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¿Cómo ser cristiano en la época de la posverdad? Ante el reinado del Dinero y de la Mentira, al cristiano se le debería poder distinguir por su honestidad.

  • La sociedad occidental es mucho menos plural y libre de lo que nos quieren hacer creer.
  • Características fundamentales de dicha sociedad son la importancia dada a lo económico y la tolerancia hacia la mentira. Ambas cosas están en la fuente misma del Mal tal y como lo describen los Evangelios.
  • Sin embargo, los cristianos de los países del llamado Primer Mundo hemos hecho nuestra esta cultura y compartimos su escala de valores.
  • Por ello, para ser cristiano hoy, se requieren unas condiciones previas que antes seguramente no eran tan necesarias.

La falsa libertad de nuestras sociedades occidentales

Dibujo de un hombre con terno y corbata (parece que también con un pequeño bigote). Le escucha una masa de gente. El hombre dice: "¡Os ofrezco soluciones para mis problemas!"Existe hoy en día un consenso generalizado que caracteriza a nuestras sociedades occidentales como dotadas de un gran pluralismo. Este supuesto pluralismo sustenta a su vez el dogma de una tolerancia mucho más teórica que real. Nos imponen una lista de cuestiones ante las cuales hay que ser tolerante. Mientras tanto se reprime cualquier convicción que pretenda tener consecuencias más allá de lo estrictamente privado.

Lo primero que habría que preguntarse es de dónde nace esta autopercepción de pluralismo. Por ejemplo, el hecho de que hoy las personas no acepten los argumentos de autoridad no es una prueba de pluralismo. Esto es más bien algo que compartimos y que, por consiguiente, nos hace semejantes. A su vez, la intolerancia a los principios de autoridad no significa que no exista autoridad. Sucede que la autoridad no es claramente identificable. La comunicación no se realiza por medio de mandatos o argumentos, sino mediante la creación de estados de opinión. En realidad tampoco conocemos el sujeto que se comunica. Generalmente se desconoce de dónde surgen estas opiniones que nos son impuestas. A veces encontramos una vaga referencia a supuestas "investigaciones científicas" de las que no conocemos detalles ni autoría.

Signos de identidad de la sociedad actual

En esta sociedad que se considera a sí misma plural, pero que en realidad está totalmente teledirigida, podríamos describir numerosos signos de identidad. No obstante, con ello estaríamos describiendo rasgos superficiales, más o menos significativos o anecdóticos, poco más que meros síntomas. La intención de este artículo, sin embargo, es ir a las causas. Encontrar los verdaderos signos de identidad de la sociedad posmoderna.

Una sociedad donde priman los criterios económicos

Dibujo de un hombre cuyo cuerpo está rodeado por una esfera cuya superficie está cubierta de monedas de euro. La cabeza es una esfera igual, pero más pequeña. A su alrededor vuelan billetes de 100, 200 y 500 euros, que también alfombran el sueloPrimer signo de identidad es la exclusividad y generalización de los criterios económicos a todos los ámbitos de la realidad. Para que se entienda lo que quiero decir pondré un par de ejemplos.

  1. En el ámbito de lo laboral, antes primaba la estabilidad por encima de lo puramente económico. Esto tanto por parte de los empresarios como por parte de los trabajadores. Es lógico que el empresario busque obtener las mayores ganancias. Sin embargo, tener trabajadores con experiencia y comprometidos con la empresa puede ser una inteligente estrategia empresarial. Ahora, en cambio, parece que de forma generalizada han cambiado las políticas empresariales. La competencia feroz entre las empresas no se libra en el campo de la calidad. Son los bajos precios los que marcan la diferencia. De este modo, no interesa la profesionalidad, sino los bajos salarios y la flexibilidad en la contratación.
  2. Chiste de Forges alusivo al trabajo precarioEso, a su vez, hace que los jóvenes sientan que no vale la pena invertir tiempo ni esfuerzo en formación. Olvidan así que la finalidad de la formación no es exclusiva ni fundamentalmente económica. Por otra parte, ese economicismo hace que, en ocasiones, actuar con criterios éticos resulte poco menos que un excentricismo.

Acomodación a la mentira

El segundo signo de identidad de nuestra sociedad actual es la acomodación a la mentira. No estoy sugiriendo que mentir sea una novedad de nuestros tiempos. La mentira es de algún modo connatural al ser humano. Lo novedoso es la naturalidad con la que hoy aceptamos que insulten nuestra inteligencia mintiéndonos en la cara. Placa que representa tachada la palabra Truth (verdad en inglés)Y esto en todos los ámbitos en la vida.

Por ejemplo, es normal que un alumno que no ha hecho los deberes invente alguna excusa inverosímil para justificarse. Lo nuevo es que te nieguen en la cara lo que acabas de ver con tus propios ojos. Visto desde otra perspectiva, es por ejemplo normal que los adolescentes no crean en las advertencias de los adultos. Los jóvenes siempre han juzgado como exageración o pusilanimidad las advertencias de sus mayores. Lo nuevo es encontrar tantos niños resabiados. Piensan, además, que les mientes de forma interesada. Parece evidente que es a esto a lo que están acostumbrados.

Y algo todavía más sorprendente: hoy en día se acepta con mayor facilidad la mentira que la verdad. Esto, que no es totalmente nuevo, puede tener una explicación psicológica sencilla. Quien te miente, normalmente te dice lo que sabe que tú quieres oír. La verdad, en cambio, resulta en ocasiones muy molesta. ¿Cuál es entonces la novedad? La clave está en el discernimiento, fruto de la razón, que ayuda a distinguir entre deseo y realidad. Hoy en día, fruto de determinadas corrientes filosóficas que vienen desde Kant y que culminan en el llamado “pensamiento débil”, se ha esfumado la realidad, dejando a las personas inermes frente a la manipulación.

La posverdad en la política

Chiste. Aparece un pollo asándose en un horno. Enfrente se ve a media docena de pollos vivos que dicen: "y... ¿tú votaste esto?... ¿estás seguro que es por nuestro bien?"Y esto, que lleva tiempo siendo un hecho en las relaciones tanto personales como empresariales, ya está teniendo sus consecuencias políticas. Nuevamente digamos que el hecho de que los políticos mientan no es ninguna novedad. Lo novedoso es que ya no necesiten dar a sus mentiras una cierta verosimilitud. Parece que, cuanto peor mienten, más apoyos concitan. La palabra acuñada para expresar esta nueva situación es post-truth, traducida al español por posverdad, y declarada palabra del año  por el diccionario Oxford que la define como lo «relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal».

Ser cristiano en la época de la posverdad

Frente a esta situación, ¿qué tendríamos que hacer los cristianos? Porque la impresión es que ni están ni se les espera. No porque seamos minoría, ni porque seamos menos influyentes que otros grupos. En cierto sentido es más bien al contrario. Lo que nos hace invisibles es nuestro mimetismo. Hay destacados y muy conocidos miembros de la sociedad española que se dicen, y así pueden ser considerados, católicos practicantes. Y son precisamente estos dirigentes españoles quienes practican fervorosamente el más abierto neoliberalismo, al tiempo que llevan décadas lucrándose de la posverdad.

