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¿Cómo ser cristiano en la época de la posverdad? Ante el reinado del Dinero y de la Mentira, al cristiano se le debería poder distinguir por su honestidad.

  • La sociedad occidental es mucho menos plural y libre de lo que nos quieren hacer creer.
  • Características fundamentales de dicha sociedad son la importancia dada a lo económico y la tolerancia hacia la mentira. Ambas cosas están en la fuente misma del Mal tal y como lo describen los Evangelios.
  • Sin embargo, los cristianos de los países del llamado Primer Mundo hemos hecho nuestra esta cultura y compartimos su escala de valores.
  • Por ello, para ser cristiano hoy, se requieren unas condiciones previas que antes seguramente no eran tan necesarias.

La falsa libertad de nuestras sociedades occidentales

Dibujo de un hombre con terno y corbata (parece que también con un pequeño bigote). Le escucha una masa de gente. El hombre dice: "¡Os ofrezco soluciones para mis problemas!"Existe hoy en día un consenso generalizado que caracteriza a nuestras sociedades occidentales como dotadas de un gran pluralismo. Este supuesto pluralismo sustenta a su vez el dogma de una tolerancia mucho más teórica que real. Nos imponen una lista de cuestiones ante las cuales hay que ser tolerante. Mientras tanto se reprime cualquier convicción que pretenda tener consecuencias más allá de lo estrictamente privado.

Lo primero que habría que preguntarse es de dónde nace esta autopercepción de pluralismo. Por ejemplo, el hecho de que hoy las personas no acepten los argumentos de autoridad no es una prueba de pluralismo. Esto es más bien algo que compartimos y que, por consiguiente, nos hace semejantes. A su vez, la intolerancia a los principios de autoridad no significa que no exista autoridad. Sucede que la autoridad no es claramente identificable. La comunicación no se realiza por medio de mandatos o argumentos, sino mediante la creación de estados de opinión. En realidad tampoco conocemos el sujeto que se comunica. Generalmente se desconoce de dónde surgen estas opiniones que nos son impuestas. A veces encontramos una vaga referencia a supuestas "investigaciones científicas" de las que no conocemos detalles ni autoría.

Signos de identidad de la sociedad actual

En esta sociedad que se considera a sí misma plural, pero que en realidad está totalmente teledirigida, podríamos describir numerosos signos de identidad. No obstante, con ello estaríamos describiendo rasgos superficiales, más o menos significativos o anecdóticos, poco más que meros síntomas. La intención de este artículo, sin embargo, es ir a las causas. Encontrar los verdaderos signos de identidad de la sociedad posmoderna.

Una sociedad donde priman los criterios económicos

Dibujo de un hombre cuyo cuerpo está rodeado por una esfera cuya superficie está cubierta de monedas de euro. La cabeza es una esfera igual, pero más pequeña. A su alrededor vuelan billetes de 100, 200 y 500 euros, que también alfombran el sueloPrimer signo de identidad es la exclusividad y generalización de los criterios económicos a todos los ámbitos de la realidad. Para que se entienda lo que quiero decir pondré un par de ejemplos.

  1. En el ámbito de lo laboral, antes primaba la estabilidad por encima de lo puramente económico. Esto tanto por parte de los empresarios como por parte de los trabajadores. Es lógico que el empresario busque obtener las mayores ganancias. Sin embargo, tener trabajadores con experiencia y comprometidos con la empresa puede ser una inteligente estrategia empresarial. Ahora, en cambio, parece que de forma generalizada han cambiado las políticas empresariales. La competencia feroz entre las empresas no se libra en el campo de la calidad. Son los bajos precios los que marcan la diferencia. De este modo, no interesa la profesionalidad, sino los bajos salarios y la flexibilidad en la contratación.
  2. Chiste de Forges alusivo al trabajo precarioEso, a su vez, hace que los jóvenes sientan que no vale la pena invertir tiempo ni esfuerzo en formación. Olvidan así que la finalidad de la formación no es exclusiva ni fundamentalmente económica. Por otra parte, ese economicismo hace que, en ocasiones, actuar con criterios éticos resulte poco menos que un excentricismo.

