión según la cual ser católico es estar "comprometidos". La celebración eucarística pasa a un segundo plano o incluso es prescindible. Por otra parte, ese compromiso está claramente definido como compromiso con una comunidad concreta (del tamaño o tipo que sea). De una manera muy similar a como sucede con el compromiso político. El compromiso sería entonces compromiso con un grupo concreto de personas, con la asistencia a unas reuniones, con el seguimiento de unas directrices y, en su caso, con unos trabajos realizados institucionalmente.

Comunidades cristianas

El compromiso es considerado de este modo como algo sobre todo visible y, por tanto, medible y cuantificable. Esto, sin embargo, hace que el compromiso con Cristo -que es el que de verdad importa- quede eclipsado porque lo que hay dentro de cada corazón no es medible ni cuantificable y porque el compromiso cristiano no puede limitarse a la acción realizada bajo los auspicios de la institución eclesial. La mayor parte de las obras realizadas por amor son invisibles más allá de los beneficiarios directos.

La eucaristía vista como algo secundario y prescindible

Por otra parte, es muy llamativo que personas con un compromiso incluso sacramental (léase presbíteros) se resistan en ocasiones a celebrar la eucaristía cuando están, por ejemplo, de vacaciones. Una excursión puede ser más importante (incluso en el caso de que ambas actividades no sean incompatibles).

En el tiempo que estuve en Brasil, tuve también ocasión de comprobar que muchos seminaristas –pudiendo elegir- preferían una celebración de la palabra antes que una Eucaristía. Más aún, no entendían la diferencia entre ambas, dado que en dichas celebraciones se repartía igualmente la comunión. La preferencia era justificada por la mayor libertad en el rito… y porque a ellas no asistían los formadores.

Causas del abandono de la práctica religiosa

A mi modo de ver, aquí está la clave para entender una parte muy fundamental de la actual desbandada general que se está dando en la Iglesia. Ciertamente hay factores ajenos a la Iglesia y sobre los cuales no parece posible influir. Pero la Iglesia está cometiendo la enorme torpeza de no darle la debida importancia a la liturgia, que es cumbre y fuente de la vida eclesial, al tiempo que tratan de atraerse a los jóvenes a base de entretenimientos que los jóvenes inteligentes saben buscarse por sí mismos.

Hay muchos estudios estadísticos que nos informan sobre los porcentajes de descenso en la práctica religiosa, muy pocos que vayan a las causas. Entre estos, podemos encontrar algún estudio sociológico o histórico. No he encontrado ninguno teológico.

¿Por qué no se valora hoy la eucaristía?

¿Por qué no se valora hoy la eucaristía? No hablo de aquellos que han perdido la fe –aunque nos podríamos preguntar qué fue antes, si el huevo o la gallina- sino de los muchos que aún rezan –aunque sea poco- y de los que todavía creen en Cristo –aunque lo manifiesten de forma puntual e incluso supersticiosa-. ¿Por qué? ¿Porque “las misas son un rollo”? No lo creo. Más rollo es la televisión y tiene un número creciente de “fieles”. Y, además, si las misas son "un rollo", ¿cómo es que todavía hay gente que se casa por la Iglesia... porque "es más bonito"? ¿En qué quedamos?

Sacerdote tocando la guitarraOtra cosa es que, si los que participamos en el sacrificio eucarístico resulta que estamos “de cuerpo presente”, pero no nos ofrecemos a nosotros mismos –y eso se nota más de lo que pensamos-. Si resulta que además vamos por obligación (obligación dominical u obligación “profesional”). No te digo nada si resulta que en realidad no nos creemos que Cristo esté ahí realmente presente. ¿Qué otra cosa podemos esperar, sino que a la gente –especialmente joven- aquello le parezca un bodrio? Si, además, la falta de fe tiene como consecuencia que la presencia del sacrificio de Cristo venga eclipsada por un protagonismo creciente del celebrante –en el mejor de los casos con una homilía de media hora- entonces ya el acabose.

El clero católico actual acepta –o dice aceptar- el Depósito de la fe como un todo indiscutido. Sin embargo, la mayoría de las veces se guarda ante los dogmas un silencio que no ayuda en nada a la vida de la fe. Algunos dogmas, como el del pecado original, prácticamente ni se menciona.

La fe enriquece la espiritualidad en la medida en que es asimilada. Por el contrario, los contenidos de la fe suelen atragantarse cuando son simplemente engullidos.

El silencio de los pastores

Dibujo que representa un emoticón silbandoPor otra parte, este silencio no siempre supone una aceptación implícita –lo que se ha llamado “la fe del carbonero”. Todo lo contrario. Pocos se atreven a negar abierta y públicamente un dogma, pero el clero ha dejado de hablar de los dogmas. Se lanza de este modo un mensaje subliminal cuanto menos de intrascendencia.