Fotografía en la que aparece un rebaño de ovejas caminando por el campoPero, ¿qué pasa con los cristianos desconocidos, con la gente en general que puebla nuestras parroquias? Pues, evidentemente, hay de todo como en botica. Pero, en general, llama la atención la falta de formación religiosa en todas las generaciones. Y no será por falta de clases de religión –eso sí, de todas las religiones en general en un totum revolutum-. Falta de formación, de la cual no es lo peor la falta de conocimientos, sino sobre todo la falta de vivencias, la ausencia de contexto. Religión que se nutre de un vago sentimiento de pertenencia carente de contenidos y de práctica verdaderamente religiosa. Reuniones que sirven para poco más que para conocer gente. Esto genera un cierto perfil que tiene unas características más políticas que propiamente religiosas. Podría decirse que se trata de un perfil de votante.

Dinero y mentira. Signos de identidad del Maligno

Tentaciones de Jesús. Cuadro de Carl Heinrich Bloch.

¿Cómo debería ser entonces un cristiano en la época de la posverdad? Decíamos que las dos características principales de nuestra época son el valorar todo en función del dinero y la tolerancia con la mentira. Pues bien, esto que resulta tan actual viene ya reflejado con claridad meridiana en un par de textos evangélicos. El primero dice así: “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13; cf. Mt 6,24). Servir al dinero es hacer del Dinero el eje de la vida, de manera que ocupe el lugar reservado a Dios.

El segundo es aquél en el que se llama al diablo “padre de la mentira”, aquél que miente porque le sale de dentro, porque todo en él es mentira (Jn 8,44). Podríamos decir que, para los Evangelios, la Mentira y el Dinero son dos formas de representar el fundamento de todo mal.

Las catequesis

Esto significa que hablar de Cristo dejando las cosas como están o hacer críticas a determinados aspectos de la sociedad o de los hombres y mujeres de hoy sin ir al fondo de la cuestión es traicionar a Cristo y a su Evangelio.

Así sucede, por ejemplo, cuando se reúne a los fieles para una supuesta formación que no pasa de ser, como mucho, terapia de grupo o, directamente, mero proselitismo carente de contenidos. Y así sucede también cuando la moral cristiana viene reducida a todo lo que tiene relación con la sexualidad, mientras otras conductas escandalosamente inmorales cuentan con todas las bendiciones o, al menos, con un silencio más que cómplice.

La honestidad como signo de identidad

Frente a esto y de modo semejante a cómo los paganos distinguían a los primeros cristianos por el amor que se profesaban entre ellos (cf. Hech 4,32-35), los hombres de hoy deberían distinguir a los cristianos básicamente por su honestidad en todos los ámbitos de la vida.

Alguien podrá argumentar que la honestidad no es una virtud teologal y, por consiguiente, no tendría por qué ser una virtud característica del cristiano. Cierto. Más aún, una fe no bien asimilada hace realmente difícil la honestidad, porque la honestidad lleva consigo la fidelidad a los propios principios y difícilmente puede ser fiel a sus principios quien los desconoce.

Insisto, no obstante o precisamente por ello, en que es la honestidad la virtud que debería caracterizar a los cristianos y, de hecho, aquello en lo que hoy en día se reconoce al verdadero cristiano.

Lo que hace de la honestidad una virtud especialmente valiosa en estos momentos es fundamentalmente su ausencia, de ahí que sea tan llamativa. El ser, además, una virtud que no requiere el don de la fe, hace que cualquier hombre pueda reconocerla. Y, sobre todo, es la honestidad la virtud más claramente opuesta a la avaricia y a la mentira. A ambas de manera conjunta. Es lo opuesto al todo vale que impera en nuestra sociedad occidental.

Honestidad como sencillez y transparencia

Al buscar un paradigma de hombre honesto podría pensarse en el verdadero filósofo. Curiosamente y dicho sea de paso, para la mujer, tradicionalmente la honestidad se ha usado como sinónimo de castidad (cf. 1 Tim 3,11). Pero, si tratamos de pensar en una sociedad donde la honestidad sea algo frecuente, entonces podemos imaginar una sociedad tradicional donde todo el mundo sabe quién es quién y donde traicionar la palabra dada sería la peor de las insensateces.

Ser cristiano en la época de la posverdad. Fotografía de una mujer joven que se quita la máscara¿Cuál es el perfil de ese cristiano del que estamos hablando? Los filósofos no abundan y los supervivientes de esa sociedad tradicional que acabamos de mencionar carecen de futuro. Esas personas honestas a las que yo me refiero son gente sencilla, que no se las dan de lo que no son, personas serviciales y agradecidas. Cercanas y sinceras. No son gente importante, con frecuencia no son tampoco gente ilustrada, sin embargo brillan con luz propia y se les reconoce enseguida. Hay muy pocos, cada vez menos, pero no me cabe la menor duda de que en sus manos está el futuro de la Iglesia.

Cristo resucitado es el fundamento de nuestra fe. Noli me tangere. Cuadro de Jerónimo Cósida
Cristo resucitado es el fundamento de nuestra fe

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!

Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo.

Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.

Pues bien, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe». (1 Corintios 15, 1-14)

Cristo resucitado es el fundamento de nuestra fe

Cristo resucitado, fundamento de nuestra fe. Discípulos de Emaús. Cuadro de Jan Wildens

Ante la cruz todo parece venirse abajo. La muerte es el final del suplicio, pero también de toda esperanza. Es el “nosotros esperábamos” de los discípulos de Emaús.

Si Jesús no hubiera resucitado, nuestra fe no tendría ningún sentido. Podría acaso salvarse una forma heroica de ver la vida, una nueva moral muy generosa, pero está claro que no tendría ningún sentido una oración dirigida a Jesús y, por consiguiente, tampoco a María ni a ningún santo.

La dificultad no se salva argumentando que, como Cristo era Dios, continúa vivo. Porque, si bien es cierto que Dios no puede morir, eso haría de la Encarnación una especie de fingimiento no muy distinto del que predicaba el docetismo.

Cristo continúa presente en medio nuestro

El núcleo del cristianismo no es una moral, por muy sublime que ésta sea. Cristo resucitado es el fundamento de nuestra fe. El núcleo del cristianismo es que Cristo continúa presente en medio de nosotros. Con una presencia real en la Eucaristía, pero también de manera espiritual pero no menos verdadera en nuestro interior. Cuando el cristiano ora, no mira hacia fuera, sino que entra en su interior y es allí donde se encuentra con el mismo Cristo. Los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte para que vivamos una Vida Nueva (Rom 6,3-4).

