Saltar al contenido

1

El mundo está pendiente del Sínodo de obispos reunido en estos momentos en Roma. En él se está hablando de los problemas de la familia hoy. Los periodistas hablan de un supuesto conflicto ideológico entre los obispos reunidos. Mencionan una carta que trece de ellos habrían escrito al Papa. Parece que algunos -ignoro si estos mismos u otros- habrían amenazado con un cisma.

Por su parte, algunos teólogos han firmado un manifiesto con una serie de propuestas. Mientras tanto, algunos sacerdotes piadosos rezan para que Dios ilumine al Papa. El asunto que les preocupa es la comunión de los divorciados vueltos a casar.

Todo esto provoca en mí las siguientes preguntas:

  • ¿De qué se está hablando en el Sínodo? ¿De qué problemas se está hablando?
  • ¿Cuáles son los problemas reales de la familia hoy?

MapamundiEsto, a su vez, me provoca otra cuestión: ¿son los problemas que acucian a las familias actuales los mismos en todas las partes del mundo? Por poner solamente un ejemplo: ¿son las familias africanas como las familias españolas? ¿De qué están hablando los obispos?

Ciertamente existen hoy conflictos morales que requieren una respuesta. ¿Pero radican ahí los problemas de las familias actuales?

Por ejemplo. El conflicto moral de algunas personas casadas en segundas nupcias es un problema que merece atención. Pero no es un problema de las familias. Es un problema individual. Muchas veces no es ni tan siquiera un problema compartido en pareja. Es un problema personal y de conciencia. Si hubiera hoy una teología viva, una verdadera investigación teológica -como hubo en otros tiempos- ya estarían debatiendo sobre el asunto los mejores teólogos. Hoy, sin embargo, no existe debate teológico en profundidad porque la respuesta a todo se espera del Papa.

Por lo que respecta a los homosexuales, es una cuestión incómoda que deberá ser afrontada oficialmente por la Iglesia en algún momento. Hacer la vista gorda no parece una respuesta adecuada. En cualquier caso, culpar a las uniones entre homosexuales de la "crisis de la familia" es sencillamente absurdo. Cada familia es artífice de su propia felicidad o de su propia desgracia. Echar la culpa a los demás es una clara muestra de inmadurez.

¿Cuál es entonces la problemática de la familia hoy?

Mapa de España

Hablando desde España [1], los problemas reales de la familia hoy se pueden ver desde una triple perspectiva:

 

Perspectiva sociológica

La perspectiva sociológica es fundamental al tratar de la familia hoy, por más que tengamos puestos los ojos en la familia "cristiana". Entre otras cosas porque es muy difícil definir qué se entiende por familia cristiana. ¿Los casados por la Iglesia? ¿Los que piden los sacramentos para sus hijos? ¿Las familias formadas por católicos practicantes? ¿Qué pasa cuando en la pareja uno es practicante y otro no? Pues bien, desde un punto de vista sociológico, parece que los problemas que acucian a las familias son los siguientes:

  • La falta de amor entre los esposos (familias donde se respira tensión nada más entrar por la puerta, allí donde ya ni se discute porque directamente no se hablan).
  • Familias rotas donde los niños son los grandes perjudicados. YenFamilia hoy. Dibujo de una pareja gritando mientras tiran de los brazos de un niño, cada uno para un ladodo de aquí para allá en el mejor de los casos. A veces con órdenes de alejamiento. Utilizados muchas veces para hacer daño a la otra parte.
  • Infidelidades continuadas. Esto no es nuevo, pero ahora se da a dos bandas.
  • Convivencia escasa y basada en el consumismo (domingos pasados en centros comerciales, niños que ven muy poco a sus padres, pero que obtienen todo lo que piden...).