Acomodación a la mentira

El segundo signo de identidad de nuestra sociedad actual es la acomodación a la mentira. No estoy sugiriendo que mentir sea una novedad de nuestros tiempos. La mentira es de algún modo connatural al ser humano. Lo novedoso es la naturalidad con la que hoy aceptamos que insulten nuestra inteligencia mintiéndonos en la cara. Placa que representa tachada la palabra Truth (verdad en inglés)Y esto en todos los ámbitos en la vida.

Por ejemplo, es normal que un alumno que no ha hecho los deberes invente alguna excusa inverosímil para justificarse. Lo nuevo es que te nieguen en la cara lo que acabas de ver con tus propios ojos. Visto desde otra perspectiva, es por ejemplo normal que los adolescentes no crean en las advertencias de los adultos. Los jóvenes siempre han juzgado como exageración o pusilanimidad las advertencias de sus mayores. Lo nuevo es encontrar tantos niños resabiados. Piensan, además, que les mientes de forma interesada. Parece evidente que es a esto a lo que están acostumbrados.

Y algo todavía más sorprendente: hoy en día se acepta con mayor facilidad la mentira que la verdad. Esto, que no es totalmente nuevo, puede tener una explicación psicológica sencilla. Quien te miente, normalmente te dice lo que sabe que tú quieres oír. La verdad, en cambio, resulta en ocasiones muy molesta. ¿Cuál es entonces la novedad? La clave está en el discernimiento, fruto de la razón, que ayuda a distinguir entre deseo y realidad. Hoy en día, fruto de determinadas corrientes filosóficas que vienen desde Kant y que culminan en el llamado “pensamiento débil”, se ha esfumado la realidad, dejando a las personas inermes frente a la manipulación.

La posverdad en la política

Chiste. Aparece un pollo asándose en un horno. Enfrente se ve a media docena de pollos vivos que dicen: "y... ¿tú votaste esto?... ¿estás seguro que es por nuestro bien?"Y esto, que lleva tiempo siendo un hecho en las relaciones tanto personales como empresariales, ya está teniendo sus consecuencias políticas. Nuevamente digamos que el hecho de que los políticos mientan no es ninguna novedad. Lo novedoso es que ya no necesiten dar a sus mentiras una cierta verosimilitud. Parece que, cuanto peor mienten, más apoyos concitan. La palabra acuñada para expresar esta nueva situación es post-truth, traducida al español por posverdad, y declarada palabra del año  por el diccionario Oxford que la define como lo «relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal».

Ser cristiano en la época de la posverdad

Frente a esta situación, ¿qué tendríamos que hacer los cristianos? Porque la impresión es que ni están ni se les espera. No porque seamos minoría, ni porque seamos menos influyentes que otros grupos. En cierto sentido es más bien al contrario. Lo que nos hace invisibles es nuestro mimetismo. Hay destacados y muy conocidos miembros de la sociedad española que se dicen, y así pueden ser considerados, católicos practicantes. Y son precisamente estos dirigentes españoles quienes practican fervorosamente el más abierto neoliberalismo, al tiempo que llevan décadas lucrándose de la posverdad.

Fotografía en la que aparece un rebaño de ovejas caminando por el campoPero, ¿qué pasa con los cristianos desconocidos, con la gente en general que puebla nuestras parroquias? Pues, evidentemente, hay de todo como en botica. Pero, en general, llama la atención la falta de formación religiosa en todas las generaciones. Y no será por falta de clases de religión –eso sí, de todas las religiones en general en un totum revolutum-. Falta de formación, de la cual no es lo peor la falta de conocimientos, sino sobre todo la falta de vivencias, la ausencia de contexto. Religión que se nutre de un vago sentimiento de pertenencia carente de contenidos y de práctica verdaderamente religiosa. Reuniones que sirven para poco más que para conocer gente. Esto genera un cierto perfil que tiene unas características más políticas que propiamente religiosas. Podría decirse que se trata de un perfil de votante.