Jesús con María Magdalena. Cuadro de El Marco

Esa Vida Nueva consiste en encontrarse con Jesucristo y dejarle entrar en nuestra vida de modo que forme parte de ella y se convierta en presencia continua. Esto no significa necesariamente pasar el día rezando. Se trata más bien de una compañía constante, algo así como un continuo saber que Cristo está contigo. Cristo resucitado es el fundamento de nuestra fe. El "hallar a Dios en todas las cosas" del que nos habla san Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales. 

Es evidente que vivir de este modo supone una determinada moral, pero poner la obligación moral por encima de la fe no puede ser sino motivo de amargura y no raras veces de soberbia. Por el contrario, la fe lleva a la alegría y a la humildad. A la alegría que nace de la confianza, porque el Amor de Dios no depende de mis méritos. A la humildad, porque uno se va haciendo cada vez más consciente de que con sus propias fuerzas no puede dar ni un solo paso, que cada vez que intentas hacer algo por tu cuenta, no haces sino meter la pata y que todo lo que eres o consigues hacer es un regalo de Dios por medio de Nuestro Señor Jesucristo.

La pasión de Cristo. Cristo en la cruz. Cuadro de Barocci
La pasión de Cristo en el centro de la vida del cristiano

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

(Anónimo español publicado por primera vez en 1628)

LA PASIÓN DE CRISTO EN EL CENTRO DE LA VIDA DEL CRISTIANO

Sentimientos encontrados

La pasión de Cristo nos engancha por la fuerza del Amor hasta el extremo. Al mismo tiempo, las escenas tan duras se nos hacen insoportables hasta el punto de provocar en nosotros un terrible rechazo.

Cristo nos atrae, su amor nos enamora. Pero el sufrimiento nos echa para atrás. Esto sucede especialmente a medida que la experiencia de vida nos va haciendo cada vez más conscientes de que, efectivamente, esto es un “valle de lágrimas”. Por cierto que la cultura actual trata por todos los medios de olvidar el sufrimiento. Mientras tanto, los telediarios se encargan machaconamente de amargarnos la sobremesa.

 

La oración en estos días

Pero entonces, ¿cuál es la oración adecuada en estos días?

Imagen tridimensional de Cristo coronado de espinas. En la foto de la imagen solamente se ve el rostro a modo de busto. El domingo pasado (de Ramos), me estremecí al escuchar la canción que tuvieron la ocurrencia de cantar en misa. “Oh Dios por qué nos has abandonado”.

El canto debió parecerles muy adecuado. La letra es aparentemente muy respetuosa con el salmo 21 (salmo responsorial de la misa). El plural, sin embargo, cambia por completo el sentido que dicho salmo tiene en el contexto del Domingo de Ramos.

En el contexto de la Semana Santa, cantar o rezar el salmo 21 en plural raya en lo blasfemo. Porque la identificación con Jesucristo no pasa por fingir que sus vivencias son nuestras vivencias. Pero, sobre todo, porque la Cruz de Cristo es precisamente el sello de la Alianza de Dios con nosotros. Es justamente la prueba de que ni nos ha abandonado, ni nos abandonará jamás.

Y, por si eso fuera poco, el canto resultó obsceno en el contexto en el que se estaba cantando. Por el lugar y por el momento histórico ¿Acaso tenemos nosotros motivos para sentirnos nada menos que abandonados por Dios cuando no nos falta de nada, al tiempo que nuestro silencio cómplice está impidiendo que otros muchos experimenten por nuestro medio que Dios les ama?

Sentido de la pasión de Cristo

Muchas veces se ha dicho que no debemos quedarnos en los sentimientos. Sin embargo, ante una situación tan dramática, es difícil no quedarse en lo evidente. El terrible sufrimiento físico y espiritual de Jesús. No sólo la muerte en cruz, sino también el abandono de los suyos y, lo que es mucho peor, el aparente fracaso de su misión hasta el extremo de rezar: “Oh, Dios, ¿por qué me has abandonado?”.

El hecho de que sea un salmo no le quita fuerza, sino todo lo contrario. Jesús eligió ese salmo y no otro. Puestos a interpretar, Jesús podía haber rezado así: “aunque pase por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”.

Imagen de una chica joven sentada en el suelo y hecha un ovillo sobre sus piernas dobladasEl cristiano que reza ante la cruz de Cristo se encuentra con esa situación, que es la misma que puede imaginar cualquier persona -creyente o no- con un mínimo de empatía.

Pero entonces, ¿qué encuentra el cristiano cuando medita sobre la pasión de Cristo? La empatía desencarnada puede ser incluso gratificante. No es difícil sentir devoción ante la contemplación de la Pasión de Cristo. Por el contrario, la empatía encarnada produce un intenso malestar –no exento de miedo- que nos lleva a huir e incluso negar a Cristo, no ya ante otros, sino incluso en nuestro interior.

Fotografía de un chico que se tapa la cara con las manos y al que solamente se le ve el pelo y un ojo que aparece muy abierto entre dos de sus dedos. La huida puede tomar la forma de rechazo, pero también existe una forma de huida hacia adelante que es dar la pasión de Cristo por amortizada y pasar directamente a la Resurrección. Esto último es en realidad un paso en falso, porque la Resurrección es algo totalmente Nuevo y no simplemente el final del sufrimiento (especialmente cuando dicho sufrimiento nos lo podemos dosificar nosotros a voluntad).

La cruz como acto redentor

obstáculoEn la espiritualidad cristiana la cruz es al mismo tiempo iluminación y oscuridad. A través de la cruz se nos muestra el rostro de Dios. Pero la cruz es al mismo tiempo un objeto cuyo significado se nos oculta a causa de nuestros prejuicios. Y no es para menos.

luz de CristoLa cruz no puede ser tomada a la ligera, pero lo que nos salva no es el sufrimiento, sino el mismo Dios actuando –de forma misteriosa- a través del sufrimiento de Jesucristo.

El núcleo central de la fe cristiana no está en una genérica fe en un Dios amoroso que nos dice que tenemos que ser buenos. Esto es tan impreciso que prácticamente equivale a no decir nada.

El centro de la vida cristiana es mucho más concreto y consiste en creer que Jesucristo es Dios de una forma misteriosa (Santísima Trinidad) y que se ofreció voluntariamente al Padre para nuestra Redención.

cordero de Dios que quitas el pecado del mundo ten piedad de nosotros. Palabras que aparecen sobre un dibujo de un cordero desangrándoseLa teología católica ha explicado este ofrecimiento con las categorías de sacrificio que encontramos en el Antiguo Testamento. Estas categorías son muy difíciles de asimilar para la mentalidad de hoy. Pero, categorías aparte, lo irrenunciable de nuestra fe es que Cristo murió por nuestros pecados. No solo a causa de nuestros pecados (lo cual es obvio), sino también para liberarnos de nuestros pecados.