Perspectiva económica

Dibujo de una familia pobre pidiendo limosna. Tienen un sombrero en el suelo esperando que les echen dinero. En lugar de eso, un viandante echa un condón en el sombrero. La perspectiva económica tiene también su importancia. La sabiduría popular dice: "donde no hay harina, todo se vuelve tremolina". Y, más allá del nivel económico está sobre todo la inseguridad. Y esto lleva a:

  • Necesidad de que trabajen los dos fuera de casa (a menudo con grandes desplazamientos y horarios incompatibles con la crianza de los hijos). A veces por pura necesidad, otras veces por el afán de vivir mejor.
  • El trabajo de los dos también es necesario por la inseguridad en el empleo (no se puede dejar un trabajo, si no estás seguro o segura de que tu cónyuge va a conservar el suyo).
  • Y está también la inseguridad que genera la desconfianza de los esposos entre sí (si te dan la patada, que al menos no te quedes con el día y la noche).
  • El trabajo de los dos no es algo ni mucho menos nuevo, lo que es nuevo es que dicho trabajo sea por cuenta ajena y muy lejos de casa.

Perspectiva religiosa

Finalmente está la perspectiva religiosa:

  • Tarta blanca con unas figuras encima, que dejan ver claramente que se trata de una tarta preparada para la celebración de una primera comuniónFamilias que no practican, pero que solicitan sacramentos para sus hijos.
  • Padres que dejan a sus hijos en la iglesia para que asistan a misa (catecúmenos de primera y última comunión)... y pasan después a recogerlos.
  • Añadamos a esto la cantidad de matrimonios que se celebran por la Iglesia... "porque es más bonito" (literal).

Para dar respuesta a todo esto y a muchas cosas más habría que evitar que la sexualidad cope la atención para centrarnos en lo más importante, es decir, en las consecuencias que la actuación de los padres tiene en los hijos. Y la actuación de los adultos no podemos limitarla a lo sexual. El egoísmo tiene múltiples facetas.

Los hijos en las familias hoy

Esto es lo más importante en una familia. Evidentemente en aquellas familias que los tienen. Y no centrarnos en si muchos o pocos, si los pueden adoptar unos u otros, etc. A lo mejor sí convendría fijarse en por qué se buscan, si muchas veces no son deseados como un logro más en la vida.

Papel de los padres en la transmisión de la fe y los valores

Es precisamente esta centralidad de los niños la que debería llevar a la Iglesia a centrarse, no en los niños, sino en los padres. Porque no es la parroquia, ni son los colegios los que transmiten la fe y los valores. Todos los profesores de religión del mundo no pueden suplir la fe de los padres cuando es genuina. Una fe transmitida al ritmo de la propia vida en el día a día del hogar. Todo lo contrario de esas catequesis parroquiales dadas al ritmo que marcan las leyes de educación (por ejemplo, hacer coincidir la primera comunión con el 4º de primaria).

Las huellas de la infancia

No son los discursos, sino la vida la que forma a los seres humanos. Los recuerdos de la infancia permanecen impresos en el corazón del hombre y de la mujer durante toda su vida.

Un entorno amoroso

Familia hoy. Dibujo que representa a un hombre y a una mujer caminando en direcciones opuestas, mientras sujetan la mano de un niño (el mismo niño) que aparece partido en dos.
El niño que se sabe querido por unos adultos que se llevan bien, y que saben que querer a un niño no es darle todos los caprichos, ese niño tendrá el día de mañana una buena base sobre la que construir su vida.

Niños rotos por dentro

Por su parte, el niño que sabe que sus padres se llevan a matar se siente roto por dentro. al tiempo que aprovecha la situación para manipular a los dos. Es natural entonces que se cree su propio mundo de iguales y no confíe en los mayores. La educación se torna entonces imposible y muchos padres pretenden que los profesores ocupen un lugar que ellos han abandonado y en el que son insustituibles.

La huella de la pobreza

En otro orden de cosas, las necesidades materiales cuando alcanzan un punto imposible de ocultar y especialmente cuando son vividas en un mundo de lujo ostentoso, la angustia por el mañana que los padres transmiten sin querer, las trifulcas familiares, los chantajes emocionales, etc. permanecen gravados a fuego en las mentes infantiles y las consultas de los psicólogos están llenas de adultos que arrastran estos traumas y otros peores durante toda su vida.