Cuadro anónimo del siglo XVI, que representa un aula de la Universidad de SalamancaNo ha sido así siempre. Hubo un tiempo en el que a nadie se le hubiera podido pasar por la cabeza que algún día la jerarquía eclesial estaría más pendiente de nadar y guardar la ropa que de transmitir la fe. Hubo un tiempo en el que los teólogos debatían acaloradamente sobre diversas cuestiones, por espinosas que fueran. Dichas cuestiones eran zanjadas finalmente por el Papa generalmente en un concilio. No inmediatamente, sino mucho tiempo después. Siglos incluso.

Hoy en día no existe debate alguno en materia de Teología dogmática. Si acaso –y con muchísimo tiento- se dejan caer comentarios diversos sobre algunas cuestiones morales. Recordemos el “¿quién soy yo para juzgar?” En boca del máximo representante de la Iglesia, esto suena más a escaqueo que a benevolencia. Es cierto que Cristo no vino a juzgar, pero una cosa es no juzgar y otra no dar respuestas.

Dibujo de un hombre mirando un poste con flechas en todas direcciones. El hombre se está rascando la cabeza sobre la que tiene un signo de interrogación. El dibujo representa de forma simbólica la desorientación de quien no sabe por dónde tirarCuando los pastores guardan silencio ante determinadas cuestiones, los fieles quedan huérfanos de cualquier explicación que resuelva sus dudas. Cada cual queda así abandonado a su suerte. El resultado es que a muchos laicos piadosos les aterroriza reflexionar sobre su fe. Otros buscan por su cuenta alguna justificación con la cual tranquilizar su espíritu. Finalmente los más, sencillamente dejan de creer en según qué cosas.

No hace falta añadir que, cuando uno deja de creer en algunas verdades de su fe, corre el riesgo de terminar relativizándolas todas.

EL PECADO ORIGINAL

Especial dificultad ofrece actualmente el dogma del pecado original. No hay más que ver que –excepción hecha de una breve alocución de Benedicto XVI- no se habla de él prácticamente para nada.

La dificultad no viene únicamente de la teoría de la evolución como teoría científica, sino también y no en menor medida, de la corriente de pensamiento asociada, según la cual el mal no sería sino la consecuencia lógica de una naturaleza inacabada.

1. El dogma del pecado original en la historia de los documentos oficiales

En el Denzinger

Pecado original. Cuadro de TizianoEl dogma del pecado original se centra en explicar:

  1. Que el sufrimiento y la muerte son consecuencia directa del pecado de Adán y Eva (D 101-102)
  2. Que dicho pecado se transmite a todos los descendientes de esta primera pareja. “(…) por propagación, no por imitación” (D 790). El pecado es, por así decir, heredado genéticamente (D 109a; D 175) de la misma forma que genéticamente heredamos nuestra condición de seres mortales. Ambas cosas están directamente relacionadas.
  3. Que el pecado original no puede ser borrado sino gracias a Jesucristo y por medio del Bautismo (D 791-792). Si por el pecado vino la muerte, por el Bautismo –es decir, por la incorporación al Cuerpo de Cristo- viene la promesa de la Vida Eterna (cf. Rom 5,12-21; 6,4; Rom 8,17; Gal 3,27; Ef 4,22ss; Jn 1,29; 3,5; etc).

Expulsión de Adán y Eva del paraíso. Cuadro de Aureliano MilaniEn ninguno de los textos que figuran en el Denzinger (en la primera versión, que es la que citamos aquí, que llega únicamente hasta Pío XII) se explica en qué consiste el pecado original más allá de reproducir el texto del Génesis. Lo importante para la fe de la Iglesia no es saber en qué consistió el pecado, sino saber que los hombres estaban destinados a una vida dichosa y ellos –inducidos por Lucifer- se labraron para sí mismos y para sus descendientes el sufrimiento y la muerte.

En el Catecismo de la Iglesia católica

Hay que decir, no obstante, que el Catecismo de la Iglesia Católica, sí dice en qué consiste dicho pecado:

«El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador (Cf. Gn 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre (Cf. Rm 5,19). En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad».(n. 397).

El pecado comienza allí donde la creatura deja de confiar en su creador. La desobediencia es consecuencia lógica de la desconfianza.

«Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”.» (Gn 3,4).

La serpiente siembra la duda en la mujer, sugiriendo mala intención en el mandato divino. Éste es el pecado original. El que está en el origen de todo pecado, también de nuestros pecados personales. Allí donde la creatura toma distancia frente a Dios, desconfía de él procurando una falsa autonomía, ahí está negando su propio ser, lo que viene a resultar en su autodestrucción.

2. El pecado original. Dificultades de los textos

Los textos que sustentan el dogma del pecado original [PECADO ORIGINAL (textos Denzinger)] ofrecen dificultades que, aunque hoy por hoy no hayan sido resueltas, haríamos mal en fingir que no existen. Veamos algunas de las más importantes:

a) El pecado original. Dificultades antiguas

El hombre fue creado inmortal no sólo en el alma, sino también en el cuerpo

La muerte es consecuencia del pecado: “Quienquiera que dijere que el primer hombre, Adán, fue creado mortal, de suerte que tanto si pecaba como si no pecaba tenía que morir en el cuerpo, es decir, que saldría del cuerpo no por castigo del pecado, sino por necesidad de la naturaleza, sea anatema” (XVI Concilio de Cartago, año 418. D 101).