Como si presente me hallase

Eso significa ir más allá de lo sentimental a la hora de contemplar a Cristo en la cruz. Ante el sufrimiento injusto y cruel de Jesús uno puede sentir compasión o espanto, pero ninguna de las dos cosas tiene nada que ver con la fe. Son reacciones espontáneas que se pueden fomentar o eludir, pero que no afectan al núcleo más profundo de la persona.

En lo nuclear de la fe está el hacerse presente a ese sufrimiento. Presente de una forma espiritual pero mucho más real que la representación imaginativa de la escena. Es ser parte de la acción, no para tomar el lugar de alguno de los personajes que estuvieron presentes en Jerusalén, sino haciéndome presente en el corazón del propio Cristo que ha muerto “por mi”, en su doble acepción: “por mi causa” y “a favor mío”.

Ése es el centro de nuestra fe, una fe que no consiste en mero asentimiento intelectual sino que, para ser verdad, tiene que hacerse convencimiento profundo y motivador de un cambio real de vida. Bien entendido que dicho cambio de vida rara vez será espectacular: la calidad espiritual suele estar más bien en los detalles.

El amor con el que Dios nos ama

La meditación ante Cristo crucificado es así meditación más bien sobre el amor que Dios nos tiene. “Por mí”. Dios ha hecho esto “por mí”.

¿Lleva esto a pensar que el sufrimiento tiene en la vida cristiana un lugar preponderante? Pienso que no, no al menos como nos lo han podido transmitir algunas veces.

San Pedro. Cuadro de Francisco de Goya
San Pedro (Francisco de Goya)

Ante Cristo crucificado, la conclusión no puede ser otra que un profundo acto de contrición. Si mis pecados -nuestros pecados- tienen tales consecuencias, yo no tengo ningún derecho a tomármelos a la ligera y lo menos que puedo hacer es pedir perdón con toda mi alma. Es precisamente esta contrición la que me libera de mis pecados. No hablo de los pecados pasados, sino de los presentes y de los futuros. Hablo en suma de esa gratitud que nos cambia por dentro: “yo tampoco te condeno, vete y, en adelante, no peques más”.

Esto lleva a un conocimiento interior que no es fruto de la introspección, sino del reconocimiento del amor que Dios me tiene. Esa confianza nos da fuerza para encontrarnos en nuestro interior, no con nuestras miserias (lo cual es insoportable) sino con Él.

Otra imagen de Dios

Ante el escándalo que provoca que Dios haya cuanto menos permitido que su Hijo muriera de forma tan ignominiosa, quiero terminar haciendo una breve reflexión.

No sabemos por qué Dios permite ciertas cosas. En La Ciudad de Dios, San Agustín justifica de forma muy ingeniosa que lo que es malo para unos es bueno para otros. El mal no sería nunca algo absoluto. En este caso, lo malo para Jesús sería bueno para nosotros.

El lavatorio. Cuadro de Tintoreto
El lavatorio (Tintoretto)

Más allá de cualquier modo que tengamos de justificar –o no- la existencia del mal en el mundo, lo que la cruz nos muestra es una forma muy distinta de ser Dios (“el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor”). Ésta es la forma que Dios tiene de responder al eterno deseo humano de “ser como Dios”. Éste -y no otro- es el pecado original. En la Biblia no se habla de manzana, sino de “fruto”.

La cruz debería ser de este modo vacuna antes que escalera, guía que apunta al cielo por el camino de la entrega y el sacrificio, huyendo de todo lo que sea apariencia o autobombo.

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Una santa de nuestros días. Quien lo desee, se puede descargar traducción al portugués en pdf. NO MÊS DE TODOS OS SANTOS UMA SANTA DOS NOSSOS DIAS

¿ Quién era Doña Elvira?

Una santa de nuestros días. Foto de Doña Elvira en la puerta de su casa
Una santa de nuestros días. Doña Elvira en la puerta de su casa el día 7 de marzo de 1997

Una santa de nuestros días.

Doña Elvira Silveira Santana, nacida  en el estado brasileño de Bahía el día 18 de noviembre de 1939. Fallecida en Campo Grande -Mato Grosso do Sul, Brasil-  el día 17 de noviembre de 2015.

Al día siguiente hubiera cumplido 76 años. Yo la conocí  con 20 años menos y es una de las personas que más huella ha dejado en mi vida.

Estaba casada y su marido -que tiene Alzheimer- no para de llorar [1]. El matrimonio tuvo 19 hijos de los cuales 9 murieron en la infancia. En la actualidad tenía 8 tataranietos.

Una santa de nuestros días. Foto de Doña Elvira con su marido, el Sr. Antonio
Doña Elvira con su esposo. Foto cedida por su hija María

Era doña Elvira una persona que nunca se alteraba por nada. Un día le pregunté cómo es que nunca se ponía nerviosa. Ella me respondió: "es que, si me pusiera nerviosa, ya me habría muerto". Tenía un carácter extraordinario y una vitalidad calmada, pero incombustible. Nunca se rendía.

La capilla Madre Paulina

Mapa_Politico_Brazil_1981_CIA (modificado)Estaba la Parroquia Cristo Luz dos Povos dividida en varias "capelas". Las grandes celebraciones tenían lugar en la "matriz" con la cual había un contacto constante, pero las celebraciones dominicales se realizaban en cada "capela" que tenía su propia estructura pastoral. La parroquia abarcaba una zona muy amplia cuyo centro estaba en un barrio residencial habitado por familias de clase media, al tiempo que se adentraba en una de las favelas de Campo Grande. Su proximidad al río hacía especialmente dura la situación de muchas familias que veían sus chabolas inundadas cada vez que llovía un poco más de lo habitual (que, en algunos meses, era un día sí y otro también).

En el lindero de esta favela estaba la Capela Madre Paulina. Por no haber, no había ni templo [2]. Las eucaristías y otras celebraciones litúrgicas tenían lugar en el patio cubierto de la pequeña escuela que el ayuntamiento cedía a la parroquia los domingos.

No había capilla de ladrillos, pero había comunidad. Y había un presidente de la comunidad y una serie de cargos laicales... pero, sobre todo, estaba Doña Elvira.

Una santa de nuestros días

Doña Elvira en el salón de su casaA Doña Elvira, el párroco que había en ese momento la tenía completamente ninguneada. Y Doña Elvira quería ser Ministra de la Eucaristía para llevar la comunión a los enfermos. Pero Doña Elvira no tenía estudios y el párroco seguramente pensó que no tenía la preparación adecuada. El párroco puso a un presidente de la comunidad que sí que tenía estudios, pero que no asistía a las reuniones... salvo que fueran en la matriz y hubiera ocasión de lucimiento.