La crisis de la familia hoy

Este tipo de cosas son las que están en el núcleo de la crisis de la fDibujo de Jesús de Nazaret con su corazón en la mano. Debajo en tamaño mucho menor, se ven varios adultos y algunos niños. amilia actual y van mucho más allá de otras cuestiones morales cuya solución debería ser buscada en primer lugar por equipos de moralistas en diversas partes del mundo, antes de esperar una solución jurídica emanada directamente del Papa. Estos estudios enriquecerían así la teología y la vida de la Iglesia. El magisterio sería entonces última palabra, colofón en lugar de primera de la cual hacer después exégesis.

Lo que está en el fondo de la crisis de la familia hoy no son los "modelos" de familia. Lo que está en el fondo de la crisis de la familia es la falta de familia, la falta de valores, la falta de fe y la falta de agallas para reconocer que, incluso aquellos que decimos creer en Cristo, vivimos como si no creyésemos.

[1] Desde la perspectiva colombiana puede leerse este interesante artículo que puede además servir de ejemplo para ver las dificultades a la hora de dar una solución universal a los problemas de las familias.

3

Si la sal se vuelve sosa...

No voy a hablar de porcentajes de asistencia dominical a los cultos de las diferentes confesiones cristianas. Ya hay otros que se ocupan de esto, aunque sea para anunciar el fin del mundo.

Tampoco voy a entrar en las intenciones ni en las convicciones de los fundadores de la Unión Europea. Eso ya lo han hecho otros también.

La reflexión que yo querría hacer en este momento se refiere a dos cuestiones:

  1. A la Europa que efectivamente hemos construido.
  2. A que, más allá de que esta Europa se declare cristiana o laica -aunque no habremos de esperar mucho para que de facto termine siendo musulmana- los católicos guardan en ella un silencio que es necesario calificar de cómplice.

La Europa que hemos construido

Mapa de la Unión europeaLa idea de una Europa unida surgió poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial. La intención fue que nunca más volviera a suceder nada parecido.

En sucesivos pasos la unión económica se fue consolidando y anexionando nuevos países.

Tenemos unas instituciones supranacionales, una moneda común, un mercado común y unos derechos como ciudadanos (aquí un breve resumen).

El Estado del bienestar

Dibujo en el que aparece un rico (gordo y tomando un aperitivo) sentado encima de un pobre (muy delgado y a cuatro patas). Detrás del rico otro hombre mide la distancia entre ambos y dice: "Interesante... la distancia entre ricos y pobres es más pequeña que lo que creíamos..."Todo el mundo parece estar de acuerdo en que la característica común de esta asociación de países que es la Unión Europea, es el llamado "Estado del bienestar" cuyo modelo, por cierto, no es único.

El Estado del bienestar significa básicamente que el Estado proporciona a sus miembros una cobertura social. Sanidad, educación, pensiones, subsidio de desempleo... corren por cuenta del Estado. Esto requiere una recaudación fiscal importante. Por ello, el fraude fiscal o una fiscalidad regresiva pone en grave riesgo dicho Estado de bienestar.

Por otra parte, es evidente que, para que en un país pueda llevarse a cabo un Estado de bienestar, es necesaria una cierta prosperidad. Sin prosperidad ni se podrían recaudar los impuestos necesarios, ni se podría atender a todas las necesidades.

Coto cerrado e insaciable

Aquí es donde la cosa se complica. Porque hoy en día nadie puede honestamente negar que la prosperidad de la que gozamos en Europa -a pesar de la crisis- es imposible de exportar al mundo entero.

Gráfico que representa el crecimiento del PIBEsta prosperidad requiere de un crecimiento constante, crecimiento que depende básicamente de un consumo creciente.