El pecado original es “transmitido a toda alma (…) por descendencia” (D 109a)

Forma parte de la fe de la Iglesia que el alma de cada uno de nosotros es creada por Dios de la nada (D 348) en el momento de la generación. Así pues el pecado, que es algo propio del alma, viene transmitido por la generaDibujo que representa un gen modificado por el pecado original. Es un ejemplo para que se vea gráficamente cómo el pecado original modifica la naturaleza de todo hombre. Esto no tiene nada que ver con la culpa.ción del cuerpo.

Esta cuestión es abordada por Santo Tomás de Aquino, dando una respuesta muy sugestiva en la buena dirección. Comienza introduciendo una pregunta que en un primer momento parece totalmente innecesaria: ¿qué pasaría si un hombre naciera de otro, pero no del modo habitual, sino a partir de alguno de sus miembros (una especie de clonación milagrosa)?

La respuesta del Aquinate es que este hombre no nacería con el pecado original, porque –y aquí está lo importante- lo que genera el pecado no es la carne pecadora, sino la intervención humana. Cuando el hombre interviene en la generación, transmite el pecado original. Esto no sucedería si un hombre naciese de otro hombre de una forma milagrosa, porque entonces el hombre no sería causa de dicha generación (cf. Suma Teológica I-II, q. 81 a. 4). Obsérvese que, según este razonamiento, el argumento se basa en que la generación es un acto humano y no, como alguna vez se ha interpretado, en una supuesta “suciedad” asociada al sexo.

b) El pecado original. Una dificultad nueva

Dibujo que representa la teoría de la evoluciónLa fe en el dogma del pecado original se encuentra fundamentada en una narración según la cual todos descendemos de una única pareja humana. Suponer la existencia de diversas familias humanas de orígenes distintos pondría en entredicho bien el hecho mismo del pecado original, bien el libre albedrío del hombre. No se puede sostener simultáneamente que hubo muchas parejas incomunicadas y que todas pecaron “necesariamente”. Como mucho se podría suponer la existencia de una familia, tribu o pueblo que pecaran de manera solidaria, pero esta suposición, además de ser totalmente gratuita, nos dejaría exactamente en el mismo punto que una aceptación literal del texto del Génesis.

3. El ser humano tal y como lo conocemos

El Génesis es un libro de teología y el relato del Pecado original explica por qué el hombre, a pesar de ser creatura de Dios, lleva en sus genes la maldad.

Cuadro moderno en el que se ve sobre todo un incendio, pero también un combatiente, un tanque y una calavera. Representa la guerra.Porque la existencia del pecado es un hecho. No tenemos más que echar una ojeada en derredor. Es un hecho que el mal moral existe. No es necesario recordar todas las atrocidades que vemos cada día en las noticias.

El ser humano tiene una tendencia innata al mal. Esto es algo que queda patente observando el comportamiento de los niños. No sólo nacemos egoístas (“yo, yo, mío, mío”), sino también presas de la soberbia y de la ira (rabietas y agresividad desde bien pequeños). Crueles incluso. Lo bien que se lo pasan algunos angelitos torturando insectos y, pocos años después, matando pájaros o, directamente, haciendo la vida imposible a algún compañero de clase.

Dibujo de un niño detrás de una alambrada. El niño dice: "No sé si tengo poco sentido del humor o ellos poca vergüenza, pero llamar a esto campo de refugiados es una cruel ironía"Es importante subrayar que hay en esto algo profundamente escandaloso. ¿Cómo es posible que Dios, que fue creando todo y fue viendo que todo “estaba bien”, se estrellase justamente al llegar a lo que se supone que era la cumbre de su obra? Somos creaturas de Dios y atribuir a Dios nuestra maldad sería la peor de las blasfemias.

Así pues, el pecado original es –antes que nada- una explicación teológica de esa maldad que habita en nosotros. No el mal que cometemos consciente y deliberadamente como fruto de nuestro libre albedrío, sino aquélla maldad que está alojada en el fondo de nuestro corazón y nos arrastra hacia el mal incluso cuando no queremos (cf. Rom 7,19). Esa maldad nos viene de nacimiento, pero no puede ser obra de Dios, sino de alguien que desfiguró lo que Dios tenía planeado que fuera.

LA SALVACIÓN EN CRISTO

Leyendo los textos de referencia acerca del dogma del pecado original comprobamos que la mayoría se centran, no en el pecado, sino en la gracia que nos viene por Cristo.

1. La Providencia divina tiene siempre la última palabra

Que el mal es una realidad, no hay como negarlo. Ahora bien, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento encontramos sombra alguna de dualismo. El bien y el mal no son dos principios equiparables.