Y fue entonces cuando yo aprendí que el trabajo por el Reino de Dios es el trabajo que Dios hace cuando todo está en contra y, muy especialmente, cuando nadie lo ve. Y yo aprendí a trabajar por el Reino de Dios poco menos que "en la clandestinidad". No era difícil. La capela Madre Paulina era muy pequeña y muy pobre y el párroco tampoco asistía a nuestras reuniones (sí que celebraba la Eucaristía el domingo que le tocaba, y con mucho fervor, por cierto).

En la comunidad casi nadie tenía teléfono, de modo que, para dar cualquier aviso, había que ir casa por casa.... o pasar un rato en casa de Doña Elvira. Bastaba con estar un par de horas en su casa para ver a todo el mundo.

Mujer de intensa oración

Y, en cuanto había un grupito de gente en su casa, Doña Elvira sacaba el rosario y allí no se libraba nadie. Yo no he visto en ninguna parte rezar el rosario de ese modo. Se creaba un ambiente increíble de oración, era un susurro envolvente en el que Cristo y María debían estar a sus anchas. Impresionante.

Doña Elvira no tenía estudios, pero tenía una vida interior que es muy difícil encontrar en nadie. Y, lo que es más difícil todavía, nunca pedía a los demás lo que ella no estuviera dispuesta a hacer. A decir verdad, ella no pedía nunca nada. Simplemente se ponía en marcha y lo mejor que uno podía hacer era seguirla en el convencimiento de que, donde fuera doña Elvira, allí estaba Cristo.

Una experiencia dramática

Nunca olvidaré la experiencia dramática que nos tocó vivir a ambas. Hacía unos días que había desaparecido una pareja de novios adolescentes. Una semana después aparecieron muertos, prácticamente carbonizados por el intenso calor. Habían tenido un accidente con la moto en una zona muy poco frecuentada. Las familias de los desafortunados jóvenes eran personas poco creyentes y bastante conflictivos. Nadie de la parroquia se atrevió a ir a darles el pésame en el convencimiento de que dicho gesto podría ser considerado como una provocación, que seguramente echarían la culpa a Dios de su desgracia y, de paso, a cualquiera que se atreviera a mencionarlo.

Doña Elvira en su casa levantando un cuadro que representa al Sagrado Corazón de JesúsPues bien, doña Elvira dijo que nuestro deber era ir a llevar a Dios a esa familia en su desgracia y que ella pensaba ir. Y yo me fui con ella a la casa de uno de los chicos. Allí, en un patio bastante grande, habría no menos de cuarenta personas. No recuerdo cómo fue. Solamente recuerdo a toda aquella gente sentada en un gran círculo. No se oía una mosca. Solamente se oía la voz de doña Elvira. Yo no podía dar crédito a mis oídos. Doña Elvira no tenía estudios, pero las palabras que salían de su boca eran las palabras de alguien sumergido en Dios y de alguien sabio. Estoy segura de que aquél día doña Elvira había rezado más de lo acostumbrado y que fue el mismo Cristo quien habló por su boca.

Aunque nadie promueva la causa de su beatificación

Y estoy también segura de que hoy hay en el cielo una nueva santa, una santa de nuestros días. Aunque seguramente nadie promoverá la causa de su beatificación. Lo sabrá Dios, lo sabrá la Virgen -a quien ella tanto amaba- lo sabrá su gran familia y lo sabremos todos aquéllos que tuvimos la enorme suerte de ser sus amigos.

Nuestra santa, una santa de nuestros días

Doña Sebastiana y su marido el señor Júlio

Dña. Sebastiana y su marido, el Sr. Julio
Dña. Sebastiana y su marido, el Sr. Julio

Aprovecho para recordar con mucho cariño a otras dos personas que eran parte muy importante de esa Comunidad y que también han fallecido este año. El matrimonio formado por doña Sebastiana y el Sr. Julio. Siempre estarán en mi corazón y sé que un día nos reencontraremos.

Esquela del Sr. Julio RochaEsquela de Doña Sebastiana José da Silva

 

 

 

Doña Ilda

La última foto que Doña Ilda me envió por whatsapp pocos días antes de morir El Señor se llevó ayer junto a sí a doña Dozailda Lima Madeiros da Silva. Había nacido el 17 de septiembre de 1951. Falleció en Campo Grande-MS- Brasil el 4 de diciembre de 2015, a las 17:10'. Es como si Dios quisiera que aquella pequeña comunidad volviera a reunirse en el Cielo. Pero la comunidad no sería lo mismo sin la inefable sonrisa de doña Ilda. Siempre parecía contenta y era una mujer muy divertida. Y no precisamente porque su vida fuera fácil. Pero ella era la mujer fuerte que hacía fácil lo difícil.

Llevaba varios años viuda y, aunque no tenía hijos, había criado como tal a su sobrino Samuel. Y de algún modo también era un poco madre de todos sus hermanos. De una forma discreta y humilde, pero era más que evidente el respeto que toda su familia le tenía. No tengo duda de que se lo había ganado a pulso.

[1] El Sr. Antônio falleció el día 10 de diciembre de 2016.

[2] Después de mi marcha, la situación ha cambiado mucho. Canalizaron el río, urbanizaron la zona y construyeron una preciosa capilla.

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Si la sal se vuelve sosa...

No voy a hablar de porcentajes de asistencia dominical a los cultos de las diferentes confesiones cristianas. Ya hay otros que se ocupan de esto, aunque sea para anunciar el fin del mundo.

Tampoco voy a entrar en las intenciones ni en las convicciones de los fundadores de la Unión Europea. Eso ya lo han hecho otros también.

La reflexión que yo querría hacer en este momento se refiere a dos cuestiones:

  1. A la Europa que efectivamente hemos construido.
  2. A que, más allá de que esta Europa se declare cristiana o laica -aunque no habremos de esperar mucho para que de facto termine siendo musulmana- los católicos guardan en ella un silencio que es necesario calificar de cómplice.

La Europa que hemos construido

Mapa de la Unión europeaLa idea de una Europa unida surgió poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial. La intención fue que nunca más volviera a suceder nada parecido.

En sucesivos pasos la unión económica se fue consolidando y anexionando nuevos países.

Tenemos unas instituciones supranacionales, una moneda común, un mercado común y unos derechos como ciudadanos (aquí un breve resumen).

El Estado del bienestar

Dibujo en el que aparece un rico (gordo y tomando un aperitivo) sentado encima de un pobre (muy delgado y a cuatro patas). Detrás del rico otro hombre mide la distancia entre ambos y dice: "Interesante... la distancia entre ricos y pobres es más pequeña que lo que creíamos..."Todo el mundo parece estar de acuerdo en que la característica común de esta asociación de países que es la Unión Europea, es el llamado "Estado del bienestar" cuyo modelo, por cierto, no es único.

El Estado del bienestar significa básicamente que el Estado proporciona a sus miembros una cobertura social. Sanidad, educación, pensiones, subsidio de desempleo... corren por cuenta del Estado. Esto requiere una recaudación fiscal importante. Por ello, el fraude fiscal o una fiscalidad regresiva pone en grave riesgo dicho Estado de bienestar.