Entiendo que todas estas cosas son tan sabidas que parece superfluo mencionarlas. Y tampoco es éste el lugar -ni soy yo la persona indicada- para dar a nadie lecciones de economía. Intento únicamente recordar algunas cosas que nos pongan en situación.

La Europa en la que nos hemos convertido

No sé si alguna vez habrá existido esa Europa idílica de la que algunos hablan. En el siglo pasado, los antecedentes son dos guerras europeas que -más o menos justificadamente- fueron consideradas "mundiales". Tampoco voy a entrar en un debate histórico que está fuera de lugar para nuestro propósito.

O, tal vez, la Europa que siempre fuimos...

En el siglo XIX los pueblos europeos casi sin excepción dieron buena muestra de su carácter depredador. La colonización de África por parte de gran parte de los países europeos -de manera especial Inglaterra y Francia- fue un abuso de consecuencias dramáticas cuyo horizonte a día hoy es impredecible. El África que hoy conocemos o, mejor dicho, desconocemos, es en gran medida consecuencia de aquello.

Podríamos continuar nuestra historia marcha atrás en el tiempo. Nos encontraríamos con actuaciones aún menos edificantes. Algunas de ellas lo bastante complejas como para que no se puedan despachar en un par de párrafos.

El ombligo del mundo

Baste lo que hemos dicho para afirmar que no cabe duda de que aquellos polvos trajeron estos lodos. Empezando por creernos que el mundo era nuestro. Continuando por creernos que el mundo directamente éramos nosotros. Y terminando por el holocausto cuyas consecuencias no hemos empezado todavía a pagar. No hace falta ser analista político para darse cuenta de que gran parte de lo que está sucediendo ahora es consecuencia de aquello. Y esto no ha hecho más que empezar.

Una fortaleza sin valores y sin compasión

Si la sal se vuelve sosa. Foto de concertinas
concertinas

Basta con ver el telediario -cualquier día, a cualquier hora y en cualquier canal- para ver cómo se están construyendo por doquier muros -e incluso alambradas con concertinas- para impedir el paso a miles de refugiados y de inmigrantes.

Aún así, continúan y continuarán llegando... y continúan y continuarán muriendo en el Mediterráneo. Y nosotros continuamos con la absurda pretensión de ponerle puertas al campo.

En el caso de los subsaharianos podría entenderse por nuestra total ignorancia de lo que sucede en África. Ignorancia culpable y bochornosa, sobre todo porque se trata de un silencio casi impenetrable. Pero ahora, en el caso de los iraquíes y más especialmente de los sirios, no es ignorancia sino rechazo.

Quienes les llaman "goteras" o "plaga" están dejando muy clara la imagen que tienen de Europa. Esto me recuerda un pasaje de la Escritura que dice así: "No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto" (Exodo 22,20). Forasteros fuimos nosotros, concretamente los españoles, en medio mundo. ¿Ya se nos ha olvidado? ¿Acaso eran "goteras" nuestros compatriotas cuando fueron por ejemplo a Argentina huyendo de la miseria o de la guerra?

Foto de un muro de ladrilloHace unos días salió publicado un artículo con el título siguiente: "Europa se ha convertido en una fortaleza sin valores y sin compasión". Más allá del contenido del artículo, me quedo con este titular.

Lo que se nos viene encima y sus causas

Hoy en día prima lo "políticamente correcto". Y lo políticamente correcto es culpar a la mano ejecutora, el último eslabón de la cadena. Mientras, los verdaderos culpables no sólo se van de rositas, sino que frecuentemente pasan por grandes benefactores.

Foto de Damasco (Siria). La foto es anterior a la guerra.
Damasco (Siria)

En este caso, lo políticamente correcto es poner en el punto de mira a los terroristas. Al mismo tiempo se habla de la guerra siria como una guerra civil al uso. Y nadie habla de los refugiados iraquíes. Tampoco se habla ya de Líbano. Solamente se menciona a los palestinos y de refilón.