La Iglesia tampoco acepta el monismo moderno que sostiene algo así como un principio a la vez bueno y malo en todas las cosas. Solamente hay un principio, Dios y de él procede todo bien en un doble sentido: todo lo que Dios ha hecho está bien y todo lo que está bien procede de Dios.

El mal no es un principio creador. El mal tiene su origen en la libre decisión de aquellas creaturas que, pudiendo elegir entre el bien y el mal, decidieron rebelarse contra Dios.

En cualquier caso, el mal no tiene nunca la última palabra. Los malos hacen muchas cosas contra la voluntad de Dios, pero Dios utiliza ese mal para sus fines buenos (San Agustín, La Ciudad de Dios, XXII,1-2).

2. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia

Fotografía de la Piedad. Escultura de Miguel Ángel

Nos limitaremos aquí a hacer una breve síntesis de aquellos textos del Denzinger en los que se habla de la gracia en relación con el pecado original.

Nadie se salva si no es por medio de Nuestro Señor Jesucristo

  • El deseo del bautismo no es fruto del libre albedrío, sino de la generosidad de Cristo (D 199).
  • El pecado original se quita por los méritos del sólo mediador Nuestro Señor Jesucristo (D 790).

El pecado original se perdona por medio del sacramento del bautismo

  • Por la muerte de Cristo se rompe esa cédula de muerte y por el bautismo somos liberados (D 109 a).
  • «(…) por el sacramento del bautismo, rubricado por la sangre de Cristo, se perdona la culpa y se llega también al reino de los cielos, cuya puerta abrió misericordiosamente a todos los fieles la sangre de Cristo» (D 410).
  • A propósito del bautismo de los niños, leemos: «El [pecado] original, pues, que se contrae sin consentimiento, sin consentimiento se perdona en virtud del sacramento» (D 410).

En la vida del cristiano todo es don de Dios, regalo inmerecido, gracia

  • El Espíritu Santo es el artífice, no sólo de que sean perdonados nuestros pecados, sino que también obra en nuestra voluntad el deseo de que esto suceda (D 177).
  • Ni llegar a la fe, ni nuestro aumento de fe, si siquiera desear la fe es obra nuestra (D 178).
  • Todo bien que hay en los hombres viene de Dios (D 195)
  • Amar a Dios es un don de Dios (D 198; D 199).
  • Nadie se salva, sino por la misericordia de Dios y esto hubiera sido así incluso aunque no hubiera habido pecado original (D 192). Esto es importante. La gracia de Dios hubiera sido en cualquier caso necesaria, más aún después de la caída.

Terminamos con un texto del II Concilio de Orange que resume de modo admirable lo que supone la gracia de Dios en la vida del creyente:

«También profesamos y creemos saludablemente que en toda obra buena, no empezamos nosotros y luego somos ayudados por la misericordia de Dios, sino que Él nos inspira primero —sin que preceda merecimiento bueno alguno de nuestra parte— la fe y el amor a Él, para que busquemos fielmente el sacramento del bautismo, y para que después del bautismo, con ayuda suya, podamos cumplir lo que a Él agrada» (D 200).

Fotografía de un gato adulto tumbado sobre los brazos de una persona. El gato está en posición supina, cosa que en un gato significa confianza total y, además, está con las patas delanteras dobladas en una postura que refuerza el lenguaje corporal de confianza. Todo lo bueno que hacemos es, de principio a fin, obra de Dios. Él es quien inspira y es él quien sustenta. Esto debería ser para nosotros motivo de enorme alegría y paz. No hay lugar para ciertas actitudes de agobio que se observan en algunas personas piadosas. Lo único que podemos hacer nosotros es reconocer, agradecer, pedir para que nos dejemos hacer… a sabiendas de que todo está en las manos de Dios.

¿Cómo ser cristiano en la época de la posverdad? Ante el reinado del Dinero y de la Mentira, al cristiano se le debería poder distinguir por su honestidad.

  • La sociedad occidental es mucho menos plural y libre de lo que nos quieren hacer creer.
  • Características fundamentales de dicha sociedad son la importancia dada a lo económico y la tolerancia hacia la mentira. Ambas cosas están en la fuente misma del Mal tal y como lo describen los Evangelios.
  • Sin embargo, los cristianos de los países del llamado Primer Mundo hemos hecho nuestra esta cultura y compartimos su escala de valores.
  • Por ello, para ser cristiano hoy, se requieren unas condiciones previas que antes seguramente no eran tan necesarias.

La falsa libertad de nuestras sociedades occidentales

Dibujo de un hombre con terno y corbata (parece que también con un pequeño bigote). Le escucha una masa de gente. El hombre dice: "¡Os ofrezco soluciones para mis problemas!"Existe hoy en día un consenso generalizado que caracteriza a nuestras sociedades occidentales como dotadas de un gran pluralismo. Este supuesto pluralismo sustenta a su vez el dogma de una tolerancia mucho más teórica que real. Nos imponen una lista de cuestiones ante las cuales hay que ser tolerante. Mientras tanto se reprime cualquier convicción que pretenda tener consecuencias más allá de lo estrictamente privado.