Por otra parte, es evidente que, para que en un país pueda llevarse a cabo un Estado de bienestar, es necesaria una cierta prosperidad. Sin prosperidad ni se podrían recaudar los impuestos necesarios, ni se podría atender a todas las necesidades.

Coto cerrado e insaciable

Aquí es donde la cosa se complica. Porque hoy en día nadie puede honestamente negar que la prosperidad de la que gozamos en Europa -a pesar de la crisis- es imposible de exportar al mundo entero.

Gráfico que representa el crecimiento del PIBEsta prosperidad requiere de un crecimiento constante, crecimiento que depende básicamente de un consumo creciente.

Entiendo que todas estas cosas son tan sabidas que parece superfluo mencionarlas. Y tampoco es éste el lugar -ni soy yo la persona indicada- para dar a nadie lecciones de economía. Intento únicamente recordar algunas cosas que nos pongan en situación.

La Europa en la que nos hemos convertido

No sé si alguna vez habrá existido esa Europa idílica de la que algunos hablan. En el siglo pasado, los antecedentes son dos guerras europeas que -más o menos justificadamente- fueron consideradas "mundiales". Tampoco voy a entrar en un debate histórico que está fuera de lugar para nuestro propósito.

O, tal vez, la Europa que siempre fuimos...

En el siglo XIX los pueblos europeos casi sin excepción dieron buena muestra de su carácter depredador. La colonización de África por parte de gran parte de los países europeos -de manera especial Inglaterra y Francia- fue un abuso de consecuencias dramáticas cuyo horizonte a día hoy es impredecible. El África que hoy conocemos o, mejor dicho, desconocemos, es en gran medida consecuencia de aquello.

Podríamos continuar nuestra historia marcha atrás en el tiempo. Nos encontraríamos con actuaciones aún menos edificantes. Algunas de ellas lo bastante complejas como para que no se puedan despachar en un par de párrafos.

El ombligo del mundo

Baste lo que hemos dicho para afirmar que no cabe duda de que aquellos polvos trajeron estos lodos. Empezando por creernos que el mundo era nuestro. Continuando por creernos que el mundo directamente éramos nosotros. Y terminando por el holocausto cuyas consecuencias no hemos empezado todavía a pagar. No hace falta ser analista político para darse cuenta de que gran parte de lo que está sucediendo ahora es consecuencia de aquello. Y esto no ha hecho más que empezar.

Una fortaleza sin valores y sin compasión

Si la sal se vuelve sosa. Foto de concertinas
concertinas

Basta con ver el telediario -cualquier día, a cualquier hora y en cualquier canal- para ver cómo se están construyendo por doquier muros -e incluso alambradas con concertinas- para impedir el paso a miles de refugiados y de inmigrantes.

Aún así, continúan y continuarán llegando... y continúan y continuarán muriendo en el Mediterráneo. Y nosotros continuamos con la absurda pretensión de ponerle puertas al campo.

En el caso de los subsaharianos podría entenderse por nuestra total ignorancia de lo que sucede en África. Ignorancia culpable y bochornosa, sobre todo porque se trata de un silencio casi impenetrable. Pero ahora, en el caso de los iraquíes y más especialmente de los sirios, no es ignorancia sino rechazo.

Quienes les llaman "goteras" o "plaga" están dejando muy clara la imagen que tienen de Europa. Esto me recuerda un pasaje de la Escritura que dice así: "No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto" (Exodo 22,20). Forasteros fuimos nosotros, concretamente los españoles, en medio mundo. ¿Ya se nos ha olvidado? ¿Acaso eran "goteras" nuestros compatriotas cuando fueron por ejemplo a Argentina huyendo de la miseria o de la guerra?

Foto de un muro de ladrilloHace unos días salió publicado un artículo con el título siguiente: "Europa se ha convertido en una fortaleza sin valores y sin compasión". Más allá del contenido del artículo, me quedo con este titular.

Lo que se nos viene encima y sus causas

Hoy en día prima lo "políticamente correcto". Y lo políticamente correcto es culpar a la mano ejecutora, el último eslabón de la cadena. Mientras, los verdaderos culpables no sólo se van de rositas, sino que frecuentemente pasan por grandes benefactores.

Foto de Damasco (Siria). La foto es anterior a la guerra.
Damasco (Siria)

En este caso, lo políticamente correcto es poner en el punto de mira a los terroristas. Al mismo tiempo se habla de la guerra siria como una guerra civil al uso. Y nadie habla de los refugiados iraquíes. Tampoco se habla ya de Líbano. Solamente se menciona a los palestinos y de refilón.

La supuesta lucha contra el terrorismo

Foto de la Catedral marionita en Beirut (Líbano)
Catedral marionita - Beirut (Líbano)

Ya nadie recuerda que Líbano era un país occidentalizado, próspero y mayoritariamente cristiano. Tampoco recuerda nadie cómo los palestinos, azuzados desde el sur por Israel, buscaron refugio en el Líbano. Hasta allí fue a buscarlos el ejército de Israel. De este modo -y con el pretexto de luchar contra el terrorismo de Hezbolá- comenzó una guerra que ha destruido Líbano y que no lleva camino de terminar.

Foto de niño palestino tirando piedras a un tanque israelí
Niño palestino enfrenta a tanque israelí

Aclaro que, cuando hablo de pretexto, no estoy poniendo en duda la existencia del terrorismo. Lo que digo es que, combatir al terrorismo con un moderno ejército es la mejor manera de asegurar en las víctimas de hoy los terroristas de mañana.

Imagen de la gran cruz de Isabel la Católica
Gran cruz de Isabel la Católica

Y ¿qué decir de Irak? Los iraquíes tenían por gobernante un sátrapa cruel que, además, estaba masacrando al pueblo kurdo que habitaba el norte del país. Pero este hombre tenía unas excelentes relaciones con occidente (en España le premiaron incluso con la Gran Cruz de Isabel la Católica en 1974). La guerra contra Irak fue una invasión basada en una mentira que nadie se creyó en su momento y que los hechos confirmaron después.

Un analista político seguro que podría añadir muchas más cosas. Yo -que no lo soy- me quedo con el resumen de unas pocas cosas que son muy claras. El tandem Israel-Estados Unidos tiene un extraordinario interés en desestabilizar la zona en beneficio de Israel. Europa, por su parte, tiene intereses económicos muy importantes en Oriente Medio. Alemania tiene, además, grabado a fuego el holocausto (en la teología alemana es un leiv motiv). Así es que el silencio vergonzante, cuando no la colaboración (aunque discreta) están garantizados.

Los refugiados, víctimas por partida doble

¿Qué pasará en el futuro? Frente a los refugiados, el miedo a corto plazo está totalmente injustificado y es indecente usarlo como argumento. Decir que se pueden infiltrar terroristas -como se está diciendo en algunas localidades alemanas- es una infamia. Es cierto que los terroristas se pueden infiltrar en cualquier parte... por ejemplo entre los turistas que vienen en clase business. Más aún, cualquiera de nuestros vecinos puede ser un terrorista.