La supuesta lucha contra el terrorismo

Foto de la Catedral marionita en Beirut (Líbano)
Catedral marionita - Beirut (Líbano)

Ya nadie recuerda que Líbano era un país occidentalizado, próspero y mayoritariamente cristiano. Tampoco recuerda nadie cómo los palestinos, azuzados desde el sur por Israel, buscaron refugio en el Líbano. Hasta allí fue a buscarlos el ejército de Israel. De este modo -y con el pretexto de luchar contra el terrorismo de Hezbolá- comenzó una guerra que ha destruido Líbano y que no lleva camino de terminar.

Foto de niño palestino tirando piedras a un tanque israelí
Niño palestino enfrenta a tanque israelí

Aclaro que, cuando hablo de pretexto, no estoy poniendo en duda la existencia del terrorismo. Lo que digo es que, combatir al terrorismo con un moderno ejército es la mejor manera de asegurar en las víctimas de hoy los terroristas de mañana.

Imagen de la gran cruz de Isabel la Católica
Gran cruz de Isabel la Católica

Y ¿qué decir de Irak? Los iraquíes tenían por gobernante un sátrapa cruel que, además, estaba masacrando al pueblo kurdo que habitaba el norte del país. Pero este hombre tenía unas excelentes relaciones con occidente (en España le premiaron incluso con la Gran Cruz de Isabel la Católica en 1974). La guerra contra Irak fue una invasión basada en una mentira que nadie se creyó en su momento y que los hechos confirmaron después.

Un analista político seguro que podría añadir muchas más cosas. Yo -que no lo soy- me quedo con el resumen de unas pocas cosas que son muy claras. El tandem Israel-Estados Unidos tiene un extraordinario interés en desestabilizar la zona en beneficio de Israel. Europa, por su parte, tiene intereses económicos muy importantes en Oriente Medio. Alemania tiene, además, grabado a fuego el holocausto (en la teología alemana es un leiv motiv). Así es que el silencio vergonzante, cuando no la colaboración (aunque discreta) están garantizados.

Los refugiados, víctimas por partida doble

¿Qué pasará en el futuro? Frente a los refugiados, el miedo a corto plazo está totalmente injustificado y es indecente usarlo como argumento. Decir que se pueden infiltrar terroristas -como se está diciendo en algunas localidades alemanas- es una infamia. Es cierto que los terroristas se pueden infiltrar en cualquier parte... por ejemplo entre los turistas que vienen en clase business. Más aún, cualquiera de nuestros vecinos puede ser un terrorista.

Los refugiados son gentes como nosotros que lo que quieren es vivir en paz. Por cierto, que muchos de ellos tienen estudios y las universidades alemanas ya están planteándose un sistema de becas para los refugiados. Una medida generosa e inteligente.

Sería, no obstante, ingenuo pensar que una llegada masiva de inmigrantes musulmanes a Europa no tendrá consecuencias a largo plazo. Baste recordar, recientemente, la guerra de los Balcanes. En el mundo occidental hablamos de "sociedad plural" para referirnos a lo que no pasan de ser diferencias de opinión o de ideología. Manejar una sociedad realmente plural puede llegar a ser la cuadratura del círculo. Pero es lo que hay y lo que nos hemos buscado.

Silencio cómplice de la Iglesia... si la sal se vuelve sosa...

En todos estos asuntos, la sociedad europea ha sido muy cobarde. Todos.

Los periodistas están en medio de la noticia. Algunos micrófono en mano esperando junto a las concertinas la llegada de los refugiados. Corriendo delante de ellos para no perderse la improvisada entrevista. Pero falta un análisis crítico de las noticias y, sobre todo, de sus causas.

Mientras, los debates políticos se centran en cuestiones locales repetidas hasta el hastío, especialmente en época de elecciones. Se nos hurta una visión global e internacional de la situaciones

Los gobiernos solamente han visto en el hecho un peligro para los planes de recuperación de sus propios países. Por su parte la oposición mide sus palabras (algunas denuncias podrían restarles votos). Por cierto, la única voz que se escucha es la de Angela Merkel, para gran disgusto de los alemanes y exponiéndose incluso a un batacazo electoral. En estos detalles está la diferencia entre un estadista y un cantamañanas.