Lo primero que habría que preguntarse es de dónde nace esta autopercepción de pluralismo. Por ejemplo, el hecho de que hoy las personas no acepten los argumentos de autoridad no es una prueba de pluralismo. Esto es más bien algo que compartimos y que, por consiguiente, nos hace semejantes. A su vez, la intolerancia a los principios de autoridad no significa que no exista autoridad. Sucede que la autoridad no es claramente identificable. La comunicación no se realiza por medio de mandatos o argumentos, sino mediante la creación de estados de opinión. En realidad tampoco conocemos el sujeto que se comunica. Generalmente se desconoce de dónde surgen estas opiniones que nos son impuestas. A veces encontramos una vaga referencia a supuestas "investigaciones científicas" de las que no conocemos detalles ni autoría.

Signos de identidad de la sociedad actual

En esta sociedad que se considera a sí misma plural, pero que en realidad está totalmente teledirigida, podríamos describir numerosos signos de identidad. No obstante, con ello estaríamos describiendo rasgos superficiales, más o menos significativos o anecdóticos, poco más que meros síntomas. La intención de este artículo, sin embargo, es ir a las causas. Encontrar los verdaderos signos de identidad de la sociedad posmoderna.

Una sociedad donde priman los criterios económicos

Dibujo de un hombre cuyo cuerpo está rodeado por una esfera cuya superficie está cubierta de monedas de euro. La cabeza es una esfera igual, pero más pequeña. A su alrededor vuelan billetes de 100, 200 y 500 euros, que también alfombran el sueloPrimer signo de identidad es la exclusividad y generalización de los criterios económicos a todos los ámbitos de la realidad. Para que se entienda lo que quiero decir pondré un par de ejemplos.

  1. En el ámbito de lo laboral, antes primaba la estabilidad por encima de lo puramente económico. Esto tanto por parte de los empresarios como por parte de los trabajadores. Es lógico que el empresario busque obtener las mayores ganancias. Sin embargo, tener trabajadores con experiencia y comprometidos con la empresa puede ser una inteligente estrategia empresarial. Ahora, en cambio, parece que de forma generalizada han cambiado las políticas empresariales. La competencia feroz entre las empresas no se libra en el campo de la calidad. Son los bajos precios los que marcan la diferencia. De este modo, no interesa la profesionalidad, sino los bajos salarios y la flexibilidad en la contratación.
  2. Chiste de Forges alusivo al trabajo precarioEso, a su vez, hace que los jóvenes sientan que no vale la pena invertir tiempo ni esfuerzo en formación. Olvidan así que la finalidad de la formación no es exclusiva ni fundamentalmente económica. Por otra parte, ese economicismo hace que, en ocasiones, actuar con criterios éticos resulte poco menos que un excentricismo.

Acomodación a la mentira

El segundo signo de identidad de nuestra sociedad actual es la acomodación a la mentira. No estoy sugiriendo que mentir sea una novedad de nuestros tiempos. La mentira es de algún modo connatural al ser humano. Lo novedoso es la naturalidad con la que hoy aceptamos que insulten nuestra inteligencia mintiéndonos en la cara. Placa que representa tachada la palabra Truth (verdad en inglés)Y esto en todos los ámbitos en la vida.

Por ejemplo, es normal que un alumno que no ha hecho los deberes invente alguna excusa inverosímil para justificarse. Lo nuevo es que te nieguen en la cara lo que acabas de ver con tus propios ojos. Visto desde otra perspectiva, es por ejemplo normal que los adolescentes no crean en las advertencias de los adultos. Los jóvenes siempre han juzgado como exageración o pusilanimidad las advertencias de sus mayores. Lo nuevo es encontrar tantos niños resabiados. Piensan, además, que les mientes de forma interesada. Parece evidente que es a esto a lo que están acostumbrados.

Y algo todavía más sorprendente: hoy en día se acepta con mayor facilidad la mentira que la verdad. Esto, que no es totalmente nuevo, puede tener una explicación psicológica sencilla. Quien te miente, normalmente te dice lo que sabe que tú quieres oír. La verdad, en cambio, resulta en ocasiones muy molesta. ¿Cuál es entonces la novedad? La clave está en el discernimiento, fruto de la razón, que ayuda a distinguir entre deseo y realidad. Hoy en día, fruto de determinadas corrientes filosóficas que vienen desde Kant y que culminan en el llamado “pensamiento débil”, se ha esfumado la realidad, dejando a las personas inermes frente a la manipulación.

La posverdad en la política

Chiste. Aparece un pollo asándose en un horno. Enfrente se ve a media docena de pollos vivos que dicen: "y... ¿tú votaste esto?... ¿estás seguro que es por nuestro bien?"Y esto, que lleva tiempo siendo un hecho en las relaciones tanto personales como empresariales, ya está teniendo sus consecuencias políticas. Nuevamente digamos que el hecho de que los políticos mientan no es ninguna novedad. Lo novedoso es que ya no necesiten dar a sus mentiras una cierta verosimilitud. Parece que, cuanto peor mienten, más apoyos concitan. La palabra acuñada para expresar esta nueva situación es post-truth, traducida al español por posverdad, y declarada palabra del año  por el diccionario Oxford que la define como lo «relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal».