Dinero y mentira. Signos de identidad del Maligno

Tentaciones de Jesús. Cuadro de Carl Heinrich Bloch.

¿Cómo debería ser entonces un cristiano en la época de la posverdad? Decíamos que las dos características principales de nuestra época son el valorar todo en función del dinero y la tolerancia con la mentira. Pues bien, esto que resulta tan actual viene ya reflejado con claridad meridiana en un par de textos evangélicos. El primero dice así: “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13; cf. Mt 6,24). Servir al dinero es hacer del Dinero el eje de la vida, de manera que ocupe el lugar reservado a Dios.

El segundo es aquél en el que se llama al diablo “padre de la mentira”, aquél que miente porque le sale de dentro, porque todo en él es mentira (Jn 8,44). Podríamos decir que, para los Evangelios, la Mentira y el Dinero son dos formas de representar el fundamento de todo mal.

Las catequesis

Esto significa que hablar de Cristo dejando las cosas como están o hacer críticas a determinados aspectos de la sociedad o de los hombres y mujeres de hoy sin ir al fondo de la cuestión es traicionar a Cristo y a su Evangelio.

Así sucede, por ejemplo, cuando se reúne a los fieles para una supuesta formación que no pasa de ser, como mucho, terapia de grupo o, directamente, mero proselitismo carente de contenidos. Y así sucede también cuando la moral cristiana viene reducida a todo lo que tiene relación con la sexualidad, mientras otras conductas escandalosamente inmorales cuentan con todas las bendiciones o, al menos, con un silencio más que cómplice.

La honestidad como signo de identidad

Frente a esto y de modo semejante a cómo los paganos distinguían a los primeros cristianos por el amor que se profesaban entre ellos (cf. Hech 4,32-35), los hombres de hoy deberían distinguir a los cristianos básicamente por su honestidad en todos los ámbitos de la vida.

Alguien podrá argumentar que la honestidad no es una virtud teologal y, por consiguiente, no tendría por qué ser una virtud característica del cristiano. Cierto. Más aún, una fe no bien asimilada hace realmente difícil la honestidad, porque la honestidad lleva consigo la fidelidad a los propios principios y difícilmente puede ser fiel a sus principios quien los desconoce.

Insisto, no obstante o precisamente por ello, en que es la honestidad la virtud que debería caracterizar a los cristianos y, de hecho, aquello en lo que hoy en día se reconoce al verdadero cristiano.

Lo que hace de la honestidad una virtud especialmente valiosa en estos momentos es fundamentalmente su ausencia, de ahí que sea tan llamativa. El ser, además, una virtud que no requiere el don de la fe, hace que cualquier hombre pueda reconocerla. Y, sobre todo, es la honestidad la virtud más claramente opuesta a la avaricia y a la mentira. A ambas de manera conjunta. Es lo opuesto al todo vale que impera en nuestra sociedad occidental.

Honestidad como sencillez y transparencia

Al buscar un paradigma de hombre honesto podría pensarse en el verdadero filósofo. Curiosamente y dicho sea de paso, para la mujer, tradicionalmente la honestidad se ha usado como sinónimo de castidad (cf. 1 Tim 3,11). Pero, si tratamos de pensar en una sociedad donde la honestidad sea algo frecuente, entonces podemos imaginar una sociedad tradicional donde todo el mundo sabe quién es quién y donde traicionar la palabra dada sería la peor de las insensateces.

Ser cristiano en la época de la posverdad. Fotografía de una mujer joven que se quita la máscara¿Cuál es el perfil de ese cristiano del que estamos hablando? Los filósofos no abundan y los supervivientes de esa sociedad tradicional que acabamos de mencionar carecen de futuro. Esas personas honestas a las que yo me refiero son gente sencilla, que no se las dan de lo que no son, personas serviciales y agradecidas. Cercanas y sinceras. No son gente importante, con frecuencia no son tampoco gente ilustrada, sin embargo brillan con luz propia y se les reconoce enseguida. Hay muy pocos, cada vez menos, pero no me cabe la menor duda de que en sus manos está el futuro de la Iglesia.