Los refugiados son gentes como nosotros que lo que quieren es vivir en paz. Por cierto, que muchos de ellos tienen estudios y las universidades alemanas ya están planteándose un sistema de becas para los refugiados. Una medida generosa e inteligente.

Sería, no obstante, ingenuo pensar que una llegada masiva de inmigrantes musulmanes a Europa no tendrá consecuencias a largo plazo. Baste recordar, recientemente, la guerra de los Balcanes. En el mundo occidental hablamos de "sociedad plural" para referirnos a lo que no pasan de ser diferencias de opinión o de ideología. Manejar una sociedad realmente plural puede llegar a ser la cuadratura del círculo. Pero es lo que hay y lo que nos hemos buscado.

Silencio cómplice de la Iglesia... si la sal se vuelve sosa...

En todos estos asuntos, la sociedad europea ha sido muy cobarde. Todos.

Los periodistas están en medio de la noticia. Algunos micrófono en mano esperando junto a las concertinas la llegada de los refugiados. Corriendo delante de ellos para no perderse la improvisada entrevista. Pero falta un análisis crítico de las noticias y, sobre todo, de sus causas.

Mientras, los debates políticos se centran en cuestiones locales repetidas hasta el hastío, especialmente en época de elecciones. Se nos hurta una visión global e internacional de la situaciones

Los gobiernos solamente han visto en el hecho un peligro para los planes de recuperación de sus propios países. Por su parte la oposición mide sus palabras (algunas denuncias podrían restarles votos). Por cierto, la única voz que se escucha es la de Angela Merkel, para gran disgusto de los alemanes y exponiéndose incluso a un batacazo electoral. En estos detalles está la diferencia entre un estadista y un cantamañanas.

El silencio de la Iglesia

Oír, ver y callar. Figuras hechas en la arenaY, en medio de todo esto, el silencio de la Iglesia (más allá del padre Ángel).

Puede que este silencio no llame la atención... pero ése sería el peor de los síntomas pues significaría que, ni está ni se la espera.

Una visita para canonizar a cinco beatos españoles y para bendecir a un presidente de gobierno

En marzo de 2003 comenzaba la guerra de Irak. Juan Pablo II se manifestó  - de forma muy tibia- contrario a la guerra y, en mayo de ese mismo año, visitaba España para la canonización de varios santos. Ni una mención a la guerra y, además, mostró como modelo de familia cristiana al dirigente político que había hecho de la guerra su bandera.

El papa Francisco

El primer viaje de Francisco I como Papa fue a Lampedusa en un gesto simbólico inédito. Pero, más allá del gesto simbólico, de la enérgica denuncia allí realizada, y del generoso ofrecimiento hecho en Roma un par de meses después, ¿por qué no se oye ahora su voz?

Y, ¿qué decir de los obispos españoles? Llevan en shock traumático desde marzo de 2013.

El Papa publicó recientemente una encíclica que ha causado un sordo revuelo en círculos católicos. En ella se deja muy claro el círculo vicioso que transforma el consumismo en explotación de la naturaleza y exclusión de los pobres (simultáneamente y por efecto de la misma causa). En dicha encíclica se dice claramente: "Es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones" (Laudato si, n. 57).

Es muy importante una afirmación así venida de la jerarquía de la Iglesia. Pero se habla de la guerra como genérico y en futuro. A modo de advertencia. No se denuncia ninguna guerra concreta y, lo que es peor, se apunta al aire dejando que el lector poco avispado pueda fijar su atención en la dirección equivocada. Aunque las "nobles reivindicaciones" nos dejan leer entre líneas la auténtica dirección en la que van los tiros (literalmente).

Los obispos españoles

Mientras tanto, los obispos haciendo política interior, al menos en España. Saliendo a la calle cuando gobiernan "los otros". Guardando el más absoluto de los silencios cuando gobiernan aquéllos que se dicen católicos. No ejerciendo de pastores ni con los unos ni con los otros. Limitándose a negociar cuestiones económicas o endosando al Estado la tarea catequética que ellos son incapaces de llevar a cabo. Si la sal se vuelve sosa...

En el año 2003 los obispos españoles, en contra incluso de lo que había dicho el Papa -entre dientes, pero lo dijo- apoyaron al presidente que nos metió en una guerra en contra de la voluntad de los españoles y en contra de un país con el que siempre habíamos tenido buenas relaciones. El presidente era católico practicante, pero ningún obispo usó esa ventaja para interceder. Si la sal se vuelve sosa...

Los obispos hablan mucho del divorcio, del aborto, del matrimonio entre homosexuales, etc. Pero todavía no he oído a ningún obispo hablar de las causas actuales del sufrimiento humano. Paro, inmigración, violencia machista, ¡corrupción! Parece que nada de esto va con ellos. Si la sal se vuelve sosa...

Los medios de comunicación

En los medios de comunicación están apareciendo algunas voces para decir que no nos podemos quedar en la compasión hacia las víctimas del hambre o de las guerras, sino que tenemos que denunciar las causas que han provocado -y continúan provocando- esta situación.

Aunque esta lucidez se debe sobre todo al miedo por las consecuencias que esta invasión pacífica pueda tener sobre nuestro bienestar, es forzoso reconocer que es cierto. Más allá de la solidaridad con las víctimas, es necesario ir a las causas. Pero no de la forma que irónicamente sugería Maruenda esta mañana. Ciertamente no. Enviar tropas para "pacificar" una zona, es como apagar un fuego con gasolina. A lo mejor bastaría con no venderles armas. O con presionar a los pirómanos bomberos para que dejen de agitar el avispero con pretextos que no convencen a nadie.

Por cierto, que el medio de comunicación menos sensible con estos temas es... ¿A que no lo adivinan? Si la sal se vuelve sosa...

Como ovejas sin pastor

Y, ¿qué tiene que ver esto con los obispos? Pues mucho. Hoy, festividad de san Agustín, podríamos recordar muchas de sus homilías (y las homilías de muchos otros obispos de la antigüedad) donde lo doctrinal no estaba reñido -sino todo lo contrario- con los tirones de orejas bien concretos a los fieles a ellos encomendados.

Especialmente en las cuestiones que perjudican a otros. En nuestros días, sería muy de desear -por ejemplo- que algún obispo levantase la voz contra la corrupción que no es otra cosa que robarnos a todos, lo que perjudica de forma especial a los pobres. Me imagino a cualquiera de aquellos Padres de la Iglesia. No hubieran guardado silencio. Tampoco hubieran hecho un tratado sobre la corrupción. Los tratados los hacían sobre las verdades de la fe o sobre las herejías que surgían generalmente apoyadas por intereses políticos. Pero en sus homilías se despachaban a gusto. Y se les entendía de maravilla. De modo que, en un ambiente cosmopolita, pagano y con grandes luchas en el interior de la Iglesia (no imaginemos una situación cómoda), las iglesias se les llenaban a rebosar. Pero, ya se sabe, si la sal se vuelve sosa...