Ser cristiano en la época de la posverdad

Frente a esta situación, ¿qué tendríamos que hacer los cristianos? Porque la impresión es que ni están ni se les espera. No porque seamos minoría, ni porque seamos menos influyentes que otros grupos. En cierto sentido es más bien al contrario. Lo que nos hace invisibles es nuestro mimetismo. Hay destacados y muy conocidos miembros de la sociedad española que se dicen, y así pueden ser considerados, católicos practicantes. Y son precisamente estos dirigentes españoles quienes practican fervorosamente el más abierto neoliberalismo, al tiempo que llevan décadas lucrándose de la posverdad.

Fotografía en la que aparece un rebaño de ovejas caminando por el campoPero, ¿qué pasa con los cristianos desconocidos, con la gente en general que puebla nuestras parroquias? Pues, evidentemente, hay de todo como en botica. Pero, en general, llama la atención la falta de formación religiosa en todas las generaciones. Y no será por falta de clases de religión –eso sí, de todas las religiones en general en un totum revolutum-. Falta de formación, de la cual no es lo peor la falta de conocimientos, sino sobre todo la falta de vivencias, la ausencia de contexto. Religión que se nutre de un vago sentimiento de pertenencia carente de contenidos y de práctica verdaderamente religiosa. Reuniones que sirven para poco más que para conocer gente. Esto genera un cierto perfil que tiene unas características más políticas que propiamente religiosas. Podría decirse que se trata de un perfil de votante.

Dinero y mentira. Signos de identidad del Maligno

Tentaciones de Jesús. Cuadro de Carl Heinrich Bloch.

¿Cómo debería ser entonces un cristiano en la época de la posverdad? Decíamos que las dos características principales de nuestra época son el valorar todo en función del dinero y la tolerancia con la mentira. Pues bien, esto que resulta tan actual viene ya reflejado con claridad meridiana en un par de textos evangélicos. El primero dice así: “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13; cf. Mt 6,24). Servir al dinero es hacer del Dinero el eje de la vida, de manera que ocupe el lugar reservado a Dios.

El segundo es aquél en el que se llama al diablo “padre de la mentira”, aquél que miente porque le sale de dentro, porque todo en él es mentira (Jn 8,44). Podríamos decir que, para los Evangelios, la Mentira y el Dinero son dos formas de representar el fundamento de todo mal.

Las catequesis

Esto significa que hablar de Cristo dejando las cosas como están o hacer críticas a determinados aspectos de la sociedad o de los hombres y mujeres de hoy sin ir al fondo de la cuestión es traicionar a Cristo y a su Evangelio.

Así sucede, por ejemplo, cuando se reúne a los fieles para una supuesta formación que no pasa de ser, como mucho, terapia de grupo o, directamente, mero proselitismo carente de contenidos. Y así sucede también cuando la moral cristiana viene reducida a todo lo que tiene relación con la sexualidad, mientras otras conductas escandalosamente inmorales cuentan con todas las bendiciones o, al menos, con un silencio más que cómplice.

La honestidad como signo de identidad

Frente a esto y de modo semejante a cómo los paganos distinguían a los primeros cristianos por el amor que se profesaban entre ellos (cf. Hech 4,32-35), los hombres de hoy deberían distinguir a los cristianos básicamente por su honestidad en todos los ámbitos de la vida.

Alguien podrá argumentar que la honestidad no es una virtud teologal y, por consiguiente, no tendría por qué ser una virtud característica del cristiano. Cierto. Más aún, una fe no bien asimilada hace realmente difícil la honestidad, porque la honestidad lleva consigo la fidelidad a los propios principios y difícilmente puede ser fiel a sus principios quien los desconoce.

Insisto, no obstante o precisamente por ello, en que es la honestidad la virtud que debería caracterizar a los cristianos y, de hecho, aquello en lo que hoy en día se reconoce al verdadero cristiano.

Lo que hace de la honestidad una virtud especialmente valiosa en estos momentos es fundamentalmente su ausencia, de ahí que sea tan llamativa. El ser, además, una virtud que no requiere el don de la fe, hace que cualquier hombre pueda reconocerla. Y, sobre todo, es la honestidad la virtud más claramente opuesta a la avaricia y a la mentira. A ambas de manera conjunta. Es lo opuesto al todo vale que impera en nuestra sociedad occidental.

Honestidad como sencillez y transparencia

Al buscar un paradigma de hombre honesto podría pensarse en el verdadero filósofo. Curiosamente y dicho sea de paso, para la mujer, tradicionalmente la honestidad se ha usado como sinónimo de castidad (cf. 1 Tim 3,11). Pero, si tratamos de pensar en una sociedad donde la honestidad sea algo frecuente, entonces podemos imaginar una sociedad tradicional donde todo el mundo sabe quién es quién y donde traicionar la palabra dada sería la peor de las insensateces.