El silencio de la Iglesia

Oír, ver y callar. Figuras hechas en la arenaY, en medio de todo esto, el silencio de la Iglesia (más allá del padre Ángel).

Puede que este silencio no llame la atención... pero ése sería el peor de los síntomas pues significaría que, ni está ni se la espera.

Una visita para canonizar a cinco beatos españoles y para bendecir a un presidente de gobierno

En marzo de 2003 comenzaba la guerra de Irak. Juan Pablo II se manifestó  - de forma muy tibia- contrario a la guerra y, en mayo de ese mismo año, visitaba España para la canonización de varios santos. Ni una mención a la guerra y, además, mostró como modelo de familia cristiana al dirigente político que había hecho de la guerra su bandera.

El papa Francisco

El primer viaje de Francisco I como Papa fue a Lampedusa en un gesto simbólico inédito. Pero, más allá del gesto simbólico, de la enérgica denuncia allí realizada, y del generoso ofrecimiento hecho en Roma un par de meses después, ¿por qué no se oye ahora su voz?

Y, ¿qué decir de los obispos españoles? Llevan en shock traumático desde marzo de 2013.

El Papa publicó recientemente una encíclica que ha causado un sordo revuelo en círculos católicos. En ella se deja muy claro el círculo vicioso que transforma el consumismo en explotación de la naturaleza y exclusión de los pobres (simultáneamente y por efecto de la misma causa). En dicha encíclica se dice claramente: "Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones" (Laudato si, n. 57).

Es muy importante una afirmación así venida de la jerarquía de la Iglesia. Pero se habla de la guerra como genérico y en futuro. A modo de advertencia. No se denuncia ninguna guerra concreta y, lo que es peor, se apunta al aire dejando que el lector poco avispado pueda fijar su atención en la dirección equivocada. Aunque las "nobles reivindicaciones" nos dejan leer entre líneas la auténtica dirección en la que van los tiros (literalmente).

Los obispos españoles

Mientras tanto, los obispos haciendo política interior, al menos en España. Saliendo a la calle cuando gobiernan "los otros". Guardando el más absoluto de los silencios cuando gobiernan aquéllos que se dicen católicos. No ejerciendo de pastores ni con los unos ni con los otros. Limitándose a negociar cuestiones económicas o endosando al Estado la tarea catequética que ellos son incapaces de llevar a cabo. Si la sal se vuelve sosa...

En el año 2003 los obispos españoles, en contra incluso de lo que había dicho el Papa -entre dientes, pero lo dijo- apoyaron al presidente que nos metió en una guerra en contra de la voluntad de los españoles y en contra de un país con el que siempre habíamos tenido buenas relaciones. El presidente era católico practicante, pero ningún obispo usó esa ventaja para interceder. Si la sal se vuelve sosa...

Los obispos hablan mucho del divorcio, del aborto, del matrimonio entre homosexuales, etc. Pero todavía no he oído a ningún obispo hablar de las causas actuales del sufrimiento humano. Paro, inmigración, violencia machista, ¡corrupción! Parece que nada de esto va con ellos. Si la sal se vuelve sosa...

Los medios de comunicación

En los medios de comunicación están apareciendo algunas voces para decir que no nos podemos quedar en la compasión hacia las víctimas del hambre o de las guerras, sino que tenemos que denunciar las causas que han provocado -y continúan provocando- esta situación.

Aunque esta lucidez se debe sobre todo al miedo por las consecuencias que esta invasión pacífica pueda tener sobre nuestro bienestar, es forzoso reconocer que es cierto. Más allá de la solidaridad con las víctimas, es necesario ir a las causas. Pero no de la forma que irónicamente sugería Maruenda esta mañana. Ciertamente no. Enviar tropas para "pacificar" una zona, es como apagar un fuego con gasolina. A lo mejor bastaría con no venderles armas. O con presionar a los pirómanos bomberos para que dejen de agitar el avispero con pretextos que no convencen a nadie.