Talentos enterrados

La Iglesia tiene una enorme ventaja sobre los dirigentes políticos: no dependen de las urnas. Echamos de menos la denuncia profética de las situaciones de injusticia que se dan en el mundo. Ojo. Denuncias dirigidas a quienes pueden poner remedio (cada uno en el lugar que está). Sin demagogias y sin generalidades.

Y sin confundir la misión de la Iglesia que es doctrinal, pero no al margen de la realidad. Ambas cosas están unidas. De hecho hoy en día hay una notable dejación doctrinal. En contra de lo que alguno pudiera pensar, ello no lleva aparejado un mayor interés por la vida de la gente. Todo lo contrario. Hoy en día en la Iglesia no se escuchan -o se leen- más que generalidades (si la sal se vuelve sosa...). Una verborrea vacía, una cuidada ambigüedad, un buenismo totalmente falto de concreción.

Si la sal se vuelve sosa... el futuro de la Iglesia

Y, por cierto, ahora que tanto se reza para que Dios envíe vocaciones y que tantos esfuerzos se hacen para la realización de pastorales vocacionales y que tanto se habla de nuevas formas de vida consagrada... se me ocurre recordar el surgimiento de algunas congregaciones religiosas anteriores al siglo XIX (siglo en el que la decadencia ya era patente).

Visión de san Pedro Nolasco. Cuadro de Zurbarán
Visión de san Pedro Nolasco

A modo de ejemplo y por lo llamativo de su misión, se me ocurre mencionar la orden de la Merced. Es curioso ver cómo en la página oficial de la orden se "dulcifican" sus orígenes, haciéndolos tan generales que ya nada parece diferenciarlos de otras congregaciones. Si la sal se vuelve sosa...

Con este ejemplo no estoy sugiriendo una forma concreta de vida religiosa. Lo que intento explicar es que la fe no nos aleja de la vida, sino todo lo contrario. Y con esto no estoy -ni mucho menos- poniendo en cuestión la vida contemplativa.

Lo que digo es que la Iglesia no tendrá ningún futuro mientras continúe centrada en su propia supervivencia. Los grandes hombres y mujeres que hicieron grande a la Iglesia lo fueron porque estaban llenos de Dios por dentro y de generosidad hacia fuera.

"Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente" (Mt 5,13)

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Muchas veces se ha dicho que la fe es creer en lo que no se ve. Fe sería también creer en el testimonio de otros, pero ¿es eso la fe? ¿Qué es la fe?

Es cierto que la fe incluye estas cosas y algunas más, pero la fe es mucho más que eso.

Una mirada nueva

¿Qué es la fe? Foto en la que se aprecian unos postes de la luz reflejados en el agua

La fe nos da una mirada nueva y, en ese sentido, el que cree ve más allá de las evidencias. Quien cree por el testimonio de otros, efectivamente cree cosas que no ve. Pero, si se trata únicamente de eso, lo que tenemos entonces es credulidad, no fe.

El cristianismo es una fe histórica, por ello, creer por el testimonio de otros puede que sea comienzo necesario. Pero la fe es mucho más que eso. Los ojos de la fe ven más allá de lo evidente a simple vista. La fe es luz que penetra las sombras.

En continuo discernimiento

Es cierto que el creyente camina muchas veces a tientas. Pero es el camino lo que está a oscuras. La fe es entonces linterna en medio de las tinieblas de la vida. En su caminar, el cristiano precisa buscar y hallar la voluntad de Dios sobre él o ella. Eso, contra lo que suele pensarse, dista mucho de ser un camino trillado. El cristiano no es alguien que va de forma gregaria sin más preocupación que no separarse del rebaño. La fe exige continuamente decisiones personales e intransferibles. Por ello la oración es imprescindible a la fe.

¿Qué es la fe?

Dibujo de libro con un candado abierto, pero no quitado

En la Carta a los Hebreos leemos: "La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven" (Heb 11,1). Esto no es sin más identificable con creer lo que uno no ve. En la vida -todavía más en la situación actual donde predomina el cientificismo- todos nosotros creemos muchísimas cosas porque nos fiamos de lo que leemos y de lo que escuchamos y porque, además, la información que recibimos al día es tan abrumadora y tan especializada, que no podemos siquiera plantearnos contrastarla. ¿Tendría sentido hablar aquí de fe? Obviamente no.

¿Qué es la fe? Es "garantía de lo que se espera" y "prueba" de lo que no se ve No nos limitamos a creer lo que nos dicen, sino que lo reconocemos como verdadero porque ya se encuentra en nuestro interior. Esto es lo que la Iglesia llama sensus fidei.

La fe lleva y nace del amor

¿Qué es la fe? Fotografía de unas escaleras que discurren por lo que parece un parque

Por otra parte, hoy en día muchos identifican la fe cristiana con una ética.

Es cierto que la fe sin obras es una fe muerta (Santiago 2,17), pero la fe no es una ética pues, ni los cristianos somos mejores que los demás, ni las personas buenas y entregadas pueden ser consideradas cristianos anónimos como pretendió hace algunos años un teólogo católico de forma a mi entender muy poco afortunada.

En el Nuevo Testamento, y muy especialmente en los evangelios, encontramos una ética muy exigente. En realidad, frente a la "obligación" que lleva consigo toda ética, la ética evangélica es tan exigente que sólo puede nacer de la libertad que da el amor.

Arboleda muy espesa y atravesada de forma tenue por los rayos del sol

Amor y fe son de este modo inseparables. La fe no es creer determinadas verdades, sino que es creer que Cristo vive en mí (Gal 2,20). Esta fe lleva y nace del amor (amor a Cristo vivo y vivificante). Esta fe y este amor iluminan la realidad haciéndola de esta forma nueva.

La fe y el amor se alimentan por medio de la esperanza

Nido con dos polluelos y un pájaro adulto

A su vez esta fe y este amor siempre en camino se alimentan por medio de la esperanza que muchas veces se ha identificado equivocadamente con un "premio" que estaríamos esperando los cristianos convirtiéndonos de este modo en mercenarios, gentes mezquinas que estarían contabilizando sus buenas acciones en espera de recompensa. La falta de fe hace así flaquear la esperanza y olvidar el amor, convirtiendo de este modo la moral en carga pesada y la práctica cristiana en amargura. Por el contrario, Jesús dice: "mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mateo 11,30).

La esperanza es alimento de esa fe y de ese amor capaz de ver a Dios en todas las cosas y a todas en Él. La esperanza es el anhelo tan bien expresado por san Agustín en la oración con la que comienza su libro de las Confesiones: "... porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en ti" (Conf 1,1).