Ser cristiano en la época de la posverdad. Fotografía de una mujer joven que se quita la máscara¿Cuál es el perfil de ese cristiano del que estamos hablando? Los filósofos no abundan y los supervivientes de esa sociedad tradicional que acabamos de mencionar carecen de futuro. Esas personas honestas a las que yo me refiero son gente sencilla, que no se las dan de lo que no son, personas serviciales y agradecidas. Cercanas y sinceras. No son gente importante, con frecuencia no son tampoco gente ilustrada, sin embargo brillan con luz propia y se les reconoce enseguida. Hay muy pocos, cada vez menos, pero no me cabe la menor duda de que en sus manos está el futuro de la Iglesia.

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El mundo está pendiente del Sínodo de obispos reunido en estos momentos en Roma. En él se está hablando de los problemas de la familia hoy. Los periodistas hablan de un supuesto conflicto ideológico entre los obispos reunidos. Mencionan una carta que trece de ellos habrían escrito al Papa. Parece que algunos -ignoro si estos mismos u otros- habrían amenazado con un cisma.

Por su parte, algunos teólogos han firmado un manifiesto con una serie de propuestas. Mientras tanto, algunos sacerdotes piadosos rezan para que Dios ilumine al Papa. El asunto que les preocupa es la comunión de los divorciados vueltos a casar.

Todo esto provoca en mí las siguientes preguntas:

  • ¿De qué se está hablando en el Sínodo? ¿De qué problemas se está hablando?
  • ¿Cuáles son los problemas reales de la familia hoy?

MapamundiEsto, a su vez, me provoca otra cuestión: ¿son los problemas que acucian a las familias actuales los mismos en todas las partes del mundo? Por poner solamente un ejemplo: ¿son las familias africanas como las familias españolas? ¿De qué están hablando los obispos?

Ciertamente existen hoy conflictos morales que requieren una respuesta. ¿Pero radican ahí los problemas de las familias actuales?

Por ejemplo. El conflicto moral de algunas personas casadas en segundas nupcias es un problema que merece atención. Pero no es un problema de las familias. Es un problema individual. Muchas veces no es ni tan siquiera un problema compartido en pareja. Es un problema personal y de conciencia. Si hubiera hoy una teología viva, una verdadera investigación teológica -como hubo en otros tiempos- ya estarían debatiendo sobre el asunto los mejores teólogos. Hoy, sin embargo, no existe debate teológico en profundidad porque la respuesta a todo se espera del Papa.

Por lo que respecta a los homosexuales, es una cuestión incómoda que deberá ser afrontada oficialmente por la Iglesia en algún momento. Hacer la vista gorda no parece una respuesta adecuada. En cualquier caso, culpar a las uniones entre homosexuales de la "crisis de la familia" es sencillamente absurdo. Cada familia es artífice de su propia felicidad o de su propia desgracia. Echar la culpa a los demás es una clara muestra de inmadurez.

¿Cuál es entonces la problemática de la familia hoy?

Mapa de España

Hablando desde España [1], los problemas reales de la familia hoy se pueden ver desde una triple perspectiva:

 

Perspectiva sociológica

La perspectiva sociológica es fundamental al tratar de la familia hoy, por más que tengamos puestos los ojos en la familia "cristiana". Entre otras cosas porque es muy difícil definir qué se entiende por familia cristiana. ¿Los casados por la Iglesia? ¿Los que piden los sacramentos para sus hijos? ¿Las familias formadas por católicos practicantes? ¿Qué pasa cuando en la pareja uno es practicante y otro no? Pues bien, desde un punto de vista sociológico, parece que los problemas que acucian a las familias son los siguientes:

  • La falta de amor entre los esposos (familias donde se respira tensión nada más entrar por la puerta, allí donde ya ni se discute porque directamente no se hablan).
  • Familias rotas donde los niños son los grandes perjudicados. YenFamilia hoy. Dibujo de una pareja gritando mientras tiran de los brazos de un niño, cada uno para un ladodo de aquí para allá en el mejor de los casos. A veces con órdenes de alejamiento. Utilizados muchas veces para hacer daño a la otra parte.
  • Infidelidades continuadas. Esto no es nuevo, pero ahora se da a dos bandas.
  • Convivencia escasa y basada en el consumismo (domingos pasados en centros comerciales, niños que ven muy poco a sus padres, pero que obtienen todo lo que piden...).