Por cierto, que el medio de comunicación menos sensible con estos temas es... ¿A que no lo adivinan? Si la sal se vuelve sosa...

Como ovejas sin pastor

Y, ¿qué tiene que ver esto con los obispos? Pues mucho. Hoy, festividad de san Agustín, podríamos recordar muchas de sus homilías (y las homilías de muchos otros obispos de la antigüedad) donde lo doctrinal no estaba reñido -sino todo lo contrario- con los tirones de orejas bien concretos a los fieles a ellos encomendados.

Especialmente en las cuestiones que perjudican a otros. En nuestros días, sería muy de desear -por ejemplo- que algún obispo levantase la voz contra la corrupción que no es otra cosa que robarnos a todos, lo que perjudica de forma especial a los pobres. Me imagino a cualquiera de aquellos Padres de la Iglesia. No hubieran guardado silencio. Tampoco hubieran hecho un tratado sobre la corrupción. Los tratados los hacían sobre las verdades de la fe o sobre las herejías que surgían generalmente apoyadas por intereses políticos. Pero en sus homilías se despachaban a gusto. Y se les entendía de maravilla. De modo que, en un ambiente cosmopolita, pagano y con grandes luchas en el interior de la Iglesia (no imaginemos una situación cómoda), las iglesias se les llenaban a rebosar. Pero, ya se sabe, si la sal se vuelve sosa...

Talentos enterrados

La Iglesia tiene una enorme ventaja sobre los dirigentes políticos: no dependen de las urnas. Echamos de menos la denuncia profética de las situaciones de injusticia que se dan en el mundo. Ojo. Denuncias dirigidas a quienes pueden poner remedio (cada uno en el lugar que está). Sin demagogias y sin generalidades.

Y sin confundir la misión de la Iglesia que es doctrinal, pero no al margen de la realidad. Ambas cosas están unidas. De hecho hoy en día hay una notable dejación doctrinal. En contra de lo que alguno pudiera pensar, ello no lleva aparejado un mayor interés por la vida de la gente. Todo lo contrario. Hoy en día en la Iglesia no se escuchan -o se leen- más que generalidades (si la sal se vuelve sosa...). Una verborrea vacía, una cuidada ambigüedad, un buenismo totalmente falto de concreción.

Si la sal se vuelve sosa... el futuro de la Iglesia

Y, por cierto, ahora que tanto se reza para que Dios envíe vocaciones y que tantos esfuerzos se hacen para la realización de pastorales vocacionales y que tanto se habla de nuevas formas de vida consagrada... se me ocurre recordar el surgimiento de algunas congregaciones religiosas anteriores al siglo XIX (siglo en el que la decadencia ya era patente).

Visión de san Pedro Nolasco. Cuadro de Zurbarán
Visión de san Pedro Nolasco

A modo de ejemplo y por lo llamativo de su misión, se me ocurre mencionar la orden de la Merced. Es curioso ver cómo en la página oficial de la orden se "dulcifican" sus orígenes, haciéndolos tan generales que ya nada parece diferenciarlos de otras congregaciones. Si la sal se vuelve sosa...

Con este ejemplo no estoy sugiriendo una forma concreta de vida religiosa. Lo que intento explicar es que la fe no nos aleja de la vida, sino todo lo contrario. Y con esto no estoy -ni mucho menos- poniendo en cuestión la vida contemplativa.

Lo que digo es que la Iglesia no tendrá ningún futuro mientras continúe centrada en su propia supervivencia. Los grandes hombres y mujeres que hicieron grande a la Iglesia lo fueron porque estaban llenos de Dios por dentro y de generosidad hacia fuera.

"Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente" (Mt 5,13)