Tal vez no se había hablado nunca tanto de derechos humanos. Tampoco había habido nunca un antropocentrismo tan explícito como ahora. Y, sin embargo, nunca como ahora la vida humana había importado tan poco. ¿Cómo se puede entender semejante contradicción?

El humanismo

La Academia de Atenas. Fresco pintado por Rafael SanzioAunque no existe consenso por lo que respecta a la definición de humanismo, sí parece haber unanimidad a la hora de hacer coincidir el humanismo con el fin de la Edad Media. Como veremos después, esto tiene extraordinaria importancia.

Es interesante la distinción que algún autor hace entre humanismo y Renacimiento. El humanismo tendría un interés sobre todo histórico en la búsqueda de los orígenes clásicos (Grecia). El Renacimiento, sin renunciar a los principios básicos del humanismo, se centraría más abiertamente en el hombre desde una perspectiva más científica.

El hombre de VitrubioEl humanismo se suele relacionar con los valores. Valores humanos que algunos contraponen a un supuesto salvajismo que en ningún momento viene identificado. Por eso no es de extrañar que algún autor considere tautológico que muchos colegios se publiciten como centros de formación "humanista”.

Cabe preguntarse: ¿es el humanismo la única manera de enseñar valores? ¿Acaso no existían valores antes o fuera de la Europa que surgió a partir del siglo XV?

Antes de sacar conclusiones erróneas conviene conocer los orígenes del humanismo para entender el significado del término. Salvo que alguno pretenda darle un sentido diferente, en cuyo caso deberá advertirlo antes de comenzar.

Porque de lo que no cabe duda es de que el humanismo surge como reivindicación del hombre “natural” como contrapuesto a lo divino y sobrenatural que estaba en el centro del pensamiento medieval.

Antropocentrismo

Antropocentrismo. Fragmento de la escultura del David de Miguen ÁngelEl antropocentrismo es la doctrina central del Renacimiento, frente al teocentrismo medieval. El antropocentrismo  es  una corriente de pensamiento que afirma la posición central del ser humano en el cosmos. Se caracteriza por su confianza en el hombre y en sus obras -artes, ciencia, razón- y por su preocupación por la existencia terrena y los placeres que ofrece.

Pero, ¿es posible un verdadero antropocentrismo? La pregunta no es retórica. Un verdadero antropocentrismo sería aquél que hiciera del ser humano (de todos los seres humanos) el centro. Mi opinión es que el antropocentrismo -si en algún momento existió- muta inmediatamente en etnocentrismo. De ahí, tras pasar por sucesivas mutaciones, desemboca en individualismo. Mejor dicho, en egoísmo puro y duro.

Esto sucede en primer lugar porque el ser humano como tal no existe. Existen los seres humanos. Y, cuando el individuo habla de ser humano… en realidad está hablando de su raza, de su pueblo, de su familia o, directamente, de sí mismo.

Esta estrechez de miras suele venir envuelta bajo un ropaje pretendidamente filosófico que puede confundir a algunos. Lo cierto es que la búsqueda de la verdad requiere perspectiva.

Los árboles que no dejan ver el bosque

Fotografía en la que aparece una densa arboledaCuando caminamos por el bosque, si es muy frondoso, lo normal es que nos perdamos. Salvo que haya algún camino bien señalizado o vayamos acompañados de una brújula, un GPS o un guía experto. Esto mismo es lo que sucede cuando el hombre fija su mirada únicamente en el hombre.

Se da la curiosa paradoja de que, para conocer la realidad, a menudo hay que salir de ella. Por eso los equipos de rescate necesitan muchas veces la ayuda de un helicóptero. ¿Y qué se ve desde el aire? Desde el aire se ven, por ejemplo, los límites del bosque. Y se ve también el acceso más fácil para rescatar al infortunado montañero.