Perspectiva económica

Dibujo de una familia pobre pidiendo limosna. Tienen un sombrero en el suelo esperando que les echen dinero. En lugar de eso, un viandante echa un condón en el sombrero. La perspectiva económica tiene también su importancia. La sabiduría popular dice: "donde no hay harina, todo se vuelve tremolina". Y, más allá del nivel económico está sobre todo la inseguridad. Y esto lleva a:

  • Necesidad de que trabajen los dos fuera de casa (a menudo con grandes desplazamientos y horarios incompatibles con la crianza de los hijos). A veces por pura necesidad, otras veces por el afán de vivir mejor.
  • El trabajo de los dos también es necesario por la inseguridad en el empleo (no se puede dejar un trabajo, si no estás seguro o segura de que tu cónyuge va a conservar el suyo).
  • Y está también la inseguridad que genera la desconfianza de los esposos entre sí (si te dan la patada, que al menos no te quedes con el día y la noche).
  • El trabajo de los dos no es algo ni mucho menos nuevo, lo que es nuevo es que dicho trabajo sea por cuenta ajena y muy lejos de casa.

Perspectiva religiosa

Finalmente está la perspectiva religiosa:

  • Tarta blanca con unas figuras encima, que dejan ver claramente que se trata de una tarta preparada para la celebración de una primera comuniónFamilias que no practican, pero que solicitan sacramentos para sus hijos.
  • Padres que dejan a sus hijos en la iglesia para que asistan a misa (catecúmenos de primera y última comunión)... y pasan después a recogerlos.
  • Añadamos a esto la cantidad de matrimonios que se celebran por la Iglesia... "porque es más bonito" (literal).

Para dar respuesta a todo esto y a muchas cosas más habría que evitar que la sexualidad cope la atención para centrarnos en lo más importante, es decir, en las consecuencias que la actuación de los padres tiene en los hijos. Y la actuación de los adultos no podemos limitarla a lo sexual. El egoísmo tiene múltiples facetas.

Los hijos en las familias hoy

Esto es lo más importante en una familia. Evidentemente en aquellas familias que los tienen. Y no centrarnos en si muchos o pocos, si los pueden adoptar unos u otros, etc. A lo mejor sí convendría fijarse en por qué se buscan, si muchas veces no son deseados como un logro más en la vida.

Papel de los padres en la transmisión de la fe y los valores

Es precisamente esta centralidad de los niños la que debería llevar a la Iglesia a centrarse, no en los niños, sino en los padres. Porque no es la parroquia, ni son los colegios los que transmiten la fe y los valores. Todos los profesores de religión del mundo no pueden suplir la fe de los padres cuando es genuina. Una fe transmitida al ritmo de la propia vida en el día a día del hogar. Todo lo contrario de esas catequesis parroquiales dadas al ritmo que marcan las leyes de educación (por ejemplo, hacer coincidir la primera comunión con el 4º de primaria).

Las huellas de la infancia

No son los discursos, sino la vida la que forma a los seres humanos. Los recuerdos de la infancia permanecen impresos en el corazón del hombre y de la mujer durante toda su vida.

Un entorno amoroso

Familia hoy. Dibujo que representa a un hombre y a una mujer caminando en direcciones opuestas, mientras sujetan la mano de un niño (el mismo niño) que aparece partido en dos.
El niño que se sabe querido por unos adultos que se llevan bien, y que saben que querer a un niño no es darle todos los caprichos, ese niño tendrá el día de mañana una buena base sobre la que construir su vida.

Niños rotos por dentro

Por su parte, el niño que sabe que sus padres se llevan a matar se siente roto por dentro. al tiempo que aprovecha la situación para manipular a los dos. Es natural entonces que se cree su propio mundo de iguales y no confíe en los mayores. La educación se torna entonces imposible y muchos padres pretenden que los profesores ocupen un lugar que ellos han abandonado y en el que son insustituibles.

La huella de la pobreza

En otro orden de cosas, las necesidades materiales cuando alcanzan un punto imposible de ocultar y especialmente cuando son vividas en un mundo de lujo ostentoso, la angustia por el mañana que los padres transmiten sin querer, las trifulcas familiares, los chantajes emocionales, etc. permanecen gravados a fuego en las mentes infantiles y las consultas de los psicólogos están llenas de adultos que arrastran estos traumas y otros peores durante toda su vida.

La crisis de la familia hoy

Este tipo de cosas son las que están en el núcleo de la crisis de la fDibujo de Jesús de Nazaret con su corazón en la mano. Debajo en tamaño mucho menor, se ven varios adultos y algunos niños. amilia actual y van mucho más allá de otras cuestiones morales cuya solución debería ser buscada en primer lugar por equipos de moralistas en diversas partes del mundo, antes de esperar una solución jurídica emanada directamente del Papa. Estos estudios enriquecerían así la teología y la vida de la Iglesia. El magisterio sería entonces última palabra, colofón en lugar de primera de la cual hacer después exégesis.

Lo que está en el fondo de la crisis de la familia hoy no son los "modelos" de familia. Lo que está en el fondo de la crisis de la familia es la falta de familia, la falta de valores, la falta de fe y la falta de agallas para reconocer que, incluso aquellos que decimos creer en Cristo, vivimos como si no creyésemos.

[1] Desde la perspectiva colombiana puede leerse este interesante artículo que puede además servir de ejemplo para ver las dificultades a la hora de dar una solución universal a los problemas de las familias.