La filosofía debería ser entonces como un espejo situado por encima de las copas de los árboles. Algo así como los espejos que ponen los ayuntamientos en algunas esquinas o a la salida de algunos aparcamientos. De la misma manera que el hombre puede físicamente sobrevolar el mundo en el que vive, su perspectiva vital puede también sobrevolar el estrecho ámbito de lo antropológico.

El contexto

Que los seres humanos -plural- se preocupen de forma prioritaria de todo lo humano, es razonable. Reflexionar sobre el ser humano como si no existiera nada más es enorme torpeza.

avaricia. Fotografía en la que aparecen varios billetes de dólar. No se puede saber cuántos (no muchos). Alguien ha tenido el ingenio de dividirlos en dos grupos para formar con ellos la imagen de un corazón. Y es curioso que sea precisamente el Renacimiento, y su reivindicación de lo "natural" en el hombre, el comienzo de un engrandecimiento de las obras humanas de manera tal que la "naturaleza" es cada vez más vista únicamente en función de su utilidad para el hombre. Nuestra experiencia nos dice que la "naturaleza" termina así transformada nada más que en dinero.

Más curioso es todavía que la Iglesia haya asumido como suyas gran parte de las consecuencias de esta forma de ver la vida.

Digo que es curioso, porque la Iglesia ha abrazado de una forma muy generalizada lo que se llama "humanismo cristiano". El humanismo cristiano recoge -aunque algo edulcoradas- las características de un movimiento que surge básicamente como reacción contra el teocentrismo medieval, no para transformarlo, sino para liberarse de él. Mayoría de edad le llaman. No es de extrañar, pues, que aunque algunos defiendan un humanismo teísta, el humanismo termine siendo-en el mejor de los casos- deísta.

La realidad es tozuda. Cuando el hombre individual (porque el Hombre no existe) se torna el centro del universo, expulsa de dicho centro a todo lo que no sea él y su entorno más cercano. Esto desde luego incluye a la mayor parte de sus congéneres.

La salida

La única forma de que nos tomemos en serio la humanidad -no como género, sino en la realidad irrepetible de cada ser humano- curiosamente no es otra sino desinflar nuestro ego.

Esa pretendida liberación, que podría ser real individualmente considerada, no puede ser sino falsa al referirnos a una colectividad enorme. Porque el hombre es un ser social y en toda sociedad hay líderes. Yo personalmente prefiero que mis gobernantes no se consideren por encima del bien y del mal. Ya estamos viendo que esto es más frecuente de lo que a menudo se piensa.

Esto se puede conseguir de dos formas. Bien considerando al ser humano como un ser viviente entre otros, lo cual nos lleva a un respeto general hacia la naturaleza (y al hombre formando parte de ella). Bien reconociendo la existencia de un Ser Supremo que lo ha creado todo (de forma que nosotros no somos dueños ni siquiera de nuestra propia vida, cuanto menos de la de los demás).

Como vemos, la salida no es única, pero sí seguramente convergente.

Reconocimiento de nuestra pequeñez

Rayos de sol en un crepúsculo entre montañasEl respeto a la naturaleza tiene mucho de religioso, aunque no vaya acompañado de la fe en un ser supremo. Por su parte, alguien que cree en la existencia de un Dios que sostiene el universo y cuanto contiene en un acto eterno de creación, alguien que cree en esto -que se lo cree de verdad- no puede sino respetar religiosamente la creación.

Es importante hacer notar que, en ambos casos, el hombre toma conciencia de su pequeñez. Y esta toma de conciencia, más allá de los sentimientos que pueda provocar en el hombre, es un verdadero encuentro con su propia realidad más allá de cualquier demagógico delirio de grandeza (sólo desde el reconocimiento de la verdad puede haber ejercicio de la libertad).

Pues bien, sólo desde este respeto universal a la vida (por sabernos parte y no todo, o por saber que todo está en Dios), resulta creíble el respeto por la vida humana de forma verdaderamente